La apropiación del conocimiento
El concepto de «bienes comunes» (BC) remite a todos aquellos recursos ofrecidos por la naturaleza que tienen un uso compartido por la humanidad: bosques, ríos, montes, etcétera. Los «bienes comunes del conocimiento» (BCC), en cambio, están relacionados con la información, los datos, las ideas, la cultura o los pensamientos generados por la humanidad. Durante siglos la apropiación de los BC en bienes privados se asoció a la imagen de cercas levantadas en los pastos comunales de la Inglaterra del siglo XVI. En pleno siglo XXI, el cercamiento sigue existiendo, pero ha mutado de la tierra al algoritmo y de lo tangible a lo líquido. Hoy se manifiesta con igual contundencia en la mercantilización de los servicios, el control de las infraestructuras digitales y/o la concentración de datos en manos de grandes multinacionales tecnológicas. La privatización de los BCC no es solo un negocio, sino un acto de despojo, una usurpación que nos arrebata las herramientas con las que comprendemos el pasado y forjamos el futuro.
[–>[–>[–>Durante años se pensó que Internet lograría democratizar el acceso al conocimiento; nació como un espacio de libre intercambio, impulsando una circulación enorme de contenidos, pero su evolución ha derivado en nuevos métodos de control, manipulación, spam, vigilancia algorítmica y concentración tecnológica. Además, las páginas web son efímeras, los recursos digitales desaparecen, las bases de datos se vuelven inaccesibles y la visibilidad de la información depende fundamentalmente de las grandes plataformas privadas, dispuestas incluso a propagar desinformación.
[–> [–>[–>Las universidades y centros de investigación han sido fuentes directas de conocimiento y producción científica que generaban, difundían y conservaban; sin embargo, con el tiempo han ido cediendo ese terreno a empresa editoriales o tecnológicas privadas, que comenzaron ofreciendo un acceso fácil para después consolidar un modelo de negocio cada vez más restrictivo. Hoy en día una parte importante de esa producción científica está cercada mediante el acceso por pagos, lo que supone una situación paradójica: se financian mayoritariamente con recursos públicos, pero sus resultados terminan controlados por intereses privados, de modo que la sociedad paga dos veces; primero por producir conocimiento y después por acceder a él. En disciplinas como la Sociología, el problema del cercamiento de la información se percibe con especial claridad y dureza, especialmente porque la investigación cuantitativa depende de estadísticas, registros y bases de datos. Con frecuencia los sociólogos/as nos encontramos con dificultades para obtener la información necesaria para poder analizar un fenómeno o un hecho social, incluso cuando se solicitan datos de forma desagregada o anonimizada. Las dificultades no vienen solamente de las empresas privadas, sino también de las propias administraciones públicas. En demasiadas ocasiones se frena la entrega de información alegando incluso a la «Ley de Protección de Datos Personales y garantía de los derechos digitales». Esa interpretación de la Ley así es inadecuada ya que los datos desagregados o anonimizados no permiten la identificación, ni vulneran el derecho a la privacidad de nadie. Se puede pensar que lo hacen por prudencia, pero también podría ser por opacidad institucional. Aunque el verdadero problema radica en que la información, a veces, se encuentra externalizada y alojada en sistemas informáticos ajenos a las propias administraciones. Esa dependencia tecnológica les resta capacidad de gestión y les lleva a negar sistemáticamente el acceso a los datos imprescindibles para analizar un problema social.
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Llegados a este punto, conviene recordar que el cercamiento del conocimiento no es solo un asunto técnico, sino también una cuestión social y política. Cuando se restringe el acceso a la información, se limita al mismo tiempo la capacidad de comprender y transformar la realidad social. Por eso es conveniente mirar a quién beneficia el cercamiento, porque la cuestión no es negar el papel de las nuevas tecnologías de la información y comunicación; se trata de reconocer que el conocimiento es un bien común que nos pertenece a todos y a todas, y cuando se convierte en una mercancía exclusiva se limitan los derechos de ciudadanía. Recuperar los BCC implica defender que lo producido colectivamente debe revertir en beneficio de la sociedad en su conjunto. Ahora bien, la realidad actual parece ir en otro camino: nuestro acceso a Internet se realiza a través de plataformas privadas que ordenan, filtran y jerarquizan la información de acuerdo a sus propios intereses. En definitiva, quien controla la información y el conocimiento, controla la sociedad.
[–>[–>[–>Si antes se cercaban los recursos naturales, ahora le toca al conocimiento. Para los sociólogos/as no se trata de un debate teórico, sino de una cuestión meramente práctica. Y la pregunta, en el fondo, continúa siendo la misma: ¿Queremos una sociedad donde el conocimiento sea un privilegio o una sociedad donde siga siendo un bien compartido? De la respuesta no depende solo el futuro de la ciencia, sino el tipo de democracia que estemos dispuestos/as a mantener.
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