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La Biblioteca Gabriel García Márquez, el Mercat de Santa Caterina y otras arquitecturas que hacen única a Barcelona | El Viajero

La Biblioteca Gabriel García Márquez, el Mercat de Santa Caterina y otras arquitecturas que hacen única a Barcelona | El Viajero
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  • Publishedenero 10, 2026



La Unesco y la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) han nombrado Barcelona como World Capital of Architecture para el año 2026, una capitalidad que se otorga cada tres años a la ciudad que acoge el Congreso Mundial de Arquitectos de la UIA, y también una invitación a conocer la arquitectura del lugar no solo a profesionales, sino a toda la ciudadanía. Entre febrero y diciembre se prevén más de 1.500 actividades (exposiciones, talleres, rutas arquitectónicas, instalaciones, conferencias…) en los 10 distritos de la capital catalana, y entre el 28 de junio y el 2 de julio se celebrará el congreso de la UIA, clave para debatir los grandes retos del urbanismo contemporáneo: cambio climático, vivienda, sostenibilidad o densidad urbana.

Desde 1992, Barcelona ha buscado en sus procesos urbanos actuaciones de actividad colectiva siguiendo un modelo único en España. La descentralización que propulsó (con la complicidad, primero, de Narcís Serra y, después, de Pasqual Maragall) el arquitecto Oriol Bohigas Guardiola, delegado de Urbanismo del Ayuntamiento de Barcelona entre 1980 y 1984, generó en cada barrio bibliotecas, centros cívicos, mercados, parques… La inversión diversificada en busca de la calidad de vida. En su libro Barcelona supermodelo (2016), Alessandro Scarnato narraba con tono crítico pero amigable “la transformación de un decadente puerto del Mediterráneo en una metrópoli de la contemporaneidad, auspiciada por una socialdemocracia probablemente hoy desaparecida”.

Aprovechando esta coyuntura, visitamos varios edificios icónicos y nuevos proyectos que ponen de manifiesto la buena salud arquitectónica de Barcelona, una ciudad tradicionalmente abierta a la vanguardia y a la amabilidad urbanística.

1. Biblioteca Gabriel García Márquez (Plaça Carmen Balcells Segalà, 1)

La complicidad con el vecino define la biblioteca Gabriel García Márquez, considerada la mejor del mundo en 2023 y resultado de un concurso ganado en 2015 por Suma Arquitectura, estudio dirigido por Elena Orte y Guillermo Sevillano. Situada en el distrito de Sant Martí, es la tercera biblioteca más grande de Barcelona y es tan requerida que tiene su propio merchandising (tazas, tote bags…). Rinde homenaje al inolvidable autor colombiano, que habitó en la ciudad de 1967 a 1975: “De modo que llegué a Barcelona en el otoño de 1967, con toda mi familia y con el ánimo de quedarme ocho meses que me sobraban de una novela, y me quedé siete años. Más aún: de algún modo difícil de explicar, todavía no me he ido por completo, ni creo que me vaya nunca”, escribió en una columna publicada en EL PAÍS el 13 de enero de 1982. Se fue para volver a México, pero siempre recordaría los años de Barcelona. “Era una ciudad donde uno podía respirar”, dijo. También se respira en este característico chaflán en el que se sitúa la biblioteca, cediendo parte del espacio a una plaza protegida. Un diálogo social y urbano a partir de una estructura de madera que ayuda a reducir la huella de emisiones de carbono.

Las fachadas emulan pliegues de hojas de origami y estantes de libros, además de generar una cubierta ventilada que facilita el control térmico. En el interior, su vacío central es un gran contenedor de luz natural, activador visual y programático de los espacios, flujos y conexiones de sus visitantes, en su gran mayoría vecinos del barrio encantados de sentarse a leer en sillas, sillones y, en el caso de los niños, en el Escenari del sentits, un suelo debidamente acondicionado en la misma planta en la que se encuentra el fondo del historietista Francisco Ibáñez.

La combinación de la estructura de madera con elementos de acero permite acogedores espacios que hacen de la estancia una atrayente manera de relacionarse con los libros. No en vano, a la entrada se recuerda esta cita de García Márquez: “Al final, la literatura no es más que carpintería. Con ambas trabajas con la realidad, que es un material tan duro como la madera”.

2. Sala Beckett (Carrer de Pere IV, 228-232)

La premiada rehabilitación llevada a cabo entre 2011 y 2017 por los arquitectos Ricardo Flores y Eva Prats propició la recuperación de la antigua Cooperativa obrera Pau i Justícia, construida en 1924. El proyecto formó parte del programa Fàbriques de la Creació, impulsado por el entonces director de Arquitectura Urbana y Patrimonio del Ayuntamiento, Marc Aureli Santos. Consolidado como un punto de referencia para la gente del teatro, la Sala Beckett ofrece formación, dramaturgia, encuentros y espectáculos, fortaleciendo la escena contemporánea catalana, además de contar con una cafetería que no puede ser más hospitalaria.

Este era un edificio con gran valor social y simbólico para el barrio de Poblenou, pues albergaba almacenes, escuela y sala de actos, y había sido punto de encuentro comunitario. La pareja de arquitectos planteó una intervención muy respetuosa con la memoria del edificio: en lugar de borrar el pasado, reutilizaron muchos de los elementos originales (ventanas, puertas, azulejos, elementos decorativos) y los integraron en la nueva configuración del espacio. La filosofía de Flores y Prats fue la de “llevar la ruina hacia adelante”. Cada ventana, cenefa o detalle recuperado se documentó para poder reutilizarlo, lo que refuerza el carácter artesanal y con memoria del proyecto. Además de las dos salas de teatro, de aulas y de oficinas, el bar / cafetería abierto al barrio dota a la Sala Beckett de un uso social cordialmente “doméstico”. La reforma recibió el Premio Ciutat de Barcelona de Arquitectura de 2017 por su calidad, y ha sido homenajeada tanto en la Bienal de Venecia como en encuentros profesionales sobre arquitectura por todo el mundo.

3. Edificio Trade (Gran Via de Carles III, 94)

En el maravilloso documental de Poldo Pomés, Recordando a Coderch (2014), se desgrana muy bien la ambición perfeccionista de José Antonio Coderch y de Sentmenat (1913-1984), uno de los arquitectos más determinantes y singulares del siglo XX en la geografía española. Él proyectaba de noche, en soledad, y a menudo en la cama. Más tarde de lo que había prometido aparecía por el despacho con un papel emborronado y gritaba: “¡Sanz, ya lo tengo!”, para alivio de su mano derecha, Jesús Sanz, el hombre que durante 40 años le corregía los croquis y la única persona en el mundo capaz de interpretar lo que allí había proyectado.

Coderch, como el buen genio que era, nunca estaba contento. Era minucioso, exigente, indomable. Es autor de obras geniales, como la Casa Ugalde (en la localidad barcelonesa de Caldes d’Estrac) y la impecable Casa de la Barceloneta, pero elegimos el edificio Trade porque su conjunto de torres curvas rompe con la rigidez de los bloques de oficinas tradicionales, ofreciendo una estética dinámica y orgánica (tan conseguida que, a veces, parece el jarrón Savoy de Alvar Aalto inspirado en las formas orgánicas de lagos de Finlandia), y porque, como dice en el citado documental Emili Donato, “tiene 50 años y es el mejor y más bello conjunto de la modernidad arquitectónica de Barcelona, y lo será en los próximos 50”.

Construido entre 1966 y 1969 en la zona de la avenida Diagonal, su importancia radica en la interpretación personal que Coderch hizo del movimiento moderno. Fue amigo del arquitecto Gio Ponti, y a su despacho vino de visita Richard Neutra. Admiraba a Marcel Duchamp y a Walter Gropius. Fue creador de objetos decisivos como la chimenea Polo y, por supuesto, su eterna lámpara Disa, conocida como “la calabaza”. Envió una a Pablo Picasso, que le contestó desde Mougins por medio de una postal en la que aparecía el dibujo de la lámpara y su firma.

4. Mercat de Santa Caterina (Avinguda de Francesc Cambó, 16)

Enric Miralles (1955-2000) fue el arquitecto más brillante de su generación. William Curtis hablaba de él como de un arquitecto abierto a la experimentación vanguardista procedente del extranjero, pero que reaccionaba al impulso interno de la arquitectura moderna española. Bajo ese impulso creó obras determinantes junto a Carme Pinós, como el cementerio de Igualada, entre 1985 y 1992. Junto a Benedetta Tagliabue proyectó el edifico del Parlamento de Escocia en Edimburgo y también emprendió la reforma de este mercado inaugurado en mayo de 2005, uno de los ejemplos más destacados de cómo la arquitectura contemporánea puede dialogar con la historia urbana de una capital. Situado en el barrio de Sant Pere, el proyecto transformó un mercado del siglo XIX en un espacio burbujeante, funcional e integrado en su contexto social. Su elemento más reconocido es la cubierta ondulante de colores cerámicos, obra del artista y ceramista Toni Cumella, inspirada en los productos que se venden en su interior y en la tradición artesanal catalana. Esta superficie dinámica, cuya estructura proyectó el ingeniero José María Velasco Rivas, no solo aporta identidad visual al edificio, sino que se ha convertido en un hito urbano visible desde distintos puntos del casco histórico. Una arquitectura cálida, humana y arraigada a la identidad barcelonesa.

5. Cristalleries Planell (Carrer del Doctor Ibáñez, 38)

Otro sobresaliente ejemplo de cómo la arquitectura contemporánea puede revalorizar un elemento industrial sin perder su identidad histórica es el edificio de Cristalleries Planell, rehabilitado por el estudio catalán H Arquitectes en el distrito de Les Corts. Una intervención respetuosa y honesta que en lugar de ocultar las huellas del tiempo las integra y las hace legibles. Cristalleries Planell destaca, además, por su vocación comunitaria. Esta rehabilitación sensible y cívica no solo recupera un fragmento del patrimonio industrial de la ciudad, sino que crea un espacio abierto a nuevos usos culturales y sociales que ayudan a la revitalización del entorno urbano. Un edificio que reinterpreta el pasado para proyectarlo hacia el futuro.

6. La Borda (Carrer de la Constitució, 85-89)

Premio Mies van der Rohe 2022 de arquitectura emergente —elegido de entre 532 obras de 41 países—, proyectada por la cooperativa de arquitectos Lacol en el barrio de Sants, este es uno de los proyectos más influyentes de vivienda cooperativa y arquitectura sostenible en España. Desde su inauguración en 2018, se ha convertido en una referencia internacional por su apuesta por un modelo de convivencia no especulativo, democrático y profundamente arraigado en la comunidad.

La importancia de La Borda reside, en primer lugar, en su sistema cooperativo en cesión de uso, que permite a las personas habitar el edificio sin necesidad de acceder al mercado tradicional de la vivienda. Desde el punto de vista arquitectónico, destaca por su estructura en madera y sus patios interiores con ventilación cruzada.

La Borda prioriza los espacios comunes —lavandería, terrazas, salas de uso social— como elementos fundamentales para reforzar los vínculos vecinales y fomentar nuevas formas de convivencia más colaborativas. Este enfoque, sumado a su compromiso con la economía social y con la participación, lo convierte en un proyecto emblemático del urbanismo contemporáneo y en un gran referente para futuros modelos de vivienda comunitaria.

7. Green House (Carrer Veneçuela, 96-106)

Proyectadas por los arquitectos Marta Peris y José Toral en el Poblenou, este conjunto de casas sociales representa una reflexión profunda sobre cómo debe plantearse la vivienda colectiva contemporánea. La importancia del proyecto reside en su planta abierta y versátil, fomentada en una retícula regular que permite que las estancias se organicen sin jerarquías rígidas. En lugar de habitaciones predefinidas, el espacio puede reconfigurarse según los usos y etapas vitales de sus habitantes, planteando una alternativa a las tipologías residenciales más convencionales, algo que ya articuló Coderch en su famoso edificio de Las Cocheras en Sarrià. Las zonas compartidas (como la octava planta, que incluye una lavandería, tendedero, solárium, huerto urbano) favorecen la interacción vecinal y refuerzan el vínculo entre arquitectura y vida cotidiana.

8. Walden 7 (Carretera Reial, 106)

Obra de Ricardo Bofill y su Taller de Arquitectura, es uno de los experimentos residenciales más singulares de la segunda mitad del siglo XX en España. Inaugurado en 1975 en la localidad barcelonesa de Sant Just Desvern, buscaba replantear la forma de habitar en comunidad mediante una arquitectura modular, colorida y altamente innovadora. Bofill propuso un modelo de vivienda colectiva basado en patios interiores, pasarelas y espacios comunes que todavía hoy fomentan la interacción social sin renunciar a la privacidad. Además, su diseño laberíntico —inspirado en utopías urbanísticas de los años sesenta— cuestiona las tipologías residenciales convencionales y se ha convertido en un icono del brutalismo mediterráneo.



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