La carta del Mesías
A pesar de su ateísmo militante, del que a menudo alardea, está claro que Pedro Sánchez se cree un salvador. La carta enviada a la obediente y adoctrinada militancia socialista revela un carácter narcisista, arrogante y autocrático. El presidente del Gobierno se escribe como Mesías redentor del mundo y acusa al PP y a Vox de atacar a su Ejecutivo superando los límites de la verdad y la democracia.
Resulta curioso cuando el líder anclado en aquel famoso «No es no», antesala de la moción de censura que le llevó al poder gracias a unos pactos impresentables con socios comunistas y separatistas, actúa como un líder autoritario, rechaza el más mínimo atisbo de crítica, cualquier diálogo con la oposición, y ha convertido al PSOE en una formación cerrada, doblada y sin el sentido de Estado que tuvo en otros tiempos.
En una arenga propia de un líder, deja clara su intención de agotar la Legislatura, advierte en tono amenazante a quienes intentan derrocarle y anuncia su intención de seguir gobernando hasta 2031. Es decir, año nuevo, pero con la misma determinación de aferrarse al poder contra viento y marea, sin olvidar los aburridos ataques contra la «extrema derecha internacional», en cuyo paquete incluye al PP de Alberto Núñez Feijóo.
Para el Mesías Sánchez las únicas Tablas de la Ley son las suyas. Ni una sola alusión a los escándalos judiciales que le envuelven, con su mujer Begoña Gómez, su hermano David, los grandes hombres en los que confía, Ábalos, Cerdán, Koldo, camino al banquillo, además de las acusaciones de agresión sexual que cada día afloran más. Por no hablar del revés electoral en Extremadura y los que se avecinan en Aragón, Castilla-León y Andalucía. En esta última comunidad las cosas se le complican mucho a la vicepresidenta, ministra de Hacienda y candidata, María Jesús Montero.
El PP, con mayoría absoluta en el Senado, ha solicitado la comparecencia de Montero para aclarar las turbias sospechas que pesan sobre la SEPI y quien fuera su hombre de confianza, Vicente Fernández, y que podrían envenenar enormemente la campaña andaluza. Por eso, los dirigentes del socialismo andaluz presionan estos días a la Moncloa para que haga coincidir estas elecciones con las generales como única vía de escape para movilizar a su electorado y paliar en cierta medida la debacle. De momento, Sánchez no se mueve, reitera que cumplirá los plazos establecidos y agotará la legislatura. Aunque tu palabra vale menos que una escoba y tú decidirás qué es lo mejor para ti.
La semana se ve bastante oscura. El jueves 8, el otrora todopoderoso «gurú» del presidente, José Luis Ábalos, es citado por el PP a la Comisión de Investigación del Senado, ya sea presencialmente o por videoconferencia, según decida el Tribunal Supremo.
La aparición de Ábalos, gran protagonista del panorama político «sanchista», genera enormes expectativas. Su estancia en la prisión de Soto del Real está siendo una «tortura psicológica», según fuentes familiares, y nadie se atreve a vaticinar si el ex hombre fuerte del PSOE tirará de la alfombra. «Sabe cantar La Traviata», dice un socialista que lo conoce bien. Dicen que su estado físico se encuentra muy deteriorado, demacrado, delgado y con un resfriado constante debido a las bajas temperaturas de la celda que hasta ahora compartía con Koldo García.
Al parecer, José Luis Ábalos tiene dos ofertas de editoriales para escribir sus Memorias. El ex Ministro de Transportes y hombre fuerte del PSOE, verdadera mano derecha de Pedro Sánchez, no pretende ser como Mario Vargas Llosa y ganar un Premio Nobel, pero ciertamente no piensa asumir la culpa solo del «caso Koldo» y sus escándalos adyacentes, afirman fuentes cercanas a él.
Lo cierto es que las recapitulaciones de quién fue el hombre más poderoso del «sanchismo» podrían sacudir al Gobierno, en momentos en que los vínculos con el régimen chavista en Venezuela están al rojo vivo. «Me están sometiendo a una investigación de cloaca y tengo que defenderme», ha comentado Ábalos a algunos internos de la prisión sin avanzar aún en sus planes en medio de este enorme escándalo que afecta a su gestión política y a su vida privada.
Lo cierto es que en La Moncloa y Ferraz existe preocupación por cómo serán los próximos pasos del exministro y su comparecencia ante el Senado. Algunos miembros del gabinete creen que se trata de «una bomba de racimo», mientras que el entorno presidencial insiste en que no se atreverá a denunciar los trapos sucios de su ex amigo y sólo emite «chistes de café». Por el contrario, otros dirigentes autonómicos temen que Ábalos, desde la cárcel, y acorralado por el cerco judicial, esté en una peligrosa huida hacia adelante: «Se considera víctima de una vendetta y cree que no le hemos defendido». Creen que el «brazo armado» de Pedro Sánchez, su hombre de absoluta confianza, secretario de Organización del PSOE y ministro con mayor poder, no piensa perdonar. «Vienen a por mí y tengo que defenderme», dicen que dijo en una triste cena de Nochevieja con sus compañeros en la prisión de Soto del Real.
Mientras tanto, instalado en su habitual chulería, Sánchez planta cara al Rey en Semana Santa Militar, lidera un frente «anti-Trump» con lo más rancio de la izquierda latinoamericana que pone en ridículo a España y planea reuniones con sus socios para una rendición que le mantenga en la silla.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí