La dura pelea entre Evo Morales y Luis Arce prepara el camino para el retorno de la derecha boliviana al poder

La enemistad manifiesta entre Evo Morales, el hombre que gobernó Bolivia entre 2006 y noviembre de 2019, y el actual presidente Luis Arce, su heredero devenido traidor a los ojos del dirigente cocalero, adquiere por estos días las características de un acta de defunción del Movimiento al Socialismo (MAS). El partido que Morales creó en 1997 se desgaja a una velocidad que solo favorece a la oposición de derechas. Asociada al golpe de Estado de casi seis años atrás, esta vez intuye que se allana su camino para retornar al Palacio Quemado a través del voto en las elecciones de agosto de este año.
Arce y Morales mantuvieron su agria y desconcertante disputa en el seno del MAS. Pero en las últimas horas el abismo entre el exmandatario y quien fuera su ministro de Economía y ejecutor del «milagro económico» en los tiempos de bonanza energética, la distancia se ha abismado sin retorno. Morales creó su propio partido «Evo Pueblo» debido a un fallo judicial que lo desplazó de la conducción del partido oficial, en noviembre pasado. El culto a la personalidad, que fue un rasgo irritante en los mejores momentos de «el Evo» adquiere a estas alturas las características de un instrumento político que lleva su nombre. «Tenemos sigla, colores de nuestra bandera, estatutos y visión de país», dijo al anunciar la novedad a comienzos de la semana. «Lo que está haciendo es precisamente lo que haría un televangelista o un evangelista de carpa o alguien que está iniciando un culto religioso», dijo el analista político Yerko Ilijic al diario ´La razón`. Los medios de prensa bolivianos creen que esa flamante formación no tendrá tiempo para presentarse en la contienda porque el plazo de inscripción que determinó el Tribunal Supremo Electoral (TSE) vence el 18 de abril.
Oficialismo en problemas
La sigla MAS queda en poder del «arcismo», que acaba de formar una alianza con cinco partidos menores de izquierda de cara a los comicios que llevarán al mandatario como candidato. «Es momento de unirnos más que nunca, de fortalecer nuestras bases y de seguir construyendo un país donde prevalezca el bienestar colectivo sobre los intereses individuales«, dijo en clara alusión a su exsocio. La división de una fuerza que fue hegemónica por más de dos décadas es recibida por los adversarios como un regalo del cielo. La Unidad de la Oposición Democrática Boliviana intenta limar diferencias y llevar un candidato común. El empresario Samuel Doria Medina cree será tu turno y que están dadas las condiciones para poner fin a los años de hegemonía de la izquierda en Bolivia y sintonizar con el nuevo momento de Estados Unidos a partir del retorno de Donald Trump.
Arce tiene una muy baja popularidad. Un sondeo de Red Uno le asigna una aceptación del 1%. La intención de voto de Morales es cercana al 20% gracias a su influencia en el campesinado. «Lucho», como le dicen al mandatario, incluso sus excompañeros, paga el precio de una crisis económica sin solución a la vista. El «modelo boliviano» se apoyaba en los recursos de gas, que no solo disminuyeron sensiblemente al punto de que el Banco Central enfrenta una severa escasez de reservas: también falta la gasolina. La baja inflación, uno de los baluartes que Arce se atribuyó durante su paso por el ministerio de Economía, ya no puede ser garantizada. El reciente arancel del 10% a las exportaciones bolivianas impuesto por Washington supone otra complicación para un país que vende a Estados Unidos productos por más de 200 millones anuales. El malestar ciudadano presagia conflictos en medio de la campaña electoral. Por lo pronto, productores agropecuarios, sindicalistas, empresarios, transportistas y comités cívicos del país, se proponen ocupar La Paz el próximo 23 de abril.
Camino sin retorno
Morales creyó ser el único dirigente capaz de sacar a Bolivia del pantano y se enfrentó tempranamente con Arce cuando todavía el horizonte de expectativas no era tan desalentado. El MAS ha explotado antes que la economía. Andrónico Rodríguez, un joven dirigente cercano a Morales, intentó sin suerte acercar posiciones y poner a disposición de un arreglo imposible su buena imagen en las encuestas. Los «evistas» comenzaron a atacarlo. Lo mismo hizo el propio expresidente. «Le digo a nuestro hermano Evo que debe sentirse orgulloso, y no celoso, de muchos jóvenes que siguen sus pasos de la dirigencia sindical», sostuvo Rodríguez. Morales lo desautorizó. «Por supuesto que nos sentimos orgullosos, pero algunos hermanos dicen ‘Andrónico presidente’. Con eso solo están desgastando al hermano Andrónico».
El dirigente cocalero, quien tiene su bastión en la región central del Chapare, no puede imaginarse fuera del centro de las decisiones políticas. El poder es su combustible. Pero esa sed también le ha valido críticas de su exvicepresidente, Álvaro García Linera, declarado «enemigo» por los que ahora conformaron Evo Pueblo.
La pelea entre Arce y Morales se desarrolla a la par de un asunto judicial espinoso. A fines de octubre pasado, el expresidente fue acusado por la fiscalía de «estupro agravado con incitación a la prostitución». Morales, se denunció, había tenido una hija con una adolescente de 15 años en la ciudad fronteriza de Tupiza, en 2016, cuando estaba al frente del Estado boliviano y tenía 57 años. La fiscalía ratificó a comienzos de marzo la orden de detención en su contra. «No me extraña ni me preocupa. Todos los Gobiernos neoliberales, incluido el actual, me amenazaron, me persiguieron, me encarcelaron, intentaron matarme. ¡No tengo miedo! ¡No me callarán!», dijo días atrás.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí