la «Gloriosa Butteler» ya canta como el Fondo Norte del Tartiere
Un asado en el Pedro Bidegain no estaba en el plan original. Fernando del Campo, ovetense, había viajado a Buenos Aires para visitar a su sobrino, Iván del Campo, y un amigo, Javier Enrique Agustín, aprovechó la coyuntura para visitar también la capital argentina. En esas estaban cuando Del Campo coincidió con otro amigo, Marcelo Alejandro Fernández. De paso asistieron a un San Lorenzo-Independiente, uno de los partidos grandes de fútbol en el país. Una huelga de futbolistas suspendió el encuentro, y Marcelo, como buen anfitrión, recondujo la situación a su manera: fuego, carne y el estadio para ellos solos.
[–>[–>[–>A la izquierda, Javier Enrique Agustín, Iván del Campo y Fernando del Campo, en la Bombonera. | LNE / LNE
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Hay historias que empiezan mucho antes de que sus protagonistas nazcan. La de Fernando y Marcelo arranca en Caleao, una localidad del concejo de Caso. Desde allí emigró el padre de Marcelo a Argentina, como tantos asturianos que buscaron fortuna al otro lado del Atlántico. Se fue con poco en la maleta, pero una cosa no dejó atrás: su devoción por el Oviedo. Esa pasión la sembró en su hijo, que nació ya en tierras argentinas y que hoy, desde Buenos Aires, sigue con atención la suerte del equipo carbayón. Hincha de San Lorenzo de Almagro (el equipo del difunto papa Francisco), Marcelo tiene al Oviedo como su segundo club. Dos equipos, por cierto, unidos por la figura de Isidro Lángara, el delantero asturiano que lo fue todo en ambas entidades durante los años treinta.
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Una pegatina de Maradona en el Pedro Bidegain. | LNE
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El asado salió bien, los hijos de Marcelo ejercieron de anfitriones junto a su padre, y la jornada derivó en algo que Fernando no esperaba: un recorrido completo por las instalaciones del Pedro Bidegain. Lo que nadie anticipaba es que les dejaran bajar al césped. Algo, según cuenta el propio Fernando, «supercomplicado» de conseguir, incluso para los propios socios.
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Y entonces desplegaron la bandera. La del Oviedo, en el verde del Bidegain, en Buenos Aires. Dicen que fue el primer escudo que no es de San Lorenzo en lucir en ese estadio. Durante el recorrido, Fernando también pudo ver «la capilla del estadio, sufragada por el actor Viggo Mortensen», fan declarado de San Lorenzo desde su infancia argentina. Y si el asado fue una sorpresa, lo que vino después la superó. «Conseguimos entradas para un Boca Juniors-San Lorenzo». No es un trámite sencillo: ese partido no se consigue de cualquier manera. Fueron a la «popular», la tribuna detrás de la portería donde se concentra el núcleo duro de la hinchada.
[–>[–>[–>Lo que vio Fernando allí es difícil de traducir. Hay una frase de Andrés Calamaro, en su canción Estadio Azteca, que se acerca: «Cuando era niño y conocí el estadio azteca, me quedé de duro, me aplastó ver al gigante». «El fútbol argentino impresiona, tiene esa capacidad. Y San Lorenzo, en particular, tiene una hinchada con reputación propia: la ‘Gloriosa Butteler’, conocida en todo el país como la ‘Escuela de Tablones’, porque de sus gradas han salido canciones que luego han viajado a estadios de medio mundo», dice Del Campo. Marcelo escuchó fútbol del Oviedo de boca de su padre desde pequeño. Hoy lo sigue por internet, por televisión cuando puede, y a través de Fernando cuando se hablan. Tieneganas de hacer el viaje inverso: conocer Asturias, ver el Tartiere, entender in situ qué es ese club que su padre le dejó en herencia. Fernando vuelve a Oviedo con la cabeza llena. Marcelo se quedó en Buenos Aires esperando el día en que pueda cruzar el Atlántico y sentarse por fin en una grada carbayona.
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