la potencia donde no crece el PIB, sino la pobreza
Hace ahora un año, cuando Friedrich Merz alcanzó el poder que llevaba anhelando desde hacía dos décadas, sus objetivos se resumían en dos prioridades: reactivar la economía tras dos años en recesión y dotar al país del ejército convencional más poderoso de la Unión Europea (UE). Ambos factores, la contracción del PIB y la necesidad de poner al día las fuerzas armadas, remitían a la situación creada tras la guerra lanzada por Rusia sobre Ucrania en febrero de 2022. Alemania despertó, aún bajo el Gobierno del socialdemócrata Olaf Scholz, a la realidad de su dependencia energética de Moscú y de unas fuerzas armadas castigadas por la austeridad.
[–>[–>[–>Nada salió como esperaba Merz. El 6 de mayo de 2025, un día después de firmarse el pacto de coalición entre los conservadores y sus socios socialdemócratas, Merz se presentó ante el Parlamento federal (Bundestag) a por una investidura que parecía de trámite. En lugar de eso, y por primera vez en la historia, tuvo que recurrir a una segunda vuelta. En la primera ronda no alcanzó la mayoría de 316 votos, pese a que los diputados de su coalición suman 328 escaños.
[–> [–>[–>Merz, apartado de la vanguardia política en los 16 años en que estuvo en el poder Angela Merkel, su rival interna entre los conservadores, se impuso en los comicios celebrados por anticipado el 23 de febrero de 2025, tras hundirse la coalición de Scholz con verdes y liberales. Negoció sin tropiezos su nueva alianza de Gobierno con el SPD, en que solo persistió un superviviente del Ejecutivo de Scholz: el ministro de Defensa, el socialdemócrata Boris Pistorius, impulsor del rearme alemán.
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Cómo lanzar el rearme con la economía estancada
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Un año después, el PIB alemán está prácticamente estancado y con un pronóstico de crecimiento mínimo del 0,5% para 2026. A los estragos de la crisis energética siguió el azote sobre la potencia exportadora alemana de los aranceles de Donald Trump y luego la ofensiva de EEUU e Israel contra Irán, más el cierre del estrecho de Ormuz.
[–>[–>[–>La coalición de Merz está inmersa en una dinámica de enfrentamientos a gritos –según los relatos coincidentes del semanario Der Spiegel y el tabloide Bild— entre Merz y su ministro de Finanzas y líder socialdemócrata, Lars Klingbeil, o entre éste y la titular de Economía, la conservadora Katherina Reiche. Tras intensos forcejeos, Klingbeil ha presentado un proyecto presupuestario que prioriza Defensa. Pistorius dispondrá de 130.000 millones de euros, incluidos los 27.000 millones procedentes del fondo creado en 2025 para invertir en rearme. A las inversiones en Defensa se une el plan de saltar de los 180.000 soldados actuales a 450.000 efectivos en 2035.
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El Vicecanciller y Ministro de Economía, Lars Klingbeil, y el Canciller Friedrich, durante una reunión del Gabinete. / JOHN MACDOUGALL / AFP
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Casi en paralelo, Merz anunció lo que calificó de «reforma histórica» de la sanidad pública, consistente en recortes de prestaciones y servicios para evitar que el déficit sanitario alcance los 16.000 millones de euros en 2027 o hasta 38.0000 millones de euros hasta 2030.
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[–>Un 20% de la población «al límite»
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La economía se estanca, se dispara el gasto militar y crece lo que se define como ciudadanos «en riesgo de pobreza o exclusión social». Unos 17 millones de personas, casi un 20% de la población de Alemania, entran en esa definición, según datos de la Oficina Federal de Estadística (Destatis). Un porcentaje que «clama al cielo», según la periodista y moderadora Miriam Davoudvandi, autora del libro Das können wir uns nicht leisten (No podemos permitírnoslo), editado por Btb, donde repasa el día a día de personas que «viven al límite». La precariedad crece en el mundo laboral y en la calle, lo que se plasma en enormes bolsas de pobreza.
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«Se identifica a Alemania como un país rico porque ese es el relato que se ha impuesto política y económicamente. Es el relato bajo el que hemos crecido», explica a EL PERIÓDICO Davoudvandi, envuelta en la promoción de un libro que describe las situaciones de quienes viven «en riesgo de pobreza». «No morimos de hambre, tenemos acceso a la escuela y hay un tejido social que cubre lo más esencial. Pero las secuelas de la pobreza nos acompañarán toda la vida», prosigue la autora, de madre rumana y padre iraní, llegada a Alemania con seis años.
[–>[–>[–>La marginalidad es especialmente presente entre personas de origen extranjero, pero alcanza al resto de los ciudadanos, incluida la población laboralmente activa de ingresos bajos. Uno de cada cinco jubilados sigue trabajando tras su teórica retirada para redondear su pensión o recurre a los bancos de alimentos, cuando ya no pueden seguir en activo. «Hablamos de personas cuyos ingresos no alcanzan para cubrir lo básico, no digamos ya unas vacaciones aunque sea de una semana y sin salir del país», explica la autora, cuya biografía la sitúa entre quienes sí lograron el ascenso social.
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El porcentaje de quienes viven en riesgo de pobreza sube al 20% entre jubilados y personas que viven solas, al 40% para quienes crecen en hogares con bajo nivel de estudios, para dispararse al 70% entre desempleados, según Destatis. Desde 2021 este cómputo de población sube año a año alrededor de un punto porcentual. Son existencias al límite, agravadas por cualquier alza de precios, como la ahora procedente de la crisis de Ormuz. «Es difícil que alguien como Merz, quien presume de millonario y pilota un jet privado, entienda estas situaciones. Su acción de gobierno consiste en recortar. Le diría que trabaje un día como obrero de la construcción», apunta Davoudvandi.
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