La presión de EEUU a Irán ha afectado más a la sociedad civil que al régimen
El 19 de diciembre de 1978, con apenas 11 años, Sanam Naraghi Anderlini, autora británico-iraní y fundadora y directora ejecutiva de la Red de Acción de la Sociedad Civil Internacional, una red de defensa de los derechos humanos presente en más de 40 países, salió del país persa para viajar a Francia durante unas vacaciones. Era un momento de muchas protestas en el que las escuelas estaban cerradas, pero aquel viaje de 10 días acabó siendo definitivo. «He vuelto a Irán muchas veces, pero mi vida allí terminó y empezó una nueva», relata Sanam en entrevista con EL PERIÓDICO minutos antes de participar, este miércoles, en la conferencia ‘Ni guerra ni tiranos’, impulsada en Barcelona por BCN4Peace, junto al profesor estadounidense John A. Powell.
[–>[–>[–>La autora británico-iraní se ha erigido como una de las voces más reconocibles de la diáspora iraní. Y aúna la voz de millones de compatriotas contrarios tanto al régimen como a la guerra desatada el 28 de febrero por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Binyamín Netanyahu.
[–> [–>[–>Desde que estalló el conflicto hay posturas muy diversas sobre si la guerra estaba justificada ¿Pero cómo ha reaccionado la sociedad civil iraní?
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Cuando hablamos de sociedad civil lo hacemos desde la visión occidental pensando en organizaciones y redes de activismo social. En Irán esa vitalidad existe, pero no bajo estructuras estándar. Porque el régimen siempre ha intentado limitarlas bajo la idea de que estas organizaciones pueden llegar a ser muy poderosas. No hay esa noción estructurada, pero siempre ha habido un activismo cívico muy vibrante, sobre democracia, derechos de las mujeres, derechos humanos o medio ambiente. Pero la guerra, desde el primer día, se convirtió en una guerra contra la nación, no solo contra el Estado. Atacaron una escuela de niñas, plantas energéticas y universidades. Dos tercios de los lugares que atacaron en Teherán eran espacios civiles. Así que cuando ocurre algo así, y más con un Estado paranoico, tu activismo cívico desaparece, porque la gente no va a salir a protestar cuando están cayendo bombas. Es un peligro que llega por ambos lados.
[–>[–>[–>¿Se ha descuidado el activismo iraní desde la comunidad internacional?
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Las sanciones económicas y la presión que se impuso a Irán como Estado, afectó más a la sociedad civil que al régimen. Lo que los estadounidenses llamaban «máxima presión», realmente oprimió y redujo la capacidad del activismo cívico, porque la gente acabó estando desesperada por cubrir cuestiones básicas de subsistencia.
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[–>Sanam Naraghi Anderlini durante el encuentro ‘No war no kings’ celebrado por BCN4Peace en Barcelona. / MIQUEL MUÑOZ / BCN4Peace
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¿Qué puede hacer la comunidad internacional para apoyar a la sociedad civil en este contexto?
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El papel de España posicionándose contra la guerra fue muy importante. Porque estar en contra de la guerra significa estar a favor del bienestar de la sociedad. Y ahora que hay atisbos para un proceso de paz, este momento es realmente crítico, porque podría ser cuando paises como España dén un paso adelante e intenten implicarse en el proceso, alegando que tanto Irán como EEUU están, de alguna manera, pidiendo apoyo internacional.
[–>[–>[–>Se habla de que Trump necesita terminar ya con la guerra ¿Cómo cree que afectará a la población un acuerdo hecho con prisas y por intereses personales?
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Primero está la cuestión de terminar la guerra ahora, y estoy de acuerdo con eso. Luego hay que terminar con los bloqueos y las sanciones. Pero el proceso para una paz real lleva tiempo. Y, por definición, las cuestiones técnicas como el desarme nuclear o la eliminación de sanciones requieren atención. Pero no hay ninguna razón por la que, mientras tanto, no pueda haber grupos de trabajo. Cuantas más entidades estén implicadas, más probable será que la paz se sostenga y que la gente pueda obtener buenos resultados.
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Uno de sus campos de trabajo gira sobre la presencia de mujeres en estos procesos de paz. Y en este caso vemos que vuelve a estar dominado completamente por hombres…
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Si pensamos en la construcción de la paz simplemente entre un número limitado de representantes, siempre van a llevar a quienes sean sus hombres. Podría haberse dado que la ministra de Exteriores fuera una mujer, pero no lo es. Pero no se trata solo de representación en el sentido de tener a una mujer, porque pueden poner a cualquiera. Se trata de abordar la paz de forma integral. Y en cuanto empiezas a hacer eso, automáticamente se abre el espacio para más mujeres, porque dominamos sectores como el sanitario o la educación. El 65% del profesorado universitario en Irán son mujeres. Así que, si tienes una comisión específica que trabaja en la reconstrucción de universidades y escuelas, querrías tener representación de estas.
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Sanam Naraghi Anderlini durante el encuentro ‘No war no kings’ celebrado por BCN4Peace en Barcelona. / MIQUEL MUÑOZ / BCN4Peace
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Desde Occidente hablamos de las mujeres en el mundo islámico desde un prisma muy cerrado ¿Cómo podemos comprender mejor su papel fuera de nuestro marco?
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Es importante entender un matiz. Tenemos, por ley, mujeres discriminadas en muchos ámbitos. Como feminista, podría decirte que hay una interpretación errónea de la sharia, pero es lo que está escrito. Así que tienes una ley que discrimina contra la que los movimientos de mujeres han luchado de forma sistemática. Pero también tienes las fuerzas socioculturales en juego. Durante generaciones el régimen intentó controlar y dejar fuera de la educación superior a las mujeres, pero la sociedad no estuvo dispuesta a tolerarlo y las mujeres superaron esa barrera.
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Podría decirse que van a ritmos diferentes…
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Vivimos en este universo extraño donde la sociedad y las prácticas culturales son más progresistas que los fundamentos legales. Pakistán o el mundo árabe, pueden tener leyes progresistas, pero la sociedad es distinta. Irán es lo contrario. Y eso mucha gente no lo ve. El mundo occidental se centra en factores como el hiyab. Y, de nuevo, durante tres generaciones las mujeres han luchado contra eso. Tras el movimiento ‘Mujer, Vida, Libertad’, quedó suspendida la obligación del hiyab. Pero lo irónico cuando lo impusieron fue que mucha gente de entornos conservadores obligó a sus hijas a llevarlo, pero les permitió ir a la universidad. Así que estaban cubiertas, pero ahora podian salir a los espacios públicos. Y una vez dentro, lucharon sobre cómo vestirse, con quién casarse, etc. Este enfoque de abajo arriba es realmente importante.
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¿Qué podemos aprender de esta resistencia silenciosa?
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Es algo muy parecido a lo que vemos en Estados Unidos con evangélicos y grupos de extrema derecha que intentan controlar los cuerpos de las mujeres. En Irán hemos tenido 47 años de esta experiencia, y las mujeres ganaron. Pero hay una cuestión esencial: y es que si el lenguaje del Estado ha sido la violencia y la represión, el lenguaje de las mujeres ha sido la no violencia. Ha sido como un río en una montaña que golpea una roca. La roca no se mueve, pero el agua la erosiona y avanza.
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