La situación ahora es más miserable que durante la guerra
El Complejo Médico Nasser es el mayor hospital en activo de la Franja de Gaza. El epicentro donde se acumula el dolor de los dos millones y medio de palestinos que durante dos años han sufrido la ofensiva israelí. En él, entre médicos, enfermeras y personal administrativo hay cerca de 1.300 empleados. Un número amplio pero que resulta insuficiente para atender las necesidades de una población asediada, pues a pesar del alto el fuego acordado hace más de tres meses, la ayuda sigue entrando a cuentagotas. Desde allí, habla Ahmed Al-Farra, jefe de pediatría y una de las firmas del libro ‘Un grito por la infancia de Gaza’ (Now Books), obra en la que presenta la terminología «niño herido sin familiares supervivientes» (WCNSF, por sus siglas en inglés) y donde confiesa sentirse «discapacitado» como sanitario ante la falta de anestesia, antibióticos o camas.
[–>[–>[–>Al-Farra expone la situación de completa fragilidad y tensión que todavía atraviesa el hospital. En las 24 horas previas a esta entrevista, explica que 800 pacientes acudieron al departamento de pediatría y casi 200 al de maternidad. De los cuales, «casi 165″ fueron ingresados: «100 en pediatría, 40 en maternidad, 20 en el departamento neonatal y 5 en la UCI pediátrica».
[–> [–>[–>¿Cómo es la situación actual en el Hospital Nasser?
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Si queremos hablar del sufrimiento de los últimos dos años necesitaríamos un libro de texto. Pero la realidad es que, con el alto el fuego, esperábamos que la condición mejorara. Por desgracia ha ocurrido lo contrario. Faltan medicamentos, vitaminas, antibióticos, reservas de sangre… Ni siquiera hemos recuperado la electricidad, el agua ni los suministros que nos permitieran volver a la vida normal. La situación ahora es más miserable que durante la guerra. Hace casi seis meses que estamos sin existencias de medicamentos como la L-Tirosina, necesaria para los pacientes con hipotiroidismo. Tampoco quedan tiras de glucosa para suministrar insulina a los pacientes diabéticos; ni reservas de sueros y de paracetamol. Ni siquiera tenemos recursos como los tornillos intramedulares para fijar fracturas en el quirófano.
[–>[–>[–>¿Hay algún aspecto en el que hayan notado más alivio?
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Hay cierta mejora en la alimentación. La comida está llegando y, aunque su precio es muy alto, se confía en que disminuya el número de pacientes con desnutrición. En marzo y julio sufrimos la peor hambruna que jamás hemos conocido, la peor del último siglo en el mundo, porque fue provocada para castigar a los niños, a los adultos, a las mujeres, a las personas mayores. Ahora, aunque han disminuido los casos de desnutrición, sigue faltando carne fresca, pescado o yogur. Además, todas las cosas que entran en Gaza están congeladas y no sabemos cuánto tiempo han estado retenidas. A veces entran y están caducadas o han perdido todos sus valores nutricionales.
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[–>¿Ve posible recuperar la autonomía suficiente para mantener Gaza sin ayuda?
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Las fuerzas de ocupación destruyeron el ganado y la agricultura. Lo destruyeron todo. Tenemos que renovar o reevaluar estos valores para volver a tener alimentos, agua y electricidad. Aquí en el hospital usamos un generador que funciona con combustible. La guerra nos ha impuesto esta situación y no tenemos materiales para recuperar la infraestructura perdida. No entra cemento, ni acero, ni aluminio ni madera. No entra nada en Gaza para castigar a dos millones y medio de personas por ser palestinas.
[–>[–>[–>Civiles palestinos son atendidos en el suelo del Hospital Nasser, diciembre de 2023. / HAITHAM IMAD / EFE
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¿Cómo puede funcionar el hospital sin todos estos suministros?
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Trabajamos porque es nuestro deber. Ahora mismo —durante la llamada— tengo en mi mesa 30 o 40 problemas. Uno habla de la escasez de medicación, otro de la escasez de agua en el hospital, otro de cómo tenemos que disminuir la capacidad eléctrica porque el generador no tolera más trabajo y otro de que en maternidad faltan los CTG, los formularios que usamos para evaluar a los bebés. Trabajamos día a día. Intentamos resolver los problemas como podemos, pero cada día tenemos nuevos desafíos.
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¿Cuál es el perfil de los pacientes?
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Hoy en día, tenemos un brote de gripe que se está extendiendo cada vez más. Pero no tenemos material para tratarla ni prevenirla. La vacuna debería haberse distribuido dos o tres meses antes, pero las fuerzas de ocupación no permitieron que entrara en Gaza, aunque estaba disponible en Israel y Cisjordania. Tampoco tenemos acceso al Tamiflu, que es el mejor tratamiento para casos complicados o graves; ni a la vitamina C ni a ninguna otra medicación para activar el sistema inmunitario del paciente. Además, la desnutrición, la hambruna y la deficiencia inmunitaria hacen que la gripe sea más grave y más agresiva.
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En el libro ‘Un grito por la infancia de Gaza’ menciona la categoría Wounded Child, No Survival Family (niño herido sin familiares supervivientes), ¿a qué hace referencia?
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Esta es una situación absolutamente miserable de la que en esta guerra he visto casi 20 casos. Niños ingresados en la UCI pediátrica que son los únicos supervivientes de su familia. Como el caso de Misk al-Aqqad, que menciono en el libro. Lo más difícil es cómo comunicarte con ellos después de que recobren la consciencia. Preguntan: «¿Dónde está mi familia? ¿Dónde está mi mamá? ¿Dónde está mi papá?». Esta guerra ha dejado 4.000 huérfanos en Gaza y casi 9.000 o 10.000 niños que perdieron a uno de sus padres.
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Un recién nacido en la UCI neonatal del Hospital Nasser de Gaza. / MOAZ ABU TAHA / CONTACTO / EUROPA PRESS
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¿Qué futuro les espera?
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Creo que cuando crezcan solo sabrán hablar de la venganza. Y no superarán estas lesiones. Hace poco tres niños fueron asesinados al atacar sus tiendas. Vi a su madre en una silla de ruedas. Ella también fue atacada. Estaban en el lugar donde lavaban los cuerpos y los preparaban para despedirse. Ella estaba en shock, incapaz de hablar, llorando porque había perdido a tres niños. Ninguna palabra puede expresar el sentimiento de una familia que se perdió por completo y solo conserva un niño o una niña como superviviente. Todos preguntan cuándo pueden seguir a su familia y unirse a ella.
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¿Cómo ha cambiado la situación con el alto el fuego?
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Solo ha reducido el número de víctimas. Hemos pasado de tener 100 mártires cada día, a tener 5, 10, 13 cada día. Así que el número de personas asesinadas ha disminuido, pero no ha cesado. Esto no es un alto el fuego, sino una trampa para el pueblo palestino. Sus fuerzas y sus drones siguen atacando, y matando delante de las organizaciones nacionales. Igual que en el Líbano y en Siria. Están matando y haciendo lo que quieren, sin que nadie pueda castigarles.
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¿Considera que el mundo está olvidando la situación de Gaza?
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La atención ha disminuido. Pero si seguimos hablando, recordaremos que hay dos millones y medio de personas que siguen bajo castigo. Y no solo los palestinos en Gaza, sino también en Cisjordania. Allí, los colonos entran en las aldeas, queman las tierras y las casas, roban, rompen los coches y patean a la gente. Si estas personas estuvieran en España, Irlanda o Francia, tratarían a esos pueblos igual. Están tratando al mundo entero como si fueran una élite.
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