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Las grandes estrellas de la carta son los callos y las cañas bien tiradas

Las grandes estrellas de la carta son los callos y las cañas bien tiradas
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  • Publishedjulio 7, 2026



Lejos de destinos exóticos, playas paradisiacas de arena fina o las exclusivas villas acorazadas para curiosos, hay famosos que encuentran la paz en el bullicio de un buen barrio.

Este es el caso de Arturo Valls. El carismático actor, humorista y presentador no necesita realizar un vuelo transoceánico para desconectar del ritmo frenético de la televisión. Su refugio personal Tiene un acento tradicional, el aroma de un cocido tradicional y se esconde en el laberinto de calles históricas de la latina.

Para entender el profundo arraigo del valenciano en este rincón de Madrid hay que viajar en el tiempo. Fue en este céntrico y vibrante barrio donde un jovencísimo Valls empezó a forjar su leyenda en la televisión nacional como el atrevido reportero de quien cae cae.

Entre grabaciones, micrófonos y carreras detrás de políticos, descubrió un ecosistema urbano el cual acabó convirtiéndose en su hogar y su spa privado.

Cuando el presentador busca esa sensación de desconexión y familiaridad, lejos de los focos y los decorados, sus pasos le llevan siempre en la misma dirección, la número 2 de la calle Águila.

Ahí está viuda de vacauna taberna tradicional que cuenta con el codiciado Solete de la Guía Repsol. Este rincón centenario es el lugar que Valls corona sin dudarlo como su refugio favorito de toda la ciudad, un espacio donde relajarse y ser simplemente Arturo.

El encanto del lugar reside en su autenticidad intacta. No es un establecimiento de última generación ni un espacio minimalista de diseño. Es pura historia viva de la gastronomía de la capital. El propio presentador confiesa con nostalgia que sentarse en una de sus mesas es un auténtico viaje emocional.

Cruzar sus puertas le evoca directamente sus primeros compases en la ciudad, transportándole a una época de juventud, de sueño por cumplir y de «esos domingos soleados repletos de gente y con cañas bien tiradas«.

Pero la experiencia en este templo culinario no se entiende sin entregarse a su recetario. Como detalla el actor, «las grandes estrellas de la carta son los callos a la madrileña«.

Este guiso, elaborado a fuego muy lento, con la untuosidad perfecta y el mimo heredado de las cocineras de antaño, se ha posicionado como el indudable buque insignia del local.

Es un bocado humilde pero soberbio, que el presentador saborea sin prisa y que no cambiaría por la propuesta del restaurante más caro del mundo.

El mapa de los tesoros personales del humorista en La Latina guarda otra parada obligatoria. A escasos metros de allí, en la pintoresca calle de Tabernillas, emerge La Copita Asturiana, otro de sus innegociables oasis de barrio.

Valls describe este mítico establecimiento con enorme cariño, definiéndole como «un sitio emblemático» que invariablemente le despierta «muy buenos recuerdos«.

El restaurante favorito de Arturo Valls

En esta segunda ubicación, el menú abraza la contundencia del norte: el fabada y su generoso cachopo Son la receta secreta del presentador para recargar energías.

En una industria donde la postura a menudo dicta los destinos de vacaciones de las personas celebridadesel valenciano es una maravillosa anomalía. Arturo Valls Nos muestra que el verdadero lujo contemporáneo puede ser algo tan cotidiano como mezclarse con el ajetreo y el bullicio de La Latina.

El eco de las risas de una mañana de domingo, la destreza de un camarero y el inconfundible sabor del buen callos compartidos con amigos. Un rincón de Madrid que, tras décadas de éxito, sigue siendo tu ancla para ser inmensamente feliz.



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