Lola’i Caballero, de 88 años, sigue cantando y recitando las historias que aprendió de niña con su padre
Lola’i Caballero, Lola Martínez de casa Caballero de Vegameoro (Veigamiedru) en Cangas del Narcea, suma 88 años y puede presumir de una memoria privilegiada. En su cabeza almacena incontables cantares y romances antiguos que aprendió de niña y que gracias a que siempre los mantuvo vivos ha conseguido traerlos a nuestros días. Ese amor por la tradición oral, que en su caso le transmitió su padre, y su disposición siempre a colaborar y a recibir a todo el mundo que quisiera escucharla para llevarse un pedazo de su sabiduría le ha valido ser merecedora de un homenaje dentro de la Sumana de las L.letras Asturianas, que organiza el Ayuntamiento de Cangas del Narcea, a través del Servicio de Normalización Llingüística.
[–>[–>[–>“Es una persona que colabora desde siempre con nosotros asesorando en temas de vocabulario porque es una falante excepcional, además es una figura clave para la transmisión de la tradición oral”, destaca Mónica Rodríguez, responsable del Servicio de Normalización Llingüística, organizadora del homenaje que se celebrará el domingo en Vegameoro y que, aunque inesperado para Lola Martínez, reconoce que lo recibe con ilusión.
[–> [–>[–>Agradece que se valoren los conocimientos y las tradiciones que vienen de una época muy difícil, donde la gente pasaba necesidades, pero “era feliz”, asegura. Nació en 1938, en plena Guerra Civil española, en el pueblo cangués de Robledo de Biforco. Eran siete hermanos en una casa humilde, de la que se tuvo que ir con tan solo 14 años para ponerse a trabajar en el servicio de la casa de La Chabola, lugar en el que se daban comidas, había mantequera y panadería.
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Su niñez la pasó ayudando en los quehaceres habituales de una casa de labranza y yendo a la escuela de forma excepcional, cuando no había ningún trabajo pendiente o el mal tiempo no permitía salir al campo. A pesar de la dureza de esos días atesora recuerdos felices al lado de sus padres. “Mi padre era cestero y gracias a eso, más o menos, de lo más necesario nunca nos faltó de nada”, reconoce.
[–>[–>[–>Recuerda a su padre volviendo del río con cargas de leña que preparaba para hacer los cestos. “Encendía el horno para abrir la madera y ahí al pie del horno, donde se estaba calentín, nos juntábamos todos y mi padre nos cantaba romances y nos contaba historias”, rememora Lola Martínez.
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Lola Martínez en la fuente del pueblo de Vegameoro. / D. Álvarez
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Cantares y cuentos que ella archivó en su mente como un tesoro y que le acompañaron toda la vida para hacer ameno cualquier trabajo que le tocase enfrentar. “A mí me encanta andar ‘escantaruxando’ los romances, siempre recordando a mis padres”, asegura.
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[–>Con 19 años se casó en casa Caballero de Vegameoro y volvió a trabajar en la labranza. Aunque también se encargaba de cocinar para las bodas que se realizaban en el pueblo, ejercía de enfermera e incluso de peluquera. Todo ello mientras criaba a sus cuatro hijos, que la recuerdan siempre cantando mientras hacía algún trabajo, especialmente, mientras lavaba la ropa en el pilón que tenía detrás de casa.
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Además, promovía que se conservaran las tradiciones que había vivido en su casa, cantares y rezos de las diferentes celebraciones, como en Navidad y Semana Santa, también enseñaba a los niños del pueblo los cantares para pedir el aguinaldo y era la encargada de prepararles la función o fiesta cuando volvían con todo lo recolectado por las casas: “Les daban huevos, chorizo, chocolate y yo les hacía tortillas, feisulos…”.
[–>[–>[–>Los filandones también se celebraban en casa Caballero, los hombres del pueblo se juntaban a jugar la partida y las mujeres a tejer o coser y durante esos encuentros se cantaba y contaban historias.
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“Ahora vivimos como reyes, tenemos de todo, pero veo que la gente no disfruta de nada y antes con cualquier cosa éramos felices”, reflexiona. No obstante, a pesar de no olvidarse de sus raíces y de traer la tradición a la actualidad, Lola’i Caballero no vive anclada en el pasado. Al contrario, sorprende como ha sabido ir adaptándose a los tiempos y a las nuevas tecnologías. Hasta el punto de que se maneja con total soltura con su smartphone y en redes sociales, donde comparte, sobre todo, sus elaboraciones culinarias.
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También sigue participando activamente en los talleres que llegan a la parroquia a través del Ayuntamiento de incluso en viajes y forma parte de las asociaciones de Amas de Casa y de mujeres campesinas (AMCA).
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