Los músculos
En sus puestos, apoyadas las plantas de los pies en los starter blocks, una rodilla en tierra, los atletas aguardan, tensos, el disparo. No hay tiempo para que el cerebro dicte la orden de salir, es un reflejo. Los músculos se contraen con la máxima potencia y salen despedidos a una velocidad ya inalcanzable para el común de los humanos. En esos primeros segundos, quizá dos o tres, los músculos pueden contraerse gracias a la energía acumulada en las baterías ( el ATP) que tienen las células. Es poca porque pesa mucho. Como en los automóviles, no está resuelto el sistema de guardar energía disponible inmediatamente. Es poca, sí, pero suficiente: consigue las proteínas que contienen cada célula muscular se deslicen unas sobre otras y se produzca una contracción. Son los filamentos que tan bien se ven al microscopio óptico y que identificó hace mucho Huxley: torres de actina alternando con torres de miosina haciendo bandas, de ahí, músculo estriado. Las activa una corriente eléctrica que descarga el nervio, casi siempre ordenado por el cerebro ( otras veces, un reflejo como retirar la mano del fuego). En los primeros segundos no hay combustión. Cuando ya se ha vaciado el músculo de ATP y necesita urgentemente más energía no queda otro remedio que fermentar la glucosa que tiene el músculo de reserva. Es muy ineficiente, se gasta mucha glucosa. No importa, es suficiente para generar unos pocos ATP para que la actina se deslice sobre la miosina, unas veces acortando el músculo, el que hace la fuerza, otras alargándolo, el que se opone: son los antagonistas. Cuando cruza la meta en su sangre hay ácido láctico, el subproducto de la fermentación de la glucosa. No es mucho, pero no es conveniente tenerlo: acidifica la sangre y los tejidos. Hay que metabolizarlo para aprovechar toda esa energía residual en los enlaces de carbono. Es el metabolismo aeróbico. El atleta respira profundamente. Está resolviendo el desarreglo metabólico
[–>[–>[–>Durante esos 10 segundos, o los casi 40 segundos del cuatrocientos, todo el metabolismo fue anaerobio: los primeros segundos anaeróbico aláctico, porque aprovecha el ATP almacenado; desde entonces anaeróbico láctico. En esas contracciones solo participa un tipo de fibras en las que no se produce combustión, no tienen las calderas donde se queman los nutrientes. Solo son capaces de fermentar la glucosa, como se fermenta en las tinajas, pero no produce alcohol si no ácido láctico
[–> [–>[–>Las fibras musculares que pueden quemar oxígeno se caracterizan por recibir mucha sangre, son más rojas, y tener muchas mitocondrias, las calderas celulares. Allí se produce el milagro de la combustión interna. La glucosa y los ácidos grasos se descompones hasta que solo quede CO2 y agua. Es una suerte necesaria no producir otros residuos como azufre o partículas, que es lo que ocurre cuando quemamos combustibles fósiles. De no haber desarrollado este sistema estaríamos obligados a tener todo un sistema para deshacerse de los residuos. Ya tuvimos que resolver el problema del nitrógeno cuando quemamos proteínas, imposible de expulsar por la respiración. Hubo que inventar el sistema urinario. Pero no basta. Antes hay que crear la urea y eso lo sabe hacer el hígado. Un lío.
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Los atletas están de pie, amontonados en la pista, esperan el disparo. El espectador los compara con la imagen que recuerda de los velocistas : brazos de boxeador, piernas de futbolistas, cuellos de levantador de pesas. Estos son delgados, muslos y piernas finas, brazos casi esqueléticos. Es que apenas necesitan músculo de fuerza, su carrera depende de los músculos de resistencia, los que son capaces de quemar mucha glucosa, o grasa, para mantener mucho tiempo el ejercicio. El velocista hace pesas para agrandar cada una de sus fibras musculares, para que contengan más proteínas, más actina que se deslicen sobre la miosina y consigan una contracción potente que lo lance adelante, a gran velocidad. De ahí ese aspecto fornido. El fondista necesita tener muchas calderas. Son células residuales que habitan en cada fibra muscular con capacidad de reproducirse y lo hacen si se necesita. Células con su propio ADN, el ADN mitocondrial que se hereda de la madre. La demanda muscular aeróbica estimula la duplicación del ADN. Y ese mismo estímulo, que es la falta de oxígeno, provoca la creación de vasos sanguíneos: llegará más sangre, más oxígeno.
[–>[–>[–>Todos tenemos fibras de los dos tipos, en cada músculo en diferentes proporciones, también en diferentes proporciones dependiendo de la genética y el desarrollo. No hay mejores o peores músculos. En el ambiente primitivo dependíamos de la capacidad de acechar y de huir: metabolismo anaeróbico. Y parece ser que cazábamos por agotamiento de la presa: metabolismo aeróbico. Muy esquemáticamente: los arranques de aquel Romario, como ausente en el área, casi meditabundo, era la explosión anaeróbica aláctica. Como la del portero que se lanza, elástico y potente, a parar el balón. Otros recorren el campo incansables: aeróbica. O arrancan para recibir un pase a 40 metros: anaeróbica láctica.
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