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Nos vamos a fundir en un abrazo, porque para eso estamos, para querernos

Nos vamos a fundir en un abrazo, porque para eso estamos, para querernos
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  • Publishedjulio 21, 2026



Detrás de cada gran estrella del fútbol mundial siempre hay una conmovedora historia de sacrificio cultivada en el más absoluto anonimato. En el caso de Pedro Porroel lateral derecho que hoy deslumbra a Europa con su inmensa dedicación, esta humilde raíz tiene nombre propio: Antonio Sauceda.

De Don Benitoeste abuelo conmovió a todo el país con cariñosas declaraciones, demostrando que los éxitos de su nieto no se miden en títulos ni en contratos millonarios, sino en abrazos de espera tras la distancia.

La relación íntima entre Antonio y Pedro trasciende el marco estrictamente familiar; Es un pacto inquebrantable, forjado en el esfuerzo diario de Extremadura rural. “Nos vamos a fundir en un abrazo, porque para eso estamos, para querernos”, confesó Antonio visiblemente emocionado al imaginar el reencuentro con el talentoso futbolista.

Él mismo explicó la inmensa satisfacción que siente al ver a su nieto en lo más alto del panorama deportivo, recordando siempre a su compañero de vida: «Lo crié con mi mujer, que en paz descanse. Que triunfe es mi mayor esperanza, se lo merece».

Antonio recuerda con nostalgia el enorme impacto de su pérdida, diciendo que el día de su muerte, el propio Pedro dijo que su abuela no estaba muerta, sino que su madre había muerto. Es por ello que Antonio admite, con el corazón en la mano, que daría toda su vida para que ella pudiera vivir este momento histórico.

Pedro Porro:

Este meteórico viaje hacia la élite profesional comenzó en humildes campos de arcilla con entrañables promesas infantiles. Antonio cuenta con detalle cómo animó al pequeño Pedro cuando sólo tenía cuatro años: por cada gol marcado le prometía un caramelo y un euro.

Con una sonrisa en el rostro, recuerda que hubo tardes en las que el chico le marcó cinco goles y le dejó completamente sin dinero, obligándole los fines de semana a ir a buscar espárragos trigueros para venderlos y poder pagarle lo prometido.

A pesar del éxito, la repercusión mediática y la inmensa distancia que hoy les separa por compromisos internacionales, las viejas costumbres no cambian entre ellos. Pedro llama a su abuelo todos los días temprano en la mañana para informarle de todo.

Antonio explicó con inmenso orgullo que el futbolista le llamó temprano mientras estaba en el fisioterapeuta, simplemente para ver cómo estaba su salud, y no para contarle sus propias experiencias en la élite.

Aunque Antonio no pudo llegar a los partidos finales por orden médica debido a sus problemas respiratorios, su dinamismo fue un motor invisible desde la distancia. Él mismo dijo que recordó todo el proceso cuando vio marcar a su nieto: «Me quedé helado ante su gol, pero lo empujé hacia la portería desde la televisión de mi casa. Él vendrá a verme».

Para Antonio, el jugador no es un ídolo mundial inalcanzable, pero concluye entusiasmado diciendo que es «mi vida, mi corazón, mi esperanza y lo mejor que Dios me ha dado».



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