Observar al perro, sin palabras, es un acto meditativo
Alberto Delobos (Albacete, 1982), etólogo, hace de la observación científica su principal herramienta de trabajo. Autor del libro «Neuroetología canina», Delobos huye de los métodos tradicionales y del adiestramiento para centrarse en lo que denomina el «Método Base», una forma pionera de entender al animal a través de sus velocidades de movimiento físico y la neurociencia. El experto imparte hoy un seminario en la Casona de Almáciga (La Corredoria) que continúa por la tarde con una ruta de trabajo en Nava. Ambas actividades se engloban dentro de su iniciativa Proyecto Bienestar Canino, que arranca en Oviedo y recorrerá España para brindar conocimientos por una vida plena para la especie animal a la que acompaña.
[–>[–>[–>¿En qué se basa su metodología de trabajo con los perros?
[–> [–>[–>Soy etólogo y rehabilitador canino. Mi trabajo explora las bases neurales del comportamiento del perro en su hábitat natural. Trabajamos la velocidad de movimiento físico del perro porque tiene una equivalencia directa con su nivel de excitación. Entendemos que el perro está como se mueve. A diferencia de los humanos, en los animales no hay latencia ni narrativa; si están excitados se ve. No usamos comandos ni obediencia, tampoco refuerzos; solo observación y técnicas de modulación del estado nervioso para maximizar el bienestar del perro, que entendemos en qué estado está por como se mueve.
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Dice que el perro no tiene la «latencia» que tenemos los humanos. ¿A qué se refiere?
[–>[–>[–>En el humano hay latencia porque experimentas el mundo y lo entiendes a través de tus palabras. Un humano puede mentir o proyectar un estado en el que no está. En el resto de mamíferos no hay latencia porque carecen de esa narrativa. Si un perro está muy excitado, es observable; si está relajado, también. No hay interferencia.
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¿Por qué cuesta entender a los perros y tendemos a humanizarlos?
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[–>Es un sesgo inevitable e inherente al ser humano. Llevamos puestas las gafas de la perspectiva humana y proyectamos nuestra forma de procesar la vida y entendemos que ellos lo hacen igual. Sin embargo, las velocidades de movimiento son el lenguaje común de los mamíferos; todo el mundo reconoce que si alguien se mueve muy rápido en un contexto que no lo requiere, está sobreexcitado.
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¿Qué papel juega el perro en la salud mental del dueño según su visión?
[–>[–>[–>El perro es un cable a tierra para el humano porque hemos perdido los estándares de bienestar natural. Estamos todos «volados» por nuestra propia narrativa interna. Hay gente que llega al perro como quien llega al yoga. Observar al perro sin palabras es casi un acto de meditación. Es una burbuja de aire dentro de nuestra locura. El problema es que estamos tapando huecos y cubriendo nuestras propias carencias a través de los perros en relaciones que son unilaterales, porque nosotros somos los que hemos decidido llevárnoslos a vivir a nuestra casa. El error es pensar que el perro está aquí para nosotros y no nosotros para ellos.
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¿Llegaremos a ver bárbaro tener perros como en casa, en pisos, como mascotas?
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No lo tengo claro, pero espero que miremos atrás y nos demos cuenta de las barbaridades que hacemos con los animales. Por ejemplo, para alimentarnos, cuando hasta hace no demasiado no era así; teníamos relaciones mucho más naturales en las que estaba justificado alimentarse de animales, pero no en los términos actuales.
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¿Qué recomendación daría para aplicar hoy mismo en casa?
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Entender y leer el contexto en el que está el humano y perro y la importancia de las velocidades. En casa deberíamos estar relajados. Si te mueves por el pasillo y el perro no para de moverse detrás de ti esa velocidad no es acorde al contexto. El perro requiere trece horas de sueño profundo para no salir loco a la calle. Por eso, hay que facilitar el contexto al perro siempre: si corres, puede ser correcto que corra; si estás parado en una terraza, el perro no puede estar rebotando por las paredes.
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