Paisaje, potaje y paisanaje
En las fechas cercanas a la festividad de San Antón el llaconeru, 17 de xineru, me vienen a la memoria los recuerdos de unos días fríos, siempre fríos en La Foz de Morcín, coincidiendo con la celebración del festival del queso de afuega’l pitu. En una ocasión, con Gracia Noriega de pregonero, con Rafael Secades pujando en la subasta para llevarse a la ya desaparecida Fromagerie Babilonia la mejor pieza del roxu del Aramo o con Carlos Rubiera cantando a los mariñanes del concejo de Llanes, antes de dar forma a la simpar «Capitana».
[–>[–>[–>La Foz de Morcín es un pueblo tan popular como desconocido. Y digo popular por la mucha actividad que desarrolla, por las actividades de la Hermandad de la Virgen de La Probe y su galardón principesco, por la resonancia del festival quesero y sus beneficios para los elaboradores, y ahora, dignificando al nabo, que aunque suene con cierto regocijo, esta planta crucífera siempre fue santo y seña de la gastronomía del lugar, así como de la asturiana en general. Buenas hambrunas que evitó cuando escaseaban otros productos también asequibles o antes de aparecer la patata que precisamente en el ya lejano 2008 celebró su «año mundial».
[–> [–>[–>Pues en ello está la cofradía de Pepe Sariego y los muchos amigos de los nabos que los ensalzan, disponen de un nabar en el propio pueblo, los envasan ya elaborados con su compangu, rinden culto culinario en su honor y descubren lazos amistosos que les tienden desde otros muchos y recónditos pueblos peninsulares, pero no menos inquietos culturalmente que Morcín, concejo donde se dan los parámetros y características que destacaba Ramón Pérez de Ayala de «Paisaje, potaje y paisanaje».
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Y así dejará de ser desconocido para quien aún lo sea, porque anualmente nos obliga a visitarlo, a compartir amistad con gentes de la gastronomía y a ser testigos de los hermanamientos que hacen con otras cofradías, como lo fueron la de los Nabos de Portugal y lo serán las del Respigo de Cantabria o la pontevedresa dedicada a las Nabizas.
[–>[–>[–>Morcín y su cofradía gastronómica inauguraron la temporada de las celebraciones capitulares. Es la forma de dar a conocer sus actividades, de promocionar sus productos como si de un consejo regulador se tratase y, por supuesto, de mantener la amistad entre los pueblos que, como los aquí citados, apoyan su cultura gastronómica y con ello pretenden mantener y engrandecer la amistad de las gentes que conforman estas asociaciones tan peculiares, tan efectivas como pintorescas, pero muy digna su labor de ensalzar la gastronomía y los productos de cada lugar como ya queda dicho y, con ello, el beneficio de las localidades que las acogen.
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Solamente falta el apoyo institucional del Principado, que tarda demasiado en llegar, claro que como bien decía Don Camilo, simplemente que no coincide el tiempo de ellos con el nuestro.
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[–>Finalmente, nos falta el homenaje al santo patrono que es quien nos convoca, a San Antón, de quien asegura el refranero asturiano «que se enamoró de un gochu». Y todo por llevárselo junto a él hasta los altares cristianos.
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Otro refrán asegura que «a cerdo que es para boca de lobo, no hay San Antón que lo guarde».
[–>[–>[–>Así de claro y de certero es nuestro refranero.
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