PREMIOS GOYA | Histórico doblete de Jonathan Hevia en los Premios Goya de fotografía: «Si no fuera por mi mujer, no estaría dónde estoy»
El riosellano Jonathan Hevia ha logrado algo que no sucedía en los Premios Goya de fotografía desde hacía 15 años: ganar dos estatuillas en la misma edición. Ya suma cinco, lo que le convierte en el profesional con más galardones de la historia de estos premios. Pero en el fragor de la gala, lo que ha quedado grabado en su memoria no es el peso del metal (más de 4 kilos cada estatuilla), sino la imagen de su hijo Lorenzo, de 5 años, de pie sobre una butaca, celebrando su triunfo.
[–>[–>[–>«Si algo recordaré en unos años, no serán las estatuillas, sino ver toda aquella cantidad de gente y a Lorenzo de pie en su butaca, levantando la mano como si Cristiano fuera a tirar un penalti», relata. Esa conexión directa, «él conmigo, yo con él», resume mejor que cualquier discurso el espíritu con el que Jonathan Hevia, miembro de una familia que se inició en la fotografía hace más de cien años, entiende su oficio: un arte que empieza en lo doméstico y que, por extensión, busca la misma verdad en las bodas, comuniones o sesiones de estudio que conforman su día a día.
[–> [–>[–>Un torbellino de emociones
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La velada fue un torbellino de emociones. El primer Goya llegó por una fotografía infantil de Lorenzo. Para Hevia, aquello ya era «lo más de lo más», admite. Pero llegó el segundo galardón y le desbordó: «Ya no veía nada. Se me nubló todo. No sabía con qué foto había ganado, no distinguía dónde estaban los míos…», recuerda con la emoción de quien ha vivido un sueño.
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La escena tenía un poso que conectaba directamente con la edición anterior, cuando Hevia acudió a la gala con su mujer, Emma Alonso, y sus dos hijos, y regresó a casa sin premio. Fue una decepción que le supo «peor que ninguna» al ver las caras de los pequeños. De aquella noche, sin embargo, extrajo una lección gracias a Lorenzo. «Le dije que me daba pena no haber ganado un Goya para dedicárselo a él, y me contestó: ‘Pero si yo ya tengo un premio. Me lo dieron en el cole por portarme bien’», rememora el fotógrafo. Aquello le hizo poner los pies en la tierra y reafirmó su filosofía de que los reconocimientos son efímeros comparados con lo que realmente importa.
[–>[–>[–>Impulso adolescente
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Su hija Carlota, de 15 años, a quien ha llevado desde pequeña a premios y platós, le recriminó cariñosamente porque desde el escenario le pidió «permiso» para dedicar el primer premio a Lorenzo. «¿Cómo que con mi permiso, y si no te doy permiso?», le espetó ella.
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En ese equilibrio familiar reside, según Hevia, la clave de todo. «Si no fuera por mi mujer, no estaría dónde estoy». La conoció cuando él tenía 15 años y ella 14. «Ahí empecé a hacer fotos y fotos, porque pensé: ‘No sé lo que va a durar esto, pero al menos déjame quedarme con un buen recuerdo’». Aquel impulso adolescente se convirtió en pasión y en profesión. Décadas después, ella sigue siendo «un peso crucial» en su carrera.
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[–>Un «fotógrafo de barrio»
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El fotógrafo, que sumó siete nominaciones a los Goya de este año, admite que ya tiene «alguna idea» para la próxima edición, aunque sabe que las mejores imágenes surgen sin presión, en el día a día. Se define como «fotógrafo de barrio» y que confiesa que cada vez que sube a recoger un premio lo pasa peor que en el anterior. En el recuerdo, la noche en la que todo se nubló a su alrededor, con la imagen de su hijo saltando de alegría.
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