PREMIOS PRINCESA DE ASTURIAS 2026
El expresecretario general de la ONU Ban Ki-moon la describió una vez como «un símbolo inspirador de paz y seguridad alimentaria para toda la humanidad». A medio camino entre un refugio de villanos de una película de James Bond y de un proyecto de dimensiones bíblicas por su afán de convertirse en el refugio final de la biodiversidad vegetal ante cualquier desastre, la Bóveda Global de Semillas de Svalbard, conocida popularmente como banco mundial, acaba de ser reconocida con el Premio «Princesa de Asturias» de Cooperación Internacional 2026. En una isla en medio del océnao Ártico, se trata de el mayor y más seguro depósito de diversidad agrícola del planeta, conocido como la «cámara del fin del mundo» o el «Arca de Noé» de las semillas.
[–>[–>[–>Excavada a 130 metros de profundidad en la roca en el archipiélago noruego de Svalbard, a mil kilómetros del Polo Norte, la bóveda custodia más de 1,3 millones de muestras de semillas procedentes de todo el mundo. Su misión es actuar como copia de seguridad definitiva del patrimonio genético alimentario de la humanidad frente a cualquier catástrofe.
[–> [–>[–>La institución nació de la mano de Cary Fowler, agrónomo estadounidense que propuso el proyecto al Gobierno de Noruega y dirigió el comité internacional que lo puso en marcha. Fowler organizó los primeros depósitos de bancos genéticos de todo el mundo y aseguró la financiación. La gestión de la Bóveda recae en la actualidad en un acuerdo entre el Ministerio de Agricultura noruego, el Centro Nórdico de Recursos Genéticos (NordGen) y la organización internacional Crop Trust, encargada de gestionar los recursos.
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Inaugurada en febrero de 2008 con 320.000 muestras, el banco mundial de semillas ha mostrado ya su utilidad cuando en 2015 la guerra en Siria destruyó el banco de semillas del Centro Internacional de Investigación Agrícola para las Zonas Áridas (ICARDA) en Alepo, que albergaba 148.000 variedades adaptadas a climas secos. El 80% de sus duplicados estaban a salvo en Svalbard, y se pudo reconstituir la colección en nuevas sedes en el Líbano y Marruecos.
[–>[–>[–>La bóveda tampoco ha sido inmune a la mayor amenaza que combate. En 2017, el deshielo del permafrost ártico inundó el túnel de acceso, obligando a una renovación de emergencia de 13 millones de dólares.
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En sus diecisiete años de historia, la bóveda ha vivido momentos muy simbólicos: agricultores quechuas de los Andes que en 2017 despidieron sus semillas sagradas de patata con canciones y rezos; la Nación Cherokee, que en 2020 depositó nueve variedades de cultivos anteriores a la colonización europea; el enviado del Papa Francisco, que llegó en 2022 con un libro hecho a mano. Como escribió la investigadora de la Universidad de Boston Adriana Craciun, «hay mucho interés en la bóveda que en el fondo no tiene nada que ver con las semillas, sino con la salvación».
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[–>En el caso de España ya se han despositado 1.080 variedades, incluyendo 300 cereales de invierno, 510 leguminosas, 200 hortícolas y 108 variedades de maíces. El objetivo es que, en una década, el 40% de las colecciones activas conservadas en los 15 bancos de semillas distribuidos por el territorio nacional tengan copia en Svalbard.
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