Se ha cruzado un punto de no retorno
Europa ha respirado esta semana. Lo peor parece haberse evitado, pero nadie sabe cuánto durará la aparente distensión. Esta misma semana, durante su estancia en Davos, Donald Trump rebajó sus amenazas para apoderarse de Groenlandia y abrió la puerta a un posible compromiso con Dinamarca que pasaría por una mayor presencia militar de Estados Unidos en isla de soberanía danesa. Europa ha guardado por el momento sus cartuchos, pero pocos parecen hacerse demasiadas ilusiones. Si algo ha quedado claro también durante el Foro Económico Mundial es que la confianza con Washington se ha roto y la relación podría quebrarse en cualquier momento, si es que no lo ha hecho ya. El continente se ha hartado de las amenazas, las coacciones, la falta de respeto y la subordinación que exige Trump. La alianza transatlántica, reconoció el viernes Kaja Kallas, la jefa de la diplomacia europea, «ha sufrido un gran golpe».
[–>[–>[–>Esa sensación lleva algún tiempo tomando forma. Europa reconoce ya abiertamente que el mundo ha cambiado. El orden liberal de los últimos 80 años, en el que tenía un papel prominente, está dejando paso a «un mundo sin ley», como lo describió el presidente francés Emmanuel Macron, «en el que se desobedece la ley internacional y resurgen las ambiciones imperialistas». En esa nueva realidad EEUU ya no es parte de la solución sino del problema, un depredador dispuesto a llevarse por delante a cualquiera que se interponga en su camino. «Las décadas de la Pax Americana han llegado a su fin y, para nosotros en Europa y en Alemania, ya no existe tal y como la conocíamos», reconoció a mediados de diciembre el canciller alemán, Friedrich Merz, durante el congreso de su partido, la CDU. «¡Es un hecho! Los estadounidenses defienden con dureza sus intereses y no podemos responder de otra manera que defendiendo también los nuestros».
[–> [–>[–>Esa fue también una de las conclusiones de la reunión extraordinaria celebrada el jueves por los líderes europeos, convocada ante la amenaza de nuevos aranceles de Trump por la oposición europea a sus planes en Groenlandia que el republicano retiró horas antes de la cumbre. De acuerdo con fuentes diplomáticas citadas por ‘Politico’, los dirigentes salieron de la reunión con la asunción tácita de que las pautas y códigos que han unido a estadounidenses y europeos desde la Segunda Guerra Mundial han pasado a mejor vida. «Vivimos una ruptura del tipo de relación transatlántica que hemos conocido desde 1945″, asegura a EL PERIÓDICO el vicepresidente del Parlamento europeo, Javi López.
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Dudas sobre la política de apaciguamiento
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«No sé si el acuerdo de (Mark) Rutte logrará desescalar la situación, pero hay una sensación generalizada de que se ha cruzado un punto de no retorno en la relación transatlántica y el apaciguamiento no ha funcionado», añade refiriéndose al acuerdo entre Trump y el secretario general de la OTAN, para buscar una solución negociada al contencioso por Groenlandia. Esa política de apaciguamiento, un nombre que remite a la estrategia seguida por algunas potencias europeas con Hitler hasta que invadió toda Checoslovaquia, ha sido también la norma con Trump desde que llegó a la Casa Blanca.
[–>[–>[–>En el año transcurrido desde entonces, Europa ha recurrido a los halagos y a las promesas para comprar más productos, energía y armas estadounidense. Se ha tragado los aranceles de la Casa Blanca y ha aceptado sus continuas humillaciones o su alineamiento casi total con Vladímir Putin en Ucrania. Pero los zarpazos por Groenlandia parecen haber colmado el vaso.
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«Intentamos apaciguar al nuevo presidente en la Casa Blanca. Al depender de EEUU, optamos por ser indulgentes», dijo también en Davos el primer ministro belga, Bart de Wever. «Pero se están cruzando tantas líneas rojas tienes que elegir: ser un vasallo feliz es una cosa; ser un esclavo miserable es otra muy distinta».
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[–>«Nueva Europa independiente»
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La confianza en el amigo americano ha tocado fondo. «Nadie puede garantizar ya que EEUU vaya proteger a Europa en caso de ataque y parece evidente que la lógica de la coacción constante no ha parado», asegura López. «Además hay una voluntad inequívoca de manipular e influenciar los sistemas políticos europeos para impulsar cambios de régimen a través de sus satélites de la extrema derecha». Esa idea no es una conspiración fantasiosa, sino que aparece abiertamente detallada en la Estrategia de Seguridad Nacional presentada por la Casa Blanca a finales del año pasado.
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La ofensiva norteamericana está uniendo al continente. Hasta una parte de la ultraderecha ha rechazado de plano la coacción de Washington. Desde hace meses en Bruselas y Estrasburgo se preparan planes de contingencia. Desde mecanismos para reforzar la disuasión a una diversificación de las alianzas internacionales, como el reciente acuerdo con Mercosur. Desde el «bazuca comercial» al desarrollo de una industria militar propia para reducir la dependencia de EEUU.
[–>[–>[–>«Es momento de aprovechar la oportunidad y construir una nueva Europa independiente», repitió esta semana la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen. La alternativa la dejo muy clara el primer ministro canadiense, Mark Carney, en su celebrado discurso de Davos. En este nuevo mundo, dijo, «estás en la mesa o estás en el menú».
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