Somos un centro acogedor para todo el alumnado; tiene que haber amabilidad, respuesta a lo que necesitan y la sensación de que este es su sitio
El director del Instituto de Enseñanza Secundaria Carmen y Severo Ochoa de Luarca, Jesús Fernández (Luarca, 1971), profesor de Tecnología e ingeniero agrónomo de estudios, afrontará un nuevo mandato de cuatro años en un centro que se ha consolidado como referencia educativa del Occidente asturiano. Con 488 alumnos y 76 profesores, todos los bachilleratos y cinco ciclos de Formación Profesional, el instituto presume de oferta, integración y vocación comarcal.
[–>[–>[–>Pero también lanza dos avisos claros: la necesidad de incorporar más especialistas para responder al aumento de problemas de salud mental y dificultades educativas concretas, y la urgencia de una intervención seria en un edificio con 65 años que arrastra problemas en fachadas, envolvente e instalación eléctrica.
[–> [–>[–>-¿Pesan tantos años como director?
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-Los directores están por mandatos de cuatro años y nosotros estamos en el quinto. Este año renovamos otros cuatro más. Renuevo yo como director y también el equipo. Hay cosas pendientes. El trabajo de dirección cada vez es más difícil. Todos los directores ven que, de alguna manera, se disfruta, pero sobre todo se sufre. Es complicado justificar por qué uno se mantiene en la dirección, porque seguramente sería más fácil vivir no estando. Pero hay una implicación con el centro y con el entorno. Este instituto siempre tuvo directores del concejo y yo soy de los pocos profesores del entorno que está estable en el centro y con disponibilidad para asumir esa responsabilidad. Además, tengo ilusión por buscar solución y camino al desarrollo de los jóvenes de nuestro entorno y durante esta etapa cambiante y trascendental que es la adolescencia.
[–>[–>[–>-Cuando habla de que «se sufre», ¿a qué se refiere? ¿Hay más tensión, más casos de ansiedad, bullying o problemas de salud mental?
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-En los centros educativos, el tema de la salud mental llega con mucha fuerza y con mucha preocupación. Antes podía haber casos individuales, pero no era algo tan presente dentro del sistema. Ahora está ahí, está diagnosticado y hay un número de casos con riesgo de suicidio en todos los centros. Es un problema extendido en la juventud. Creo que los psicólogos y sociólogos tienen mucho que decir al respecto. A los docentes nos toca gestionar las situaciones siguiendo las indicaciones que estos especialistas nos facilitan. No aporta nada que todos sentemos cátedra de los múltiples problemas que nos rodean cuando tenemos la oportunidad de expresarnos. Veo muy apropiado que cada profesional se centre en su ámbito.
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[–>La directora del único centro educativo con Bachillerato de Valdés, posa en un aula. / Miki López
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-¿Y qué están haciendo ustedes para abordar esta compleja situación?
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-Lo primero es intentar que haya el mejor clima posible. Como medida preventiva, queremos que todo el alumnado sienta el centro como un espacio donde interesa estar en esta etapa de la vida. Si tienes entre 12 y 18 años, el instituto debe ser un sitio donde quieras estar, donde estés cómodo y al que quieras venir. Tiene que haber amabilidad, respuesta a lo que necesitan y la sensación de que este es su sitio, insisto. Muchos alumnos con problemas vienen al instituto porque, en el fondo, es donde tienen que querer estar.
[–>[–>[–>-¿Cuáles diría que son hoy los puntos fuertes del instituto de Luarca?
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-Precisamente ese: ser un centro acogedor para todo el alumnado, al margen de sus condiciones y particularidades, ya sea por procedencia, sensibilidades distintas, discapacidad o cualquier otra circunstancia. Estamos consiguiendo una integración importante. El reto no es solo que estén aquí, sino sacar el máximo potencial de cada uno. Y ahí está la principal dificultad del profesorado: responder a diferencias muy grandes.
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«No hay discriminación por estar en la zona rural»
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– ¿Cómo viven esa dicotomía entre centro rural y centro urbano? ¿Tienen menos recursos por estar en esta zona, alejada del Centro de Asturias?
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-No tengo la sensación de que haya discriminación por estar en una zona rural. La ratio de profesorado es la que corresponde y la oferta, para el tamaño de nuestro entorno, es rica. Tenemos todos los bachilleratos y cinco formaciones profesionales. Siempre se pueden mejorar cosas, pero no me siento discriminado.
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-¿Entonces no observa que lleguen menos recursos por estar en Luarca y no en una ciudad más grande?
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-No. A veces pecamos nosotros mismos de esa lejanía y parece que nos marginamos. Cuando se organiza algo en Oviedo o en Madrid, a veces da la impresión de que desde el Occidente no estamos, cuando en realidad no estamos tan lejos. Pero como centro educativo, no veo un problema especial de discriminación.
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La dispersión, una dificultad
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-¿Dónde sí hay una dificultad clara?
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– En la dispersión. Dentro del propio municipio ya se nota. Si un alumno vive en determinado pueblo, si no hay disponibilidad familiar para venir por la tarde a refuerzos, a la Escuela de Idiomas o al Conservatorio, se le complican más las cosas que a quien vive en el núcleo urbano.
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-¿Qué hacen para paliarlo?
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-Desde el centro, y en colaboración con el Ayuntamiento, damos facilidades para que el alumnado pueda quedarse a comer aquí. El programa municipal de conciliación también llega al instituto y el PROA cuenta con profesorado de apoyo. Así pueden quedarse hasta las cuatro y media atendidos. Hay comedor; traen su táper y lo dejan en conserjería. Puede haber ocho o diez alumnos que acepten esta fórmula, dependiendo del día. Hay alumnado que se queda por la tarde porque tiene Escuela de Idiomas, por ejemplo. Comen, hacen la tarea y evitan desplazamientos que les complicarían muchísimo la jornada.
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Jesús Fernández, más conocido como ‘Susi’, durante un momento de la entrevista. / Miki López
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-El instituto puede presumir de tener todos los bachilleratos.
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-Sí, tenemos todos los bachilleratos, y eso nos convierte en un centro con una oferta comarcal. Cualquiera que quiera hacer el Bachillerato de Artes en el Occidente tiene que venir aquí. En este sentido, el transporte entre Vegadeo y Luarca está funcionando bien y lo notamos en la matrícula. Tenemos alumnado que estudia aquí gracias a ese servicio de transporte.
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– ¿Ve en riesgo el Bachillerato de Artes, que suele depender mucho del número de alumnos?
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-No. Es verdad que hay años con menos alumnado y otros con más. Para el próximo curso incluso hay expectativa de que pueda salir dentro de Artes la vía musical. Ojalá pueda. Si se pide y hay tres alumnos, la Consejería de Educación nos lo facilita.
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-La FP ha crecido en estos años. ¿Quieren seguir ampliándola?
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-Sí. Tenemos margen de crecimiento, también en espacio. Este centro fue muy grande y aún tiene capacidad. Ahora mismo rondamos los 488 alumnos y unos 76 profesores. Hay más demanda que antes. No más que de Bachillerato, pero sí más de la que había hace años. La FP vive un auge porque se percibe que tiene muy buena salida laboral.
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-¿Qué criterio siguen para crecer en oferta formativa?
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– No se trata de crear por crear. Hay que saber en qué sectores hay demanda real y si luego eso puede mantenerse. A veces, se oferta algo con muy buena intención y luego no tiene tirón. Las dos últimas enseñanzas que incorporamos salieron muy bien, eso sí: Soldadura y Cuidados Auxiliares de Enfermería.
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-En todo caso, si pudiera pedir una FP nueva, ¿cuál sería?
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– No me gustaría pedir por pedir. Hay que mirar bien la realidad de la comarca y también la oferta que ya existe en otros lugares. Por ejemplo, un ciclo forestal puede parecer lógico, pero si ya existe en Tineo y apenas va alumnado de aquí, no tiene sentido montar otro para dos o tres alumnos. Lo que sí vemos con interés es trabajar con fórmulas más flexibles: certificados de profesionalidad o grados más pequeños que permiten adaptarse mejor.
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«Hay una relación viva con el legado de Severo Ochoa»
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-El nombre del centro, Carmen y Severo Ochoa, ¿sigue pesando mucho?
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-(Risas) Claro. Nosotros siempre defendemos que no es solo que llevemos ese nombre, sino que tenemos un vínculo real con Severo Ochoa. Él pasó por esta sala de profesores, aquí hubo profesorado que lo conoció y, además, cada año se sigue aportando dinero para becas a los mejores alumnos de Bachillerato. No es solo un nombre: hay una relación viva con ese legado.
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– Si pudiera pedir dos cosas para la Educación ahora mismo, ¿cuáles serían?
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-Lo tengo claro. Primero, apoyo de especialistas para ayudar en el desarrollo educativo del alumnado con dificultades muy concretas. Tenemos diagnósticos, pero hace falta saber cómo afrontar cada caso concreto. Y eso hoy recae sobre el profesorado, que necesita pautas claras y específicas. No se puede pedir a un profesor que sea especialista en todas las dificultades.
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El director del instituto Luarqués posa a la entrada del centro. / Miki López
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-¿Habla de terapeutas ocupacionales y psicólogos?
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-Exactamente. Alguien que no venga una vez y se vaya, sino que haga un seguimiento, vea al alumno cada cierto tiempo y dé pautas concretas al profesorado: qué hacer este mes, estas dos semanas, cómo ajustar la respuesta educativa. Ese apoyo mejoraría mucho el rendimiento del alumnado con dificultades.
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-¿Y la segunda petición?
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-En nuestro caso, una intervención de la Consejería en un edificio que tiene 65 años. Estamos esperando un proyecto de actualización serio. Necesita una reforman integral. Tenemos problemas en fachadas, en la envolvente, en las ventanas y también en la instalación eléctrica. Hay desprendimientos en el exterior y la estructura general del edificio requiere una actualización que va mucho más allá del mantenimiento ordinario. No es lo mismo mantener un edificio de 15 años que uno de 65. La Consejería es conocedora. No hay ninguna duda de que existe ese problema. No quiero ser brusco, pero lo cierto es que estamos esperando una intervención seria.
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-Usted es también concejal de gobierno en Valdés. ¿Esa doble faceta, le genera algún conflicto en el centro?
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– No, porque no llevo ningún área relacionada con Educación. Además, los intereses, al margen de la concejalía, son los mismos: disponer del mejor sistema educativo posible. Más que una fricción, lo interpreto como una facilidad para el entendimiento.
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-¿Cómo es la relación entre el instituto y el Ayuntamiento de Valdés?
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-Muy estrecha y muy positiva. Aquí siempre hubo una colaboración fuerte. El Ayuntamiento impulsa la Semana de la Ciencia, concede becas propias para alumnado del instituto y siempre muestra disposición para facilitar cosas. El instituto no se ve como una entidad ajena, sino cercana.
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– ¿Le preocupa la despoblación y una posible caída del alumnado?
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-Ahora mismo no estamos cayendo. Estamos bastante estables. Puede haber bajadas por remesas en la ESO, pero se compensan con la atracción de alumnado de FP. De hecho, buena parte del alumnado de FP no es de Valdés.
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– ¿Puede haber sinergias con proyectos del entorno, como los futuros proyecto, polo de innovación o residencia de mayores?
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-Sí, sin duda. Cualquier iniciativa de ese tipo en la zona debe generar sinergias positivas para un centro educativo. Igual que las puede generar la residencia, por ejemplo, teniendo nosotros Cuidados Auxiliares de Enfermería. Todo lo que haya cerca facilita relación, prácticas, actividades y colaboración.
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-También han impulsado, gracias a la autonomía de centro, una asignatura de voluntariado. ¿Cómo surgió y qué objetivo está logrando?
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– Surgió desde el centro. Ya había una coordinación entre entidades de voluntariado de Valdés (Cruz Roja, centro de mayores, ABHAL y otras) y cuando la nueva ley permitió crear una materia propia pensamos en esa opción. Este es el segundo año que se imparte y está funcionando muy bien. El alumnado descubre un mundo que a esas edades normalmente desconoce.
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Instituto de Educación Secundaria Carmen y Severo Ochoa, situado en Villar de Luarca. / Miki López
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-Hay otro dato llamativo en la FP del instituto de Luarca: la presencia de chicos y chicas en todos los ciclos, incluso los tradicionalmente masculinizados.
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-Sí, y estamos muy contentos con eso. En los cinco ciclos formativos hay chicos y chicas, incluso en aquellos donde tradicionalmente hay más segregación, como mecánica o soldadura, o en otros con tendencia más femenina, como cuidados auxiliares. Eso no es tan habitual y creemos que es fruto de un trabajo de coeducación que no siempre se presenta con grandes etiquetas, pero que impregna el día a día del centro.
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-¿Qué la pediría a las familias?
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-Que trasmitan a sus hijos confianza y respeto en el profesorado como gran referente del sistema educativo. Los problemas y conflictos son inevitables. Surgen en la convivencia de todo un curso escolar, tanto entre alumnos como con profesores, pero se aprecian grandes diferencias en la solución según cómo la familia lo afronta y colabora en la intervención que corresponda. Me atrevería a decir que cuando se cita a una familia, si esta comparte con su hijo expresiones como «a ver que quiere este ahora», dificultan enormemente la solución a problemas, al no valorar como corresponde la figura del profesor. Hay muchas familias que entienden perfectamente la necesidad de afrontar estas situaciones como un trabajo en equipo entre familia y profesorado, que es lo deseable cívicamente y por el bien del propio alumnado.
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-¿Le queda algo por decir?
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-Me gustaría señalar que para mí un centro educativo es un entorno de responsabilidad compartida entre todos los profesionales que trabajamos en él. Del desempeño de cada uno de nosotros, docentes y no docentes, depende el buen funcionamiento para que el alumnado tenga la mejor experiencia posible en estas etapas educativas. Son muchas las responsabilidades que se distribuyen, desde coordinaciones de proyectos, de bienestar, de jefaturas de departamento y la propia dirección, que requieren asumir unas responsabilidades extra a la del desempeño inicial, la docencia. Es muy positivo que haya voluntariedad y disponibilidad entre el profesorado para el desarrollo de estos cargos que sino, deben imponerse de oficio, como esta ocurriendo en multitud de centros. En nuestro caso, hasta ahora el profesorado se involucra muhco, y eso es muy positivo para un buen funcionamiento. En mi caso, creo que he ido asumiendo la mayoría de estas responsabilidades cuando fueron surgiendo, y ahora desde la dirección me ilusiona formar parte de una comunidad en la que el desarrollo educativo y personal del alumnado, es el referente. Resulta especialmente importante el apoyo al alumnado que sufre circunstancias adversas y que supone importantes retos a diario.
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