¿Tiene España que repensar su inversión en infraestructuras?
Roger McNamee es un empresario, inversor y músico estadounidense, fundador, junto al cantante Bono, de la firma de capital riesgo Elevation Partners, que defiende que “hay que dejar de pensar en las infraestructuras como un estímulo económico y empezar a considerarlas como una estrategia. Los estímulos económicos generan puentes sin propósito. “La inversión estratégica en infraestructuras crea una base para el crecimiento a largo plazo”. Funcas, uno de los principales think tanks económicos del país, acaba de publicar el libro «España, ante la necesidad de repensar su inversión en infraestructura». Coordinado por los economistas Ginés de Rus y Carlos Ocaña, es un trabajo colectivo que llega en medio de una crisis -mayor o menor- de infraestructura. Los autores identifican cuatro grandes áreas: transporte, energía, agua y telecomunicaciones y digital. España, escriben Anna Matas y José Manuel Velasco, tiene una gran y muy desarrollada Red de infraestructuras de transporte. Tiene problemas de exceso de capacidad y baja utilización de activos y déficit de mantenimiento. Proponen reorientar la política hacia la eficiencia económica y evitar inversiones guiadas por criterios políticos. Diego Rodríguez aborda el papel de las infraestructuras en la transición hacia un sistema descarbonizado y electrificado. Advierte sobre los riesgos de una planificación insuficiente (inestabilidad y apagones) y defiende una regulación que fomente la inversión eficiente.
Alberto Garrido, Irene Blanco, Luis Garrote y Enrique Cabrera abogan por una gestión del agua basada en criterios económicos, ambientales y de equidad, tras comprobar que la falta de determinadas inversiones «ha aumentado la vulnerabilidad ante sequías y episodios extremos», como las inundaciones. Finalmente, Íñigo Herrera, Pilar Rodríguez y Jorge Pérez confirman que España se encuentra en una posición avanzada en infraestructuras digitales, con alta cobertura de fibra óptica y redes móviles, algo que constituye una «ventaja competitiva». Sin embargo, recomiendan afrontar los desafíos asociados a la ciberseguridad y pedir marcos regulatorios que fomenten la competencia, la inversión y el acceso equitativo, porque también es estratégico, como dice McNamee.
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