Tomás Hijo ilustra en Avilés fantasía con linóleo
Tomás Hijo es pura fantasía. Tomás Sánchez Hernández, sin embargo, es más realidad que otra cosa. Los dos, al alimón, son la misma persona: uno es ilustrador y el otro, el que sale en su DNI. “Siendo Tomás Sánchez Hernández de normal, había que meter una nota de color. Bueno, es la típica chorrada que los colegas; cuando eres pequeño, llaman a casa y como tu padre se llama igual y tiene la misma voz, dice: ‘¿Padre o hijo’”. Y se quedó con lo de “Hijo”.
[–>[–>[–>En todo caso, Hijo estos días anda por Avilés. Porque es el autor del cartel de la décimo quinta edición del Festival Celsius 232 de fantasía, ciencia ficción y terror y también porque expone sus grabados en linóleo en el vestíbulo de acceso al auditorio de la Casa de Cultura. “Es la más importante que he hecho”, confirma. Él, que es autor ya de ilustraciones de “un centenar de libros”: desde “Frankenstein” al universo de H. P. Lovecraft. Cuando llega su cita con LA NUEVA ESPAÑA, Hijo está haciendo apuntes para un brujo a tinta y papel. O algo así. No lo especifica. Lo que sí que especifica es la naturaleza de sus creaciones. Que son buenamente fantásticas.
[–> [–>[–>Cuenta que su exposición en el Celsius es una iniciativa “del propio Festival”. Cuenta también que una vez que entregó el cartel, le sugirieron “la posibilidad” de la muestra. Y no lo dudó: “Era una oportunidad buena también para mostrar el grabado original en el que está basado el cartel, que es la primera pieza que tiene la exposición”. Y sigue contando que cuando el proyecto se convirtió en realidad fue feliz: “Es mi festival favorito. Llevo viniendo años y estoy encantadísimo”.
[–>[–>[–>
En el cartel hay una esfinge central que Hijo considera que concentra “el espíritu del festival”: la capacidad de contar y la capacidad de hacerlo desde el punto de vista de la ficción, la fantasía y el terror. “Al final puede que la ciencia ficción se me haya quedado un poco fuera, porque era un poco difícil aglutinarlo todo, pero a mí me pareció que era chulo hacer como una cosa que fuera sobre contar historias. Y entonces lo que se me ocurrió fue meter a la esfinge esta, que es como un símbolo mitológico antiguo de la contadora de historias. Para encarnar distintos personajes, le puse todas esas máscaras que está agarrando con todos sus brazos”.
[–>[–>[–>La ilustración
[–>[–>[–>
Hijo explica que “es difícil vivir de la ilustración, pero no imposible”. Y el ejemplo que pone para ilustrar esta circunstancia es él mismo: “Vivo de la ilustración”: “Yo trabajaba hasta hace poco como profesor de universidad y mi ‘hobby’, digamos, o mi trabajo secundario era ilustrar”, cuenta. Y, después confiesa: “He podido vivir siempre de ilustración porque yo empecé haciendo libros escolares de joven: de Matemáticas, de Conocimiento del Medio… Si hacías muchos libros al año, pues ya te daba para vivir. Ahora hago otro tipo de libros, pero afortunadamente sí se puede”. Explica que su profesión se ha diversificado mucho: videojuegos, animación, moda, tatuaje, arte urbano… “Es más fácil vivir la ilustración, yo creo, que de la literatura”, señala.
[–>[–>[–>
El autor del póster ha dibujado robots, brujos, vampiros, Cthulhus. “Siempre he tenido mucho interés y mucha fascinación por las leyendas, por la fantasía, por la ciencia ficción. Yo tenía un abuelo que era un buen contador de historias buenísimo. Soy de Salamanca y me contaba leyendas de Salamanca, cosas que tenía cierto corte fantástico. Y luego siempre me gustó mucho desde pequeño ‘El Señor de los Anillos’, Lovecraft, todo esto”. “Siempre he intentado tirar por ahí, pero lo que prefiero es variar”.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí