Tú cuídate Amaia, aquí nosotros estaremos bien
“El viaje Copperpot” no fue un disco más. Los expertos en analizar carreras musicales de éxito suelen decir que el segundo álbum de una banda marca en buena medida su camino. Es el que, de alguna manera, demuestra si hay talento o solo ha sido la suerte un único hit lo que ha llevado al grupo a la fama. Este segundo disco de La Oreja de Van Gogh se estrenó en septiembre del año 2000 y ayer, 26 años después, volvió a ser el protagonista de su regreso a Gijón. Los donostiarras usaron muchas de las canciones de este CD para encandilar al público que abarrotó el primer concierto del Gijón Life en el parque Hermanos Castro. El morbo de ver de nuevo a Amaia Montero sobre el escenario con la banda a la que dejó tirada siete años después de “Cuídate” hizo que el concierto fuera todo un éxito.
[–>[–>[–>Y precisamente fue “El viaje de Copperpot” junto con “Lo que te conté mientras te hacías la dormida” lo bueno de un concierto en el que cuatro de los fundadores originales de la banda (Pablo Benegas no quiso participar en este regreso) tocaron algunos de sus temas más míticos pasando de largo por los 18 años en los que Leire Martínez fue la vocalista del grupo. Ni “Inmortal”, ni “Jueves” ni “La niña que llora en tus fiestas” ni “El primer día del resto de mi vida” se incluyeron en set list que dejó bastante claro que el público asistente estaba formado, en su mayor parte, por espectadores que querían volver a ver a la banda de siempre pero que no ha seguido al grupo en los últimos años. Es decir: han cambiado a sus fieles y sus ganas de hacer música por la rentabilidad de hacer una banda tributo. Mientras que “La playa” o “Rosas” fueron ampliamente coreadas casi nadie se sabía “La chica del gorro azul” o “Nadie como tú”.
[–> [–>[–>Amaia lo dio todo en el escenario. Eso no se puede negar. La voz sonó correcta, casi casi la Amaia de siempre por mucho que se rumoreara por redes sociales que no estaba en su mejor momento. Pero la donostiarra no acabó de conectar con un público engañado por la falsa idea de que la cantante llevaba dos décadas sin subirse a un escenario. Porque eso no es cierto. Amaia sacó cuatro discos de estudio en solitario (“Amaia Montero”, “2”, “Si Dios quiere yo también” y “Nacidos para creer”). Y se fue de gira. Y vino incluso a Gijón. La última vez a las fiestas del Grupo Covadonga en donde se pudo escuchar “Rosas” o “20 de enero” porque ella las seguía cantando con su voz. Si muchos de los que ahora reclaman su vuelta hubieran estado cuando ella necesitaba su público quizá no hubiéramos llegado hasta aquí.
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Mientras, Leire Martínez sigue su gira ya en solitario. Y la diferencia de público entre unos y otra es bastante evidente. Hace unos días en Plasencia durante un concierto cientos de personas corearon “Verano” para reivindicar una de las canciones más olvidadas de La Oreja de Van Gogh que la cantante no había incluido en su repertorio. Apuesto a que ni la mitad de los que ayer estaban en Hermanos Castro sabrían decir dos estrofas de esa canción. Pocos habrán tenido el gusto de disfrutar de “Un susurro en la tormenta”, el último disco del grupo que llegó hace seis años y ya en horas bajas.
[–>[–>[–>Acabará la gira. Se apagarán los focos y tocará pensar si todo esto mereció la pena y si puede haber algo más. Gracias por habernos hecho volver a Copperpot Amaia pero creo que el precio a pagar ha sido demasiado alto. Cuídate, nosotros aquí estaremos bien.
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