una aeronáutica polaca inicia un plan para producir en Burgos robots aéreos de vigilancia y ataque
Drones de ala fija de diversos tamaños y misiones, desde la adquisición de inteligencia hasta la interferencia en guerra electrónica, y desde la patrulla de vigilancia hasta el guiado de misiles con un haz láser o el señalamiento a la artillería de sus objetivos. Este tipo de máquinas de uso civil y militar estarán saliendo de una planta de Burgos a medio plazo.
[–>[–>[–>La firma aeroespacial polaca Ekolot ha iniciado los trámites notariales para implantarse en la ciudad castellana. Su primer paso es un convenio con la Universidad de Burgos para colaborar en el establecimiento de un centro de desarrollo de producto, el área de diseño e innovación de la compañía.
[–> [–>[–>Posteriormente, la cadena de producción para kits de montaje de los drones. Sería la tercera de la empresa, tras un inicio en Krosno (Polonia, su sede central) y una extensión de actividad para piezas en Florencia, en un área industrial de producción y materiales ligeros para automoción deportiva.
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Fuentes próximas al proyecto señalan el Parque Tecnológico de Burgos, en las afueras de la ciudad por el entorno de Villafría, el lugar elegido. De momento, su primera fase está aún en construcción, con 109 parcelas en las que la Junta de Castilla y León planea albergar empresas tecnológicas.
[–>[–>[–>La primera implantación, para la fase inicial de actividades, se ubicará en el Campus Río Vena de la Universidad de Burgos, según los planes de la compañía.
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Demanda avivada
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La guerra de Ucrania ha incentivado el negocio. Y no solo en Polonia, Alemania, Reino Unido o el país invadido por Rusia. La demanda en perspectiva es muy alta. Contando todas las variedades de drones -de ataque, de vigilancia, de suministro, de interferencia…- Ucrania se ha marcado el objetivo de producción de cinco millones de drones en 2026, en un ecosistema industrial en el que un solo cluster produce tres millones.
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[–>Enfrente, el ministerio de defensa de la Federación Rusa planea superar los ocho millones de aparatos en un esfuerzo de producción sin precedentes.
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En Europa, el rearme exigirá cifras similares. Dado el desarrollo de las armas antidrón y los emisores de interferencias electromagnéticas, la solución para los ataques con drones de guerra es la saturación de los sistemas de defensa con grandes enjambres, y eso implica muchos drones, muchos más de los que se imaginó en las distopías a las que dieron origen los primeros choques robóticos en el Donbás.
[–>[–>[–>Planta de Ekolot en Krosno (Polonia) / Ekolot
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Los drones de mas reciente creación de la firma polaca no son aparatos para masa de saturación, sino planeadores solitarios, de media y alta cota, con capacidad de intercepción a 23.000 pies, 7.000 metros de altura, y radar con visión a 70 millas náuticas, o 130 kilómetros.
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Son las máquinas de la familia Zeus, con entre 45 y 350 kilos (incluida su carga útil) y con una de las configuraciones VTOL, o de despegue vertical. Esa característica introduce a los Zeus polacos en el campo de opciones que supone el futuro desarrollo, en las armadas europeas, de buques portadrones como una facción económica y ágil de los grupos navales de combate.
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Unión de ingenieros
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Ekolot posee un nombre veterano de la aeronáutica de Europa del Este. Factoría creada en 1995 como negocio familiar, en su día adquirió experiencia en el diseño y montaje de aviones ultraligeros y de uso didáctico o deportivo.
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Luis Zapata (derecha), presidente de Ekolot, con uno de sus socios y su dron de despegue vertical / CPLE
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Hoy está en una fase en la que prima la creación de plataformas aéreas de mando remoto para doble uso, en el que la tendencia dominante ya está siendo la militar. Sus drones sirven para la vigilancia de incendios forestales o de procesos de deforestación, o de efectos de catástrofes naturales, pero también para seguir, perturbar o impedir los movimientos en un frente de guerra.
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La actual versión evolucionada de la compañía (Ekolot Aerospace & Defense) está presidida por un exmilitar colombiano. Se llama Luis Zapata, y fue mayor del ejército colombiano, forjado como francotirador en choques armados en la selva de su país.
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El pasado jueves, en el Parador de Toledo, ante una audiencia de militares y expertos reunidos en el Seminario Internacional de Seguridad y Defensa, se autodescribió como “una persona que nació y creció con el conflicto, y que transformó el conflicto en aprendizaje”.
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Tiene contado Zapata que pasar estancias de larga duración en una trinchera le ha servido para “fortalecer paciencia y resiliencia”.
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Tras consolidar un curriculum como piloto de helicópteros militares en Colombia, dio el paso a la ingeniería. Con técnicos desvinculados de firmas grandes de la industria de defensa -la italiana Leonardo y las norteamericanas Northrop GrummanyRaytheon– invirtió en la nueva encarnación de Ekolot, que ahora llega a España.
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