una idea novedosa que transformó una comarca entera
Confiesa Eduardo Lastra, histórico alcalde de Taramundi al que todo el mundo conoce como «Lalo», que la puesta en marcha del hotel rural La Rectoral le quitó muchas horas de sueño y eso que jamás pernoctó en este icónico inmueble, convertido en el primer hotel rural de España. A punto de cumplirse cuarenta años de su apertura, el jueves 3 de julio de 1986, hace un balance muy positivo de la evolución de este equipamiento, buque insignia del turismo rural en Asturias, que transformó por completo el concejo de Taramundi.
[–>[–>[–>«La Rectoral puso a Taramundi en el mapa, es nuestro mayor activo», sentencia, al tiempo que defiende cual es, a su juicio, el siguiente paso que se debe dar en la gestión de este hotel de propiedad regional. Para Lalo es clave que La Rectoral se integre en la red de Paradores y anima al Principado a «picar piedra» para lograrlo: «Deben lucharlo porque es el paraguas de promoción que necesita el hotel para estar en la élite. Este hotel no es solo de Taramundi, es un símbolo de Asturias y, por tanto, hay que tenerlo como una prioridad, como bandera de la región».
[–> [–>[–>[–>[–>[–>A su lado está Jesús Mier, el gerente actual del hotel y también en su etapa más boyante (de 1990 a 2005). En sus manos estuvo no solo gestionar de la mejor forma este cuatro estrellas rural, sino la labor callada de convencer primero, asesorar y formar después, a los muchos emprendedores rurales que se subieron al carro de esta pequeña gran revolución.
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«Si admiro a alguien es a un señor que se llama Eduardo Lastra. Ha sido capaz de hacer posible algo que a todas luces era imposible y si él dice que este proyecto encaja en Paradores yo lo rubrico«, apunta desde una mesa del coqueto comedor de La Rectoral con vistas a los infinitos verdes de Taramundi. Allí los citó LA NUEVA ESPAÑA para repasar este ilusionante viaje de cuatro décadas.
[–>[–>[–>Estudio del CSIC
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Para entender el nacimiento de La Rectoral hay que remontarse a 1983. Ese año la Consejería de Agricultura del gobierno socialista de Pedro de Silva encargó un estudio al CSIC para analizar las posibilidades de desarrollo de Taramundi. Entre las muchas ideas planteadas, figuraba la de ofertar alojamientos de cierta calidad para atraer turistas. Esa fue la base sobre la que se creó el Núcleo de Turismo Rural de Taramundi, un plan ambicioso para transformar espacios preexistentes en lugares atractivos para el visitante y en cuyo paquete de medidas figuraba convertir la antigua casa rectoral, una vivienda deshabitada y en ruinas en un espacio privilegiado sobre la villa taramundesa, en un hotel de cuatro estrellas.
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«Éramos unos enamorados de Asturias y con esa vocación todo parecía posible», resume Tomás Flores al otro lado del teléfono. Fue director de Turismo con Pedro de Silva y el interlocutor principal entre el Principado y el Ayuntamiento de Taramundi en el despegue del proyecto. «Taramundi supuso el comienzo del turismo en Asturias, pero también una llamada de atención al modelo turístico español basado hasta entonces en el sol y playa. Lo que hicimos fue contraponer a la fórmula del turismo masivo, un modelo propio que diera valor al territorio. Se planteó como un gran reto regional, un proyecto integral para toda Asturias«, señala Flores sobre el nacimiento de la querida marca «Asturias, paraíso natural». Y añade: «Se escogió la comarca Oscos-Eo para empezar porque tenía unos recursos naturales maravillosos, un aislamiento histórico con dificultades de accesibilidad y una gran personalidad».
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[–>Dice Flores que el trabajo que se desarrollo en Taramundi a principios de la década de los ochenta del pasado siglo fue de «artesanía turística». Se explica: «Sabíamos que era un recorrido paciente y largo, pero no cejamos en el empeño y fue muy explicado. No fue una inversión de una empresa que aparece de la nada, una nave espacial, no, esto se hizo partiendo del territorio y, por eso, Taramundi lo entendió perfectamente«. En este sentido, destaca que fue fundamental quitar a los vecinos los complejos y lograr que se creyeran el valor de su territorio.
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Quitar complejos
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Ese complejo lo resume muy bien Lalo Lastra: «Había gente que decía aquello de que quién iba a querer venir si los que vivían aquí se querían marchar. Una parte de la población era escéptica». Sin embargo, señala que el proyecto no generó ni un rechazo frontal ni mayoritario en el concejo porque «estaba tan jodida la cosa, que cualquier idea era buena y, por ejemplo, la corporación municipal lo apoyó a muerte».
[–>[–>[–>Basta otro dato para entender la situación de este municipio que contaba entonces con casi 1.300 vecinos: la luz pública llegó a Taramundi en 1982, solo un año antes del inicio de este plan transformador.
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Con todo decidido y 120 millones de pesetas de inversión sobre la mesa, entre 1984 y 1986 se desarrollaron las obras. Solo en la misión de convertir la antigua casa del cura en hotel se invirtieron 75 millones de pesetas. También se construyeron unos apartamentos en Llan (hoy cerrados y con un proyecto sobre la mesa para transformarse en viviendas sociales) y el complejo de Os Teixois, hoy uno de los lugares más visitados de Oscos-Eo. «Fue todo muy rápido, además, la obra en La Rectoral conllevó renovar la traída de agua y el saneamiento para la capital del concejo», recuerda Lalo Lastra, que acababa de estrenar su segundo mandato cuando se iniciaron los trabajos.
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«Fue una inversión muy pequeña para el impacto que tuvo», apunta Mier, que se subió al vagón de los escépticos la primera vez que escuchó el plan de Taramundi. Gozoniego de origen, trabajaba de soldador en Ensidesa mientras trataba de completar sus estudios en Turismo. «El proyecto no encajaba con lo que me habían enseñado. No tenía sentido un cuatro estrellas en un sitio sin flujos turístico. Me parecía demasiado rompedor, pero luego tuve que darles la razón», señala Mier.
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Las nuevas ideas regionales lo motivaron a salir y se marchó a Francia a estudiar el modelo de turismo rural del país galo. Cuando volvió se fue a trabajar a la Tahona de Besnes, en Peñamellera Alta, un proyecto coetáneo a La Rectoral, pero que no tuvo tanto alcance. Estaba allí cuando recibió la oferta de la empresa mixta Desarrollo Integral de Taramundi S. A. (Ditasa), creada para gestionar el proyecto e integrada por la Sociedad Regional de Promoción, el Ayuntamiento y varios empresarios locales. Coinciden Lalo y Jesús en el mérito «bestial» de esta fórmula de gestión donde prevalecía el capital privado (el 70%).
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Escuela de formación
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Fue su primer presidente, Horacio García, quien convenció a Jesús de embarcarse en el proyecto que marcó su vida y que considera como su casa. «No era gestionar un hotel sin más, era gestionar un proyecto y entender lo que significa para el pueblo. Había que estimular a los demás, asumir el liderazgo. Cuando recibí la oferta me sentí entre halagado y acojonado, no me sentía capaz», apunta Mier. Sin embargo, la cosa cuajó y, durante sus años de gestión, La Rectoral se convirtió en una auténtica escuela de turismo rural.
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Una oferta de Paradores alejó a Mier de La Rectoral entre 2005 y 2013, cuando La Rectoral afrontó su etapa más difícil. Desde 2009 cayó en picado la rentabilidad del equipamiento, lo que derivó en 2012 en la disolución de Ditasa. El hotel cerró diez meses para repensar su modelo de gestión y se acordó una cesión demanial del Principado al Ayuntamiento de Taramundi, encargado de sacar a concurso el proyecto. Cuando Mier se enteró del cierre y de la búsqueda de nuevos gestores, no se lo pensó dos veces porque La Rectoral para él trasciende el sentido de un negocio.
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Mier dice sin pudor que si la historia del cristianismo se cuenta antes y después de Cristo, la de Taramundi gira en torno a este singular hotel. Sin embargo, insiste en la importancia de no acomodarse. «El componente de necesidad, que era muy elevado cuando nació el proyecto, es elemental para que surja la ilusión, pero cuando los objetivos se cumplen sobradamente, eso decae«, apunta. En este sentido, abunda también el ex director de Turismo, Tomás Flores, que anima ahora a entrar en una «fase de reflexión profunda», para buscar la fórmula que permita evolucionar sin perder la esencia.
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Con este debate sobre la mesa, La Rectoral se prepara para afrontar su rehabilitación más ambiciosa, una actuación que superará los dos millones de euros. «Se renovará por completo la parte eléctrica y, de paso, se actuará en accesibilidad en todo el inmueble», señala el actual alcalde, César Villabrille. «Es una obra que hacía falta», concluye, al tiempo que coincide con su predecesor, Eduardo Lastra, en que la integración en Paradores sería la guinda ideal a este aniversario. Es consciente de que no es tarea sencilla, pero en Taramundi saben de imposibles y no se rinden.
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