Una reflexión sobre el cáncer de próstata
Fernando Monreal es médico especialista en Urología
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La consulta de urología suele ser, para muchos hombres, un lugar rodeado de misterio, tensión y silencios incómodos. Romper esa barrera es el primer paso para cuidar la salud. A continuación, Manuel, de 52 años acude por primera vez a la revisión urológica impulsado por su familia. Se encuentra sentado en la consulta del urólogo, y le invade su habitual ansiedad y miedo a lo desconocido.
[–>[–>[–>Buenos días, doctor. Le voy a ser sincero: estoy aquí porque mi mujer y mis hijos me han insistido mucho a raíz del Día Mundial del Cáncer de Próstata. Pero vengo asustado, no lo voy a negar. Mi padre falleció por este cáncer hace diez años y tengo pánico a que me diga que yo también lo tengo.
[–> [–>[–>El doctor le sonríe con calma, intentando transmitir cercanía y confianza. – Buenos días, Manuel. Lo primero de todo decirle que es completamente normal tener miedo, y le agradezco su sinceridad, pues, al haber tenido a su padre afectado, su riesgo de padecerlo es aproximadamente el doble que el de un hombre sin antecedentes. Por eso es excelente que venga ahora, a los 52 años.
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Pero es que yo me encuentro perfectamente, doctor. No me duele nada, orino bien… Si tuviera algo malo, ¿no debería notar algún síntoma?
[–>[–>[–>Ese es el gran error, Manuel. El cáncer de próstata en sus etapas iniciales —que es cuando podemos curarlo por completo— es un enemigo silencioso. No produce ningún dolor ni altera la forma de orinar porque suele crecer en la parte más externa de la glándula, lejos del conducto de la orina. Si esperamos a que haya síntomas, como sangre en la orina o dolores óseos, a veces llegamos tarde. Venir encontrándose bien es, precisamente, lo ideal.
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Pues, mi hermano mayor, que tiene 60 años, me dice que él tiene la próstata grande, pero que toma unas pastillas y que no es cáncer. ¿A mí me pasará lo mismo?
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[–>Lo de su hermano es, casi con total seguridad, una Hipertrofia Benigna de Próstata, conocida también, como HBP. Es un proceso natural: con la edad a todos los hombres nos crece la próstata, igual que nos salen canas. Ese crecimiento es benigno y suele comprimir el conducto de la orina, la uretra; por eso provoca que el chorro sea más flojo o que haya que levantarse de noche. El análisis de sangre con el PSA (sustancia específica de la próstata) y una ecografía nos pueden ayudar a orientar inicialmente el diagnóstico.
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Pero supongamos que me encuentra algo. He leído en internet que…
[–>[–>[–>El doctor interrumpe a Manuel, apoyando las manos en la mesa y mirándolo fijamente. –Actualmente, si detectamos el cáncer a tiempo gracias a revisiones como la de hoy tenemos un abanico enorme de opciones. Si es un tumor muy pequeño y lento, a veces ni lo operamos; solo lo vigilamos. Y si hay que tratarlo disponemos de cirugía poco invasiva como es la laparoscopia o la cirugía robótica; también disponemos de radioterapia de alta precisión que protege al máximo los nervios de la erección y la vejiga.
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Manuel suspira profundamente, visiblemente más aliviado. Caray, doctor… Explicado así, la verdad es que el miedo se va disipando. Me quita un gran peso de encima.
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Como Manuel, miles de hombres postergan su visita al urólogo por miedos y mitos del pasado. El Día Mundial del Cáncer de Próstata nos recuerda que, una conversación a tiempo con un profesional y una revisión temprana son las herramientas más poderosas contra el cáncer. Estimado lector, no deje que el tabú decida por su salud.
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