Veteranos y noveles
El Real Madrid sobrevive a una campaña electoral convertida en derbi dialéctico: la corbata y la sudadera; el palco y el coworking; veteranos y noveles, como canturreaba el viejo himno de Chamartín. En una banda, Florentino Pérez, delantero centro del capitalismo clásico, que no regatea: compra el gol ya marcado. En la otra, Enrique Riquelme, extremo joven de discurso fresco, que promete desborde… algún día.
[–>[–>[–>Florentino habla poco porque su oratoria se limita al palmarés. Cada frase suya es como el central que levanta la mano pidiendo fuera de juego. Su propuesta se conoce: ganar títulos y recaudar millones. Ficha estrellas de las colecciones de cromos de Panini y su modelo recuerda al Monopoly: comprar y edificar. Para el abuelo, sostenibilidad es que la Copa de Europa combine con la vitrina.
[–> [–>[–>Riquelme, en cambio, habla como si el fútbol fuera la sobremesa de una comida de amigos un domingo. Donde Florentino dice «el Madrid es de los socios», él responde «el Madrid no se vende». Donde uno ficha galácticos, el otro detecta «talento emergente». Sus propuestas suenan a presión alta: juventud, energía y futuro. Su Madrid quiere correr mucho, a imagen y semejanza de su empresa. El suyo es un 3-4-3 de ideas verdes.
[–>[–>[–>
El duelo es delicioso: Florentino mira a Riquelme como el defensa curtido al juvenil pasmado al que llevan un miércoles a entrenar con el primer equipo; Riquelme observa a Florentino como quien ve fútbol en blanco y negro, como el dinosaurio expuesto a un meteorito. Si uno es Puskas, el otro parece Thiago Pitarch.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí