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Viaje al cerebro de los futbolistas

Viaje al cerebro de los futbolistas
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  • Publishedjunio 6, 2026




NEUROCIENCIA

El eslabon perdido de las lesiones de isquiotibial: el cerebro

Durante años, el fútbol buscó la respuesta en el músculo.
Ahora, una nueva hipótesis señala al cerebro como origen
silencioso de una de las lesiones más repetidas del deporte.

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Juan Ignacio García-Ochoa


MARCA · Reportaje Especial

Hay algo que a Jurdan Mendigutxia, investigador y uno de los mejores y más demandados fisios del mundo, no le encajaba. Despúes de millones de análisis 3D del momento de la lesión, experimentos con cadáveres para ensalzar la importancia de la pelvis en la elongación de la musculatura isquiotibial y ser el primer investigador en realizar una biopsia del bíceps femoral tras un partido de fútbol, no lograba entender el mecanismo por el cual cientos de jugadores cada año caen lesionados. Tras exhaustivos y milimétricos análisis mediante softwares y modelos predictivos, Jurdan no observaba cambios abruptos en ningún segmento ni parámetro que justificasen las mismas. Su frustación aumentaba, pero su obsesión por encontrar el eslabón perdido no decaía. Durante años, el fútbol ha intentado explicar la lesión de isquiotibiales desde la lógica del músculo. Más fuerza, más control, más prevención. Protocolos cada vez más sofisticados, tecnología más precisa, datos más abundantes. Y, sin embargo, el resultado era siempre el mismo: los isquiotibiales siguen cayendo. Una y otra vez. Los mismos perfiles, las mismas recaídas, los mismos tiempos de recuperación que no terminan de ser fiables.

Era como si el problema real estuviera en otro sitio. Hasta que Jurdan Mendigutxia ha empezado a mirar donde nadie estaba mirando. No en la pierna, sino en el cerebro. Así se lo cuenta a MARCA, al que abre las puertas de su centro en Pamplona para descubrir al público el hallazgo que puede cambiar por completo la manera de tratar la lesión más común en el fútbol. No leerán en este reportaje por expreso deseo del protagonista los nombres de los deportistas con los que trabaja ni los equipos a los que asiste, de fútbol, NBA y NFL, sino sobre los avances científicos de este fisio al que llaman desde todos los rincones del planeta.

Jurdan Mendigutxia

MARCA
en el centro de investigación de Jurdan en Pamplona.

Una hipótesis incómoda

Durante décadas, la lesión muscular se ha entendido desde un enfoque mecánico. El músculo como motor, como una estructura que genera fuerza, que se estira, que se contrae, que se fatiga y que, en determinadas condiciones, se rompe. Todo el abordaje clínico y preventivo ha girado en torno a esa idea.

Pero Mendigutxia empezó a sospechar que esa explicación era incompleta. «Siempre hemos tratado el músculo como un motor», asegura. «Pero quizá el problema no es el motor…sino la señal que lo controla». La hipótesis introduce un matiz decisivo: cuando un isquiotibial se lesiona, no solo se produce daño estructural. También puede haber una alteración en la forma en la que ese músculo se comunica con el sistema nervioso central. Una especie de interferencia o ¨de juego del telefono roto¨. Como una llamada telefónica con mala cobertura. El músculo sigue enviando información pero no del todo clara , por lo que el cerebro ya no la recibe con la misma claridad, ni con el mismo timing, ni con la misma precisión para poder interpretarla. Y en un deporte donde todo ocurre en milisegundos, ese desfase puede ser la diferencia entre llegar o romperse.

Jurdan Mendigutxia

Resonancia cerebral
para investigación científica

Colombia: el experimento que nadie había hecho

Para comprobar esa intuición basada en la literatura científica con otras dolencias, Mendigutxia necesitaba ir más allá de lo que permitían los protocolos habituales. No bastaban los test de fuerza, ni los análisis 3D de movimiento, ni los datos de campo. Y eso que en el caso de Jurdan le había llevado hasta investigar con cadáveres, logrando avances espectaculares y conclusiones sobre el isquio a las que nadie en el mundo había llegado y que facilitaron grandes avances.»Pero estaba claro que había más, no me conformo», dice Jurdan. «Había que observar directamente qué ocurría en el cerebro». Y ahí empezó un camino poco convencional.

El lugar no fue un gran centro europeo ni un laboratorio de referencia internacional ni de neurociencia en Estados Unidos. Fue una clínica en Colombia a la que llego gracias a su amigo y colaborador Andrea Astrella. Un entorno complicado, lejos de las condiciones ideales, con limitaciones logísticas y, en ocasiones, con una sensación constante de incertidumbre. Porque Jurdan financia de su bolsillo cada una de las investigaciones que realiza. No era el escenario más cómodo, pero sí uno de los pocos en los que podía construir lo que tenía en mente. Porque lo que buscaba no existía.

Diseñó un sistema para acoplar una polea de madera a una máquina de resonancia magnética. Una solución artesanal para un problema extremadamente sofisticado. El objetivo era que jugadores con lesión de isquiotibiales pudieran realizar ejercicios específicos mientras se registraba, en tiempo real, la actividad de su cerebro.

La condición era estricta: no podían mover la cabeza más de 0,2 cm. Todo debía ejecutarse con precisión absoluta dentro de un entorno cerrado, limitado y exigente. Era, en esencia, observar el movimiento… sin movimiento. Y, sobre todo, observar el músculo desde el cerebro.

Actividad cerebral
lesionado (azul) contra no lesionado (naranja)

El hallazgo: la lesión está en la conexión

Los resultados no solo confirmaron la hipótesis. La ampliaron. Tras una lesión de isquiotibiales, el cerebro cambia su forma de procesar la información que recibe desde ese músculo y sufre una reorganización como consecuencia (neuroplasticidad). No es únicamente un problema de fuerza o de capacidad contráctil. Es un problema de calidad de señal. Mendigutxia lo explica de forma gráfica: «Es como si te estuvieran llamando y la señal fuera débil. El mensaje llega con interferencias, llega tarde o directamente no llega». Desde un punto de vista neurofisiológico, lo que se altera es el sistema sensoriomotor. El músculo, que constantemente envía información sobre su estado -tono, longitud, tensión- deja de comunicarse de manera eficiente. El cerebro, que debería procesar, comparar, corregir y ajustar automáticamente el movimiento, recibe datos incompletos o distorsionados. Y entonces ocurre algo clave: el sistema pierde automatismo y eficiencia. Lo que antes eran respuestas rápidas, intuitivas y precisas del jugador frente a las demandas requeridas, pasan a ser más lentas, más conscientes y por tanto menos eficientes.

«Lo que ya sabíamos… pero no supimos ver»

En realidad, esta lógica no es completamente nueva. En las lesiones de ligamento cruzado anterior ya se había observado un fenómeno similar. Tras la lesión y la cirugía, se produce una deaferenciación: los mecanorreceptores del ligamento se dañan y la información sensorial hacia el cerebro se ve alterada. El sistema responde como puede y compesando.

La corteza prefrontal aumenta su actividad, intentando compensar la pérdida de automatismos y focalizando su atención en la articulación dañada. El jugador pasa de moverse de forma inconsciente a hacerlo de manera más consciente, más controlada y, ante la falta de información sensorial, con mayor dependencia compensatoria de la visión. El problema es que ese control adicional no mejora el rendimiento. Al contrario: lo ralentiza. Y, sobre todo, lo vuelve más vulnerable. A partir de ahí, la pregunta era inevitable.

Si esto ocurre en el ligamento cruzado que es factor de riesgo de la lesión isquiotibial y dada su íntima relación, ¿por qué no iba a ocurrir en una lesión muscular? La respuesta, hasta ahora, es que simplemente no se había estudiado.

Jurdan Mendigutxia

El momento exacto de la lesión

Durante años, la explicación dominante situaba el origen de la lesión en un exceso de elongación del bíceps femoral durante el sprint. El músculo se estira más allá de su capacidad y se rompe. Una lógica aparentemente sólida, pero cada vez más cuestionada.

«Los datos actuales muestran algo distinto. En muchas situaciones, la fibra muscular no alcanza niveles extremos de elongación. Incluso puede ocurrir lo contrario: que se acorte. Además, los análisis biomecánicos no logran identificar de forma consistente un cambio previo respecto a los pasos previos que explique la lesión. Se observan consecuencias, pero no causas claras. Entonces, el foco se desplaza», explica Jurdan, siempre inquieto, siempre curioso y obsesionado por alcanzar la perfección en su trabajo.

«El fútbol moderno impone demandas visuo-motor-cognitivas enormes. El jugador no solo corre: decide, interpreta, anticipa. Atiende al fuera de juego, al rival, al compañero, al balón. Todo al mismo tiempo. Y es precisamente en esos momentos de máxima carga cognitiva y con el foco atencional desviado del propio movimiento donde al parecer más lesiones se producen», continúa Jurdan. «En atletismo, los patrones son similares. Muchas roturas aparecen cuando el atleta introduce una tarea visual adicional, como girar la cabeza. No parece casualidad».

Cuando la demanda cognitiva aumenta, el sistema se estresa. Y si la señal entre músculo y cerebro ya está deteriorada, el margen de error se reduce al mínimo.

Actividad cerebral
lesionado (azul) contra no lesionado (naranja)

El cerebro como factor de riesgo

El cambio de perspectiva es profundo. Después de una lesión de isquiotibiales, no solo persisten alteraciones estructurales como edema o atrofia durante meses. También aparecen problemas de reposicionamiento y control de la fuerza. Pero, por encima de todo, lo que emerge es una alteración en la comunicación y una reorganización de la manera de procesar la información por parte del cerebro.

Jurdan lo tiene claro: «Existe una incapacidad para procesar e integrar la información preveniente de los receptores musculares por parte del cerebro, por lo que se trabaja con información defectuosa. Y cuando eso ocurre, el sistema busca vías alternativas y compensatorias para obtener más información. La principal es la visión. El jugador depende más de lo que ve para compensar lo que no siente correctamente. Aumenta la atención, el control consciente, la vigilancia sobre el movimiento. Pero esa estrategia, aunque útil a corto plazo, no sustituye la precisión del sistema automático. La señal sigue siendo débil. Y el riesgo sigue presente».

El gran error de la rehabilitación

Durante años, la rehabilitación ha puesto el foco en la dimensión mecánica: hacer el músculo más fuerte, más resistente, más preparado para soportar carga. Es una opción, pero ese enfoque deja fuera una parte esencial. La función sensoriomotora. Es decir, la calidad de la comunicación, la precisión del control, la capacidad del sistema para responder y coordinarse de manera automática y eficiente. «Sin recuperar ese componente, el músculo puede estar listo desde el punto de vista estructural, pero el sistema sigue siendo inestable e ineficaz. Ahí es donde se explican muchas recaídas. No porque el tejido no haya cicatrizado, sino porque la conexión no se ha restaurado. El hallazgo obliga a replantear el tratamiento desde la base. Ya no se trata únicamente de recuperar fuerza o de controlar la carga. Se trata de reentrenar el sistema nervioso, de mejorar la calidad de la señal, de devolver al movimiento su carácter automático. De volver a sincronizar músculo y cerebro», explica Jurdan.

Jurdan Mendigutxia

Nuevo modelo de rehabilitación
elaborado por Jurdan

«Eso implica introducir tareas que integren percepción, decisión y ejecución durante la rehabilitación de los jugadores. De mejorar el ‘imput’ o la calidad del mensaje que entra. Trabajar en contextos más cercanos a la realidad del juego. Exponer al sistema a las mismas demandas que encontrará en competición, pero de forma progresiva y controlada. En definitiva, no solo curar el músculo. Sino reconstruir la comunicación», explica Jurdan, que lleva ya un tiempo aplicando esta manera de readaptar al futbolista.

La revolución silenciosa

El descubrimiento de Jurdan Mendigutxia no propone una solución simple. No hay un ejercicio milagroso ni una tecnología definitiva. Lo que plantea es algo más profundo. Que durante años se ha estado mirando en el lugar equivocado. Que el problema no era solo la estructura que se rompía, sino el sistema que dejaba de coordinarse. Y que, mientras esa conexión no se recupere por completo, el riesgo seguirá ahí, latente, invisible. Como una llamada que nunca termina de llegar.

«Durante años, la readaptación de lesiones en el fútbol ha girado en torno a lo visible: la fuerza, la elongación, el control de la pelvis. Todo aquello que se puede medir, repetir y cuantificar. Y, sin embargo, hay algo que sigue fallando. Especialmente en el isquiotibial, donde las recaídas continúan siendo demasiado frecuentes», insiste Jurdan. Esto no significa que no haya que prestar atención a dichos factores todavía válidos, pero…», explica Jurdan.

«El problema es que hemos entendido el músculo únicamente desde lo mecánico y nos hemos olvidado de que también es un órgano sensorial», insiste. Cuando un futbolista se lesiona, no solo pierde capacidad física. Cambia la forma en la que su cerebro se relaciona con ese músculo. La información sensorial procedente del musculo es defectuosa y lo que antes era automático deja de serlo. «Pasamos de realizar acciones de manera automática a hacer un movimiento consciente, con una alta demanda cognitiva y muy dependiente de la visión por incapacidad para procesar la información sensorial «. Ese cambio es profundo. El jugador empieza a controlar el gesto, a vigilarlo, a pensar en él. Y el cerebro, como siempre, busca soluciones y se reorganiza, pero de una manera menos eficiente.

«Cuando hay una falta de comunicación entre el músculo y el cerebro, se compensa con otras áreas. Aparece más la corteza prefrontal, más control consciente guiado por la visión… pero el movimiento deja de fluir y es menos preciso y robusto a los cambios». El problema es que, en muchos casos, la readaptación no corrige ese desajuste. Lo refuerza. «Si yo le digo a un jugador lesionado que haga tres series de diez de fuerza en un movimiento planeado, con su foco atencional centrado en su isquio, lo que estoy haciendo es potenciar las áreas donde se planifican los movimientos de forma consciente. Y lo que queremos es justo lo contrario: automatizarlo para que pueda usar esos recursos para responder a las altas demandas viso-cognitivas que se le van a presentar en el campo». Los recursos son limitados.

Porque el fútbol no permite pensar el gesto. «El jugador no puede estar pendiente de su isquio. Deberá estar pendiente e interactuar con el entorno: del rival, del balón, del espacio, fuera de juego… Si gastamos recursos cognitivos y atencionales focalizándolos en el músculo lesionado en lugar de en el juego, todos los procesos de interpretación, respuestas de movimiento y coordinación serán mucho mas costosos e ineficientes y ahí puede estar una explicación de por qué uno de cada tres lesionados recae, ya que los recursos son limitados y los procesos».

Jurdan Mendigutxia

El cerebro de los futbolistas

La clave, según Mendigutxia, está en ese desajuste sensomotor que aparece tras la lesión: pequeños retrasos en la activación, pérdidas de coordinación, una desconexión sutil entre lo que el cerebro procesa y lo que el cuerpo ejecuta. Y es ahí donde su investigación conecta con una idea más amplia: cómo funciona el cerebro de un deportista de élite.

«Vemos que tienen habilidades motoras, perceptivas y de toma de decisiones aumentadas, pero sobre todo que su cerebro es más eficiente». Esa eficiencia se ha podido observar en estudios de neuroimagen avanzados. Uno de los más llamativos se realizó en Japón, comparando a Neymar con futbolistas de menor nivel en tareas muy simples con el tobillo. «En ese estudio ven que la activación de las áreas sensoriales del cerebro es ínfima en Neymar en comparación con el resto. No es que haga menos, es que necesita menos esfuerzo para hacer lo mismo o más. Es pura eficiencia».

Esa diferencia no se queda en el laboratorio. Se traslada directamente al juego. «Son increíbles prediciendo el entorno. Con un gesto de cadera, de rodilla o del cuerpo ya saben lo que va a pasar y lo ejecutan». El futbolista de élite no espera a que ocurra la acción. La anticipa en base a su alta capacidad de percepcion. Y lo hace desde lo sensorial, no desde un razonamiento consciente. «Eligen antes la opción que les lleva al éxito. No porque piensen más rápido, sino porque perciben antes. Por eso todo parece más sencillo en ellos. Porque llegan antes a la decisión correcta. El ejemplo es Messi: cuando ve hacer una cosa al defensa, hace lo contrario. Pero no lo hace de manera consciente, es automático en base a su experiencia».

Jurdan Mendigutxia

Ese automatismo, ese equilibrio entre velocidad y precisión, es lo que marca la diferencia entre jugadores de un nivel u otro. Y también lo que se rompe con la lesión. «Cuando agotas cognitivamente a una persona, su rendimiento baja muchísimo. No es solo físico, es fatiga cognitiva. Y eso afecta directamente a su velocidad de reacción, a su precisión en el pase…».

En el caso del isquiotibial, esa fatiga y ese desajuste pueden ser determinantes. «Pasamos de correr de una manera automática y precisa debido a la alta calidad de información derivada del musculo a hacerlo de forma consciente y guiada por la visión. Y cuando eso ocurre, el riesgo de lesión aumenta por la ineficiencia de la vista comparada con la información procedente de los receptores musculares más rápidos y precisos». Por eso, para Mendigutxia, el reto no es únicamente recuperar el músculo, sino reorganizar el cerebro y resetearlo de nuevo.

«Tenemos dos factores que pueden desembocar y explicar la lesión: la capacidad mecánica del musculo y el desajuste sensoriomotor. Sin descuidar la dimensión mecánica no debemos descuidar la calidad de la información que llega desde el musculo a partir de la cual el cerebro ejecutará una acción u otra». En el fondo, la diferencia entre volver y recaer puede no estar no solo en cuánta fuerza has recuperado, sino en cómo vuelves a sentir y a ejecutar el movimiento ante una circunstancia concreta y cambiante.


PREVENCIÓN

La habitación que anticipa las lesiones en tres minutos

Un revolucionario enfoque en el fútbol de élite apuesta por olvidar los datos tradicionales y centrarse en lo esencial: entender cómo responde el cuerpo del jugador para prevenir lesiones y maximizar su disponibilidad.

La acumulación de partidos -especialmente en calendarios donde se compite cada 72 horas- obligó ya hace unos años a este fisio e investigador español a replantearse cómo prevenir lesiones. A partir de las conclusiones de sus trabajos de investigación Jurdan crea y aplica sus propios proyectos de ‘I + D’ para adaptarlos al día a día de los equipos con los que colabora con el fin de dar solución a los problemas que le plantean. En ese contexto emerge un innovador sistema centrado en el análisis estructural individual del jugador y su monitorización.

«Algunos clubes ya no demandan un departamento de rendimiento, sino un departamento de disponibilidad», explica Mendigutxia, poniendo el foco no solo en el rendimiento puro, sino en la capacidad del futbolista para mantenerse sano y competir de forma continua. «Todo esto no viene de la nada», reflexiona Jurdan. «Por un lado y tras largas discusiones con grandes empresarios de la industria, observo la gran importancia que otorgaban a los días de baja y su repercusión a nivel productivo e intento aplicarlo al fútbol». Si ponemos como ejemplo a un jugador como Militao con un salario anual de 6 millones netos y estimamos los días que está de baja sin ofrecer productividad, la cantidad de dinero perdido sin retorno deportivo se dispara. Y así, con todos los jugadores.

Jurdan Mendigutxia

Hay otro dato que invita a reflexionar y que viene derivado del análisis de los parámetros condicionales extraídos de los mejores equipos de la Champions. Tras muchos estudios, se observa que ni el sprint, ni la capacidad de salto, ni la resistencia aeróbica varían en general más de un 2,5% a lo largo de la temporada. Se haga lo que se haga. Esto provocó que focalizara toda su energía en intentar disminuir el gran absentismo laborar presente en la industria futbolística. Dado el escaso margen para el entrenamiento, Jurdan piensa que la mejor manera de mejorar el rendimiento es estar disponible y por tanto decidió encaminarse hacia la persecución enfermiza del aumento de la disponibilidad siempre bajo la premisa de su ecuación matemática favorita demostrada de nuevo a partir de datos estadísticos: Éxito del jugador = capacidad x disponibilidad. Si el jugador está disponible, podrá mostrar su potencial sin resentirse su rendimiento y aumentando su valor de mercado. ¿A quién no le interesa?

El origen del sistema se encuentra en un estudio científico desarrollado junto a Gerard Carmona en Barcelona. «Queríamos estudiar qué pasaba jugando cada 72 horas, un estudio ya publicado. Y pasamos los problemas del campo al laboratorio y del laboratorio al campo», señala. El punto de partida era evidente: cada vez hay más partidos y, en consecuencia, más lesiones, algo que han denunciado públicamente entrenadores como Pep Guardiola, Jürgen Klopp o Carlo Ancelotti.

Jurdan Mendigutxia

Biopsia
Momento de la extracción

Sin embargo, las conclusiones del estudio rompieron con varias ideas asumidas en el fútbol: «Cogimos factores de riesgo relacionados con el isquio y lo que vimos es que ni la analítica, ni la fuerza aislada, ni el esprint, ni la pelvis, ni la histología correlacionaban con los datos del GPS». Es decir, los datos tradicionales de carga externa -lo que mide el GPS- no explican por sí solos el deterioro muscular ni el riesgo de lesión. «Decir que este jugador ha corrido mucho o poco no tiene nada o poco que ver. La carga externa no explica que el músculo esté más castigado. No hay un solo estudio de calidad que diga que la carga externa sea capaz de predecir lesiones y así lo atestiguan las revisiones sistemáticas de mayor calidad efectuadas sobre el tema». Por lo tanto, el uso del GPS como si fuese una biblia que explica o justifica cada decisión en lo referido a las lesiones se tambaleaba.

A partir de ahí, el enfoque cambia radicalmente y a su juicio el centro no puede estar en cuánto corre un jugador, sino en cómo responde su cuerpo a ese esfuerzo. «Lo más importante es que vemos que cada uno responde de manera individual al esfuerzo. Es muy variable. Uno sufre en los flexores de cadera, otro en los flexores de rodilla, otro en la pelvis…». Esta variabilidad obliga a abandonar los tratamientos generalistas y apostar por intervenciones completamente personalizadas.

Para dar respuesta a esta necesidad, Mendiguchía ha diseñado un sistema propio que ya se utiliza en entornos de máximo nivel, como la NFL y clubes que compiten en la Champions. El eje central es una innovadora «habitación de evaluación», donde el jugador realiza un test de apenas tres minutos siguiendo las instrucciones de una pantalla. En ese tiempo, se analiza cómo han variados diferentes aspectos relacionados con la estructura en función de 30 factores de riesgo previamente identificados.

«Hemos creado una habitación donde el jugador hace un test de tres minutos y nos sale al momento un informe y, a partir del cual y en base su variación tomamos decisiones e implementamos intervenciones diarias para restablecerlas. Qué parte estructural hay que corregir. Y así a parte de llegar en mejores condiciones y maximizar el escaso tiempo entre partidos en Champions se reduce el riesgo de lesión», explica. La clave está en la inmediatez y en la objetividad de los datos, que permiten intervenir de forma precisa tanto en los procesos de camilla como en el gimnasio.

Jurdan Mendigutxia

Este sistema redefine también el trabajo del cuerpo médico de un club. «Nosotros creamos esto y los fisios y los preparadores físicos ya saben lo que tienen que hacer uniéndoles un objetivo común y creando un sistema de trabajo a partir del que se funciona», apunta. Ya no se trata de aplicar protocolos genéricos, sino de ajustar cada intervención al estado real del jugador en ese momento. «La historia es conocer al jugador y saber cómo se adapta a los estímulos, ya sean partidos o entrenos. Y tratarle como necesita, no ir a la camilla a hacer un masaje general».

Además, el modelo permite detectar picos de riesgo incluso en contextos donde los datos tradicionales no alertarían de un problema. «Hay partidos en los que algunos datos se disparan, pero los detectas y por tanto nos permite aprender a partir de las respuestas individuales de cada jugador en concreto». Esa capacidad de anticipación es, precisamente, lo que convierte este sistema en una herramienta clave para reducir lesiones en el fútbol de élite. De hecho, es así como con diferentes equipos ha sido capaz de conseguir reducir las lesiones hasta convertirlos en los equipos menos lesionados de Champions de acuerdo a los informes UEFA. Trasladado a datos concretos uno de estos equipos consiguió disminuir los días totales de baja por cualquier motivo (no practica de futbol entreno o partido) de un 15-18% hasta un 7% en 2 años.

Las bajas por lesiones musculares, que son las que más «absentismo laboral» provocan en el fútbol, pasaron de un 8-12% los años precedentes a un 3% cuando se implementó un programa específico con el objetivo de mejorar la disponibilidad. Todo eso resultó que en dos años el club se ahorrase entre 12 y 15 millones de euros anuales de media en salarios. En definitiva, el trabajo de Mendiguchía propone un cambio de protocolo absoluta, el de pasar de medir la carga a entender la estructura, el de analizar el esfuerzo a interpretar la respuesta del cuerpo. Un enfoque que sitúa al jugador en el centro y que abre una nueva vía en la prevención de lesiones en el deporte profesional.


UNIÓN T

La última obsesión de Jurdan Mendigutxia

La Unión T, una lesión engañosa del bíceps femoral, preocupa al fútbol por su alta recaída y su difícil diagnóstico

Hay una lesión que se escapa de cualquier lógica. Incluso para Jurdan Mendigutxia. Una de las que más inquieta hoy a los servicios médicos: la llamada Unión T del bíceps femoral. Su impacto no está tanto en el número de casos como en su comportamiento. Las cifras hablan por sí solas: la tasa de recaída se mueve entre el 40% y el 80%. Un rango desproporcionado que ha encendido todas las alarmas en el fútbol profesional. Y, sin embargo, todo empieza como algo aparentemente menor.

El gran problema de la Unión T es que confunde. La sintomatología desaparece rápido, el jugador mejora en pocos días y la sensación general es que se trata de una lesión leve. Nada más lejos de la realidad. Ese alivio inicial genera una falsa seguridad. Jugador, cuerpo técnico y entorno tienden a pensar que no es grave. «Pero lo cierto es que los métodos de evaluación actuales no son lo suficientemente sensibles para detectar bien esta lesión y es por eso que ya estamos en la última etapa de desarrollo de nuevos test clínicos a partir de estudios cadavéricos y biomecánicos realizados, fiables, precisos y sensibles para poder detectar este tipo de lesiones y a su vez monitorizar de forma objetiva su progresión. Eso complica el diagnóstico, pero sobre todo el pronóstico. Porque, además, no sigue las reglas habituales de las lesiones de isquiotibiales. Es otra cosa. Y cuando se interpreta como una más, llegan los problemas», dice Jurdan Mendigutxia.

Jurdan Mendigutxia

La denominación tiene su origen en la resonancia. Cuando se realizan cortes axiales en la resonancia magnética, la zona muestra una forma muy característica: «una T». Esa imagen aparece justo en el punto donde la porción corta y la porción larga del bíceps femoral se unen antes de confluir en el tendón distal. Esa geometría es la que da nombre a la lesión, pero también la que esconde buena parte de su complejidad. Porque ahí, en ese cruce, es donde empiezan a aparecer las dudas.

Un territorio prácticamente desconocido

Pese a la preocupación creciente en el fútbol, la Unión T sigue siendo una zona poco estudiada. Lo que se sabe, de momento, son más hipótesis que certezas. Una de las ideas que se manejan es que esa unión entre el bíceps largo y el corto genera una especie de asincronía neural (cada porción del bíceps posee diferente inervación) y mecánica: cada músculo puede tirar en direcciones distintas, provocando tensiones difíciles de equilibrar.

Pero faltaba lo esencial: una base anatómica sólida que explicara qué ocurre realmente en esa zona. Sólo existen estudios de baja calidad realizados mediante resonancia y todavía no existe una descripción anatómica minuciosa de la zona que confirme que lo que se observa por imagen describa la estructura. Ahí es donde entra el trabajo de Jurdan Mendigutxia. En colaboración con Micky Dalmau y la Universidad de Girona, Mendigutxia ha puesto en marcha una investigación exhaustiva para desentrañar la Unión T desde su estructura más básica. «El enfoque combina varias técnicas. Desde la disección anatómica clásica hasta la plastinación con cortes de un centímetro, pasando por la reconstrucción tridimensional completa del recorrido del tendón y la unión de ambos músculos», explica Jurdan. «El objetivo es claro: describir esa zona con precisión absoluta».

Las primeras observaciones ya están dejando pistas importantes. Las inserciones no parecen seguir patrones normales y no presentan una angulación cercana a los 45 grados como previamente se describía. Un detalle que puede ser clave para entender cómo se generan las tensiones. «Pero el análisis va más allá. A nivel histológico, el equipo quiere estudiar de qué está compuesto cada ‘brazo’ de esa T, qué tipo de colágeno la componen, cómo se organizan las fibras y si existen diferencias estructurales entre unas zonas y otras», cuenta Jurdan. La hipótesis sugiere que el bíceps largo pueda generar una tracción ascendente sobre la porción corta del biceps que acabe por romper la pared o aponeurosis que separa o une a ambos. Al parecer la aponeurosis donde confluyen ambas porciones es más sensible a las fuerzas de tracción que a las fuerzas longitudinales de estiramiento.

Jurdan Mendigutxia

Cuando la biomecánica rompe la lógica

En paralelo al trabajo anatómico y como fuente de inspiración para los nuevos test clínicos, la investigación también ha avanzado en el plano biomecánico. Y ahí han aparecido resultados que rompen con muchas ideas antiguas. En colaboración con el doctor japonés Gakuto Nakao y su laboratorio, Jurdan y sus colegas han observado que si se reduce la acción del bíceps corto, la tensión en el largo aumenta. Y que, cuanto más trabaja el corto, menos carga soporta el largo. «Pero el hallazgo más llamativo tiene que ver con el origen del estrés. Contra lo que dicta la intuición, no es la rodilla -la estructura más cercana- la que más influye en esta zona. Son la cadera y la pelvis las que generan mayor tensión sobre la Unión T. Un descubrimiento que tiene consecuencias directas en la rehabilitación. Porque implica que la flexión de rodilla tiene un papel mucho menor del que se pensaba, obligando a replantear los procesos y el diseño de la recuperación», se lamenta Jurdan, que se remonta al origen su obsesión.

«Hace muchos años un jugador al que trataba sufrió una recaída que me marcó profundamente. No sabíamos ni que existía este tipo de lesión. Pero en aquel momento, el entrenador del jugador, Jagoba Arrasate me dejó una frase que no ha olvidado y ha intentado llevar a la práctica: «Te conozco. sé que esto te va a hacer mejor y no te va a volver a pasar… que no pararás y estudiarás hasta que sepas todos los secretos de este tipo de lesiones». Desde entonces, la Unión T se ha convertido en una de sus obsesiones y a pesar de que ya lleva varias publicaciones al respecto amenaza con no parar y admite que se ha convertido en una de las lesiones complejas que más le gusta tratar en la actualidad dada su complejidad y que poco a poco empieza a entender. Como buen científico intenta trasformar problemas en oportunidades de mejora.


Su día a día

Un día en la vida de Jurdan Mendigutxia

Obsesivo de la ciencia aplicada y la mejora continua, convierte cada minuto de su jornada en una búsqueda incansable por reducir lesiones y maximizar la disponibilidad del deportista.

En la vida de Jurdan Mendigutxia no hay pausas. O, al menos, no en el sentido convencional de la palabra. Su día no se mide en horas de trabajo, sino en oportunidades para seguir investigando, aprendiendo y aplicando la idea fija de mejora continua y casi obsesiva por reducir de manera eficaz los tiempos de recuperación de las lesiones y a su vez inventar nuevas herramientas y procesos para intentar prevenirlas. En resumen, en la búsqueda incansable de la mejora de la disponibilidad del jugador: determinante principal del rendimiento del jugador así como de su valor de mercado. Por eso estudió con biopsias y otros marcadores la recuperación entre partidos y desarrolla soluciones tecnológicas aplicadas de monitorización diaria de la estructura a partir de las cuales intervenir… No se quiere perder ningún detalle que pueda ayudar al jugador a ser más robusto y por ende pueda mostrar sus capacidades bajo su máxima que repite sin cesar: éxito del jugador = capacidad x disponibilidad. «El jugador no podrá mostrar sus capacidades mientras no esté disponible», repite una y otra vez.

Jurdan Mendigutxia

Jurdan Mendigutxia
La jornada suele arrancar en Zentrum.

La jornada suele arrancar en Zentrum, su clínica en Pamplona y auténtico cuartel general. Por allí pasan desde deportistas de élite hasta pacientes anónimos, pero el patrón es siempre el mismo, el de un trato absolutamente personalizado. Da igual que seas MVP de la final de la Eurocopa, Top 5 de los máximos anotadores de la NBA, estar entre los diez mejores quaterbacks de la historia de la NFL o alguien que simplemente quiere recuperarse de una lesión, en Zentrum cada caso se estudia al detalle, con un enfoque que se aleja del trabajo estándar de un fisio al uso. «Aquí no vale lo de que me vea en 10 minutos. ¿Acaso alguien va a DiverXo y le dice a Dabiz Muñoz que le dé de comer en 10 minutos? Por eso tenemos tantos problemas de agenda, por eso no podemos recibir a todos», comenta gente cercana a Jurdan.

Pero Mendigutxia no es solo clínica. Ni mucho menos. Su trabajo también está sobre el césped, donde parece llevar al límite -pero siempre bajo control- los procesos de readaptación. MARCA fue testigo de una de esas sesiones junto a Iker Benito, tras una rotura de ligamento cruzado. Apenas tres meses después de la lesión, el jugador ya realizaba esprints, regates y disparos a puerta. Una sesión intensa, medida al milímetro, en la que durante una hora todo gira en torno a una idea, la de recuperar sensaciones reales de juego sin poner en riesgo al futbolista.

Jurdan Mendigutxia

Entre la clínica y el campo, el tiempo no se desperdicia. Los trayectos se convierten en una extensión más del trabajo, con llamadas constantes, consultas desde distintos puntos del mundo, propuestas para conferencias, visitas a clubes. Su teléfono no se apaga.

Ni siquiera la comida es un descanso. Es, en realidad, otra forma de trabajo. Jurdan no desconecta y aprovecha para estudiar, revisar artículos. La ciencia y la innovación no es una parte de su rutina, es el eje sobre el que gira todo.

Por la tarde, vuelta a Zentrum. Más pacientes, más análisis, más decisiones individualizadas. Y cuando el día parece terminar, empieza otra jornada paralela, la de los artículos científicos, desarrollar nuevas líneas de investigación o avanzar en nuevas ideas y métodos (su I +D para solucionar problemas derivado de la práctica), preparar viajes para colaborar con clubes de fútbol, franquicias de la NBA o equipos de la NFL y su búsqueda incansable de la excelencia.

Su agenda es, literalmente, una locura. Pero responde a una obsesión clara. Mendigutxia no es un fisio convencional, ni trabaja como tal. Es alguien convencido de que existe otra manera de hacer las cosas, muy alejada de lo que ocurre todavía en la mayoría de clubes en España.

No descansa porque no entiende su trabajo como una obligación, sino como una búsqueda constante, la de anticiparse a la lesión antes de que aparezca, la de acortar plazos para conseguir objetivos y la de la búsqueda de la excelencia con nuevos métodos de fabricación propia para dar soluciones a los problemas que le plantean los diferentes clubes alrededor del mundo y focalizando todos sus esfuerzos en la mejora de su casi única obsesión: la disponibilidad.





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