Víctor Manuel vuelve a casa en una noche para la historia, llena de emoción y lucha
Víctor Manuel encendió ayer San Xuan en el Pozu Barreo. Público y cantante vivieron la noche como algo irrepetible, en un auditorio especialmente iluminado para la ocasión y con unas canciones cargadas de historia y de mensaje ante las que el de Mieres no evitó el combate, la política ni la emoción.
[–>[–>[–>Las inmediaciones del Pozu Barreo se habían ido llenando de gente caminando en ordenada procesión a la hora mágica, momento en el que el sol empieza a desaparecer y nos ofrece la mejor luz. La ocasión lo merecía, Víctor Manuel hacía parada en Mieres dentro de su gira «Solo a solas conmigo» en lo que sería su primer concierto en su localidad natal en 35 años, si exceptuamos su actuación en 2006 en su gira «Una canción me trajo hasta aquí» junto a Ana Belén, y a algunas colaboraciones puntuales. Un reencuentro muy deseado que fue más allá de lo musical y se posiciona como acto de reconocimiento mutuo entre artista y el lugar que lo vio nacer.
[–> [–>[–>Si a esto se suma que esta actuación formaba parte central de San Xuan, fiestas patronales de la localidad, poco más se puede añadir. O sí… El emplazamiento. El Pozu Barreo a modo de recinto para albergar a 3.500 personas y con casi todas las localidades agotadas presentaba un aspecto inmejorable. El personal en los accesos, el escenario, la iluminación, el sonido y dos pantallas Led y equipo de producción de televisión, dejaban ver una producción a la altura del evento.
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A las 21.30 h., puntual como se había anunciado, apareció en escena la Banda de Gaites Villa Mieres, con una formación especial para la ocasión apoyada por la guitarra eléctrica y la batería. En media hora de actuación, exploraron a través de repertorio tradicional nuevos caminos sonoros. Mezcla interesante en la que la melodía gana fuerza y se viste de profundidad y contundencia. Tres canciones y los asistentes ya acompañaban sumando palmas.
[–>[–>[–>Tras la pausa y el cambio de escenario Víctor Manuel aparecía en escena, a la 22.15 horas, antes de anochecer, en estos días con más horas de luz del año. Banda completa, acompañado de 6 músicos, entre ellos su hijo, David San José, colaborador habitual en sus giras desde hace más de 20 años y productor además de su último trabajo y que seguramente dota a la banda de un sonido más moderno que respeta los arreglos más reconocibles de las canciones.
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Arrancó el concierto con «Déjame por Dios que coja aire», tema de su último disco para dar paso a «Cruzar los brazos» y «Déjame en paz» dos de sus composiciones de carácter más rockero del repertorio que en su momento lo alejaron de la ortodoxia de cantautor del arranque de su carrera (más de 60 años de carrera, que no es poco). Sonido limpio, buen estado de forma en la voz y una cuidada iluminación con sutiles juegos de luces en el castillete del pozu.
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[–>Sus primeras palabras tras esta triada de canciones fueron para expresar gratitud, expresar la alegría de estar aquí tantos años después y para recordar que «este país es ahora mucho mejor que el que conocimos la gente de mi generación» hy dar paso a «Cómo voy a olvidarme», canción de letra explícita que arrancó la primera ovación espontánea en el verso que reza «que se haga justicia sobre todas las cosas».
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El concierto avanzó recordando parte de su repertorio más pop, mientras la iluminación iba creciendo en intensidad y cambiando de color sobre el castillete del pozu. Así se fue adentrando en la primera época del cantante, la más apegada a Asturias, una de las lineas en la temática de sus composiciones (junto al retrato, el amor y la temática social, que siempre se cuela en todas de manera más o menos sutil). «Romería» puso a la gente a cantar y «En la planta 14» levantó tímidamente al público de la zona de sillas. Fueron momentos que aprovechó para recordar su prolífica producción de los 20 años y para recordar y mostrar su orgullo por su vinculación familiar con la minería. Una emocionada interpretación de «El abuelo Vitor» empezó a cerrar, justo después, esta parte del repertorio.
[–>[–>[–>Bajo los destellos de la cuidada iluminación y manteniendo un muy buen pulso, recondujo la nave hacia los puertos de la cancion pop que le llevó por la senda del éxito popular masivo en la década de los 80 y lo mantuvo en los 90. Sin dar la espalda a temas de su nuevo trabajo (interpretó un total de cuatro canciones y reivindicó el derecho de los autores de largo recorrido a presentar sus nuevos temas, quizá menos coreados por menos escuchados, cosa de los tiempos que corremos), sonaron temas como «Bailarina», «La Madre», «Ay amor», «Nada sabe tan dulce como su boca», «Solo pienso en ti» o la eterna «Soy un corazón tendido al sol».
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Tiempo hubo para hacer alusión a lo errados que están aquello que mantienen la nostalgia por épocas pasadas que no conocieron y a la geopolítica actual a través de una curiosa analogía entre el reflejo en el espejo del «Cuélebre» y Trump –»esta es la mañana en la que el cuélebre se miró en el espejo y vio a Trump»– y otra referencia a Santiago Abascal.
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Llegado el turno de los bises, sonó una inesperada «Santa Barbara Bendita», y, como no podría ser de otra manera, siguió » Por el camino de Mieres» y «Asturias», para dar un cierre épico a una velada de reencuentro y amor recíproco con un repertorio que muestra músculo y emoción a partes iguales, que crece y gana lustre con el paso del tiempo. Larga vida a la canción, larga vida a sus intérpretes.
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