Volver a sentirnos España
Susana Solís es representante del Partido Popular en el Parlamento Europeo
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Hay noches que duran mucho más de noventa minutos. Noches que se quedan grabadas en la memoria colectiva y que consiguen detenerlo todo. El pasado domingo vivimos una de ellas.
[–>[–>[–>España volvió a proclamarse campeona del mundo. Lo hizo sufriendo hasta el final, resistiendo, creyendo y venciendo a Argentina. Dieciséis años después de levantar nuestra primera estrella, la selección nos devolvió una alegría que millones de españoles necesitábamos.
[–> [–>[–>Durante unas horas desaparecieron las diferencias. No importaba la edad, el lugar de nacimiento, el equipo local de cada uno ni a quién se hubiera votado. En las casas, en las plazas, en los bares y en las calles volvimos a sentirnos parte de algo común. Volvimos a abrazarnos con desconocidos. Volvimos a sacar la bandera sin complejos. Volvimos, sencillamente, a sentirnos España.
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Casi dos millones de personas recibieron a los campeones en Madrid. Pero la celebración fue mucho más grande que una multitud congregada en Cibeles. Se extendió por cada ciudad, cada pueblo y cada rincón en el que alguien gritó aquel gol como si le fuera la vida en ello.
[–>[–>[–>Yo he tenido la suerte de vivir este Mundial a caballo entre España y Bruselas. Algunos partidos los he visto con mi familia; otros, con compañeros del Parlamento Europeo. Y ha sido emocionante comprobar cómo cada victoria española despertaba admiración entre nuestros colegas europeos.
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Da gusto que España sea el orgullo de Europa. Que se hable de nuestro talento, de nuestra forma de jugar, de una generación joven que no se achanta ante nadie. En un continente demasiado acostumbrado últimamente a hablar de crisis, incertidumbre y pérdida de confianza, España ha recordado que Europa también puede competir, liderar y ganar.
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[–>Pero lo más valioso de este Mundial no ha sido únicamente el resultado. Ha sido el camino. Esta selección nunca dejó de creer en sí misma, incluso cuando muchos otros no lo hacían. Hubo momentos difíciles, partidos que parecían escaparse y minutos en los que habría sido fácil rendirse. Pero el equipo siguió unido. Nadie quiso ganar solo. Cada futbolista entendió su responsabilidad y confió en el compañero de al lado.
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Quizá por eso esta victoria nos ha emocionado tanto. Porque nos recuerda de qué somos capaces los españoles cuando remamos todos en la misma dirección.
[–>[–>[–>España tiene talento. Tiene trabajadores extraordinarios, jóvenes preparados, empresas que compiten en todo el mundo, agricultores y pescadores que mantienen vivo nuestro territorio, investigadores, deportistas y familias que se levantan cada mañana para sacar el país adelante. Lo que demasiadas veces nos falta no son capacidades, sino un rumbo compartido y gobernantes a la altura de ellas.
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Mientras la selección representa esfuerzo, confianza y compañerismo, la política nacional lleva demasiado tiempo instalada en la división, el enfrentamiento y la búsqueda permanente de culpables. Allí donde el equipo ha levantado puentes, algunos siguen empeñados en levantar muros.
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El episodio protagonizado por Sumar apenas un día después de la celebración es un buen ejemplo. Cuando el país todavía felicitaba a Ferran Torres por marcar el gol que nos hizo campeones, el socio del Gobierno decidió señalarlo públicamente y acusarlo de «especular» con la vivienda a través de una sociedad de inversión.
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La vivienda es uno de los mayores problemas de España y merece medidas serias. Pero intentar convertir a un futbolista en enemigo público mediante acusaciones y titulares no construye una sola casa ni ayuda a un joven a emanciparse. Después de años gobernando, señalar con el dedo a ciudadanos concretos es mucho más fácil que asumir responsabilidades.
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Frente a esa forma de hacer política, la selección nos ha ofrecido una imagen mucho más esperanzadora de nuestro país. Una España en la que cada uno aporta lo mejor que tiene. Una España que no pregunta de dónde viene el compañero, sino hacia dónde quiere avanzar. Una España que no se rinde cuando el partido se complica y que sabe que los grandes resultados nunca son obra de una sola persona.
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No deberíamos necesitar una final para recordar todo lo que compartimos. Pero quizá esta victoria pueda servirnos como punto de partida.
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Como en el fútbol, también en política los partidos difíciles se ganan con preparación, liderazgo, valentía y confianza. Los españoles merecen gobernantes que crean en sus posibilidades, que unan en lugar de dividir y que estén más preocupados por mejorar la vida de los ciudadanos que por mantener el poder.
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El Mundial nos ha enseñado que nunca hay que perder la esperanza. Que incluso cuando el cansancio pesa y el tiempo se agota, todavía puede llegar el gol que lo cambie todo. Disfrutemos de esta victoria. Sintámonos orgullosos de nuestra bandera y de nuestro país. Y guardemos esta sensación para los momentos difíciles.
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Porque, dentro y fuera del campo, una España mejor está por venir.
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