Internacional

«Yo me quedé estática debajo de una viga pidiéndole a Dios»

«Yo me quedé estática debajo de una viga pidiéndole a Dios»
Avatar
  • Publishedjunio 28, 2026




La ventana de tiempo que según los expertos dura 72 horas para encontrar el mayor número de personas con vida se ha cerrado tras los terremotos del miércoles en Venezuela. Este fin de semana, con las labores realizadas por los rescatistas que llegaron de distintos países del mundo, el número de personas rescatadas con vida aumentó considerablemente, aunque los informes oficiales del Gobierno interino de Delcy Rodríguez no han determinado una cifra tentativa.

“Me quedé estática bajo una viga pidiéndole a Dios, entregada completamente a Dios”, cuenta a LA RAZÓN María Hernández, habitante del edificio Maury en Chacao, en Caracas, una de las zonas más impactadas de la capital. La estructura no colapsó por completo, pero las paredes sí colapsaron, dejando a los residentes atrapados en el interior.

María fue salvada por un vecino que recuperado del susto comenzó a levantar escombros hasta encontrarla. «Me dijo que no me dejaría en paz», cuenta la mujer de 66 años, que ahora espera saber si su casa es reparable o si el edificio está comprometido.

Cerca de allí se derrumbó el edificio Don Pepe. 48 horas después, los bomberos de la capital pudieron adentrarse entre los escombros para buscar personas vivas. Migdalia Carros dice que estaba en el departamento cuando la estructura cayó encima de ellos. «Nos sacaron por un pequeño agujero porque estábamos bloqueados. El proceso desde que llegaron hasta que pudimos salir fue de unas dos horas, un milagro porque los bomberos prácticamente trabajan con las uñas, aunque están haciendo un gran trabajo.

El padre de Migdalia no pudo ser rescatado ni se le escuchó gritar que estaba vivo. Su cuerpo aún no ha sido sacado del derrumbe. «Nos explican que las placas de cada piso son muy grandes y no hay herramientas suficientes para quitarlas», confirma su hija. «Ha estado allí durante mucho tiempo y ya sé que tengo que reconocer un cadáver». Linda Pérez también abandonó esa estructura. Afirma que seis personas salieron vivas del lugar y cuatro más murieron.

En La Guaira la situación es más dramática. Cada vida salvada se celebra con aplausos. Como el de Luciano, un niño de 3 años que fue rescatado de entre los escombros de un edificio en la zona de Caraballeda. Más atrás, su madre Oriana y su padre Jesús. Fueron retirados mediante acción voluntaria, sin equipo especializado. «Nos salvó que un mueble sostuviera el techo y dejara espacio para respirar».

Bomberos enviados por Colombia rescataron a Moisés, un niño de 11 años que se encontraba con vida en uno de los edificios derrumbados en La Guaira. Otros vecinos y familiares no corrieron esa suerte. Imágenes similares han sido difundidas por las autoridades de Estados Unidos, México, Francia, El Salvador y otros países que enviaron misiones de rescate. Esos rescatistas cuentan con equipos de alta tecnología, como radares que detectan señales de calor o ruido debajo de las pesadas estructuras. También cámaras térmicas y máquinas que permiten romper paredes con mayor precisión para no dañar a quien pueda estar todavía debajo.

Uno de los casos de éxito es el rescate de Belkys Josefina Barreto García, de 60 años, quien permaneció atrapada durante 86 horas bajo los escombros del edificio Breogán, en Caraballeda. Salió con vida después de trabajar once horas continuas para lograrlo, durante las cuales pudieron darle agua y aliento. Los rescatistas fueron salvadoreños y peruanos.

Los Bomberos de Quito localizaron y rescataron a Marlene, una mujer de 80 años que permaneció atrapada por más de 60 horas entre los escombros de un edificio en el sector Playa Grande de La Guaira. «Nunca dejamos de buscar. Cada maniobra, cada decisión y cada minuto de esfuerzo estuvo guiado por la misma convicción: mientras exista la posibilidad de encontrar vida, nuestra misión continúa», afirmó uno de los rescatistas.

Quizás el Estado que menos comunica el accionar de sus propios salvadores sea, paradójicamente, Venezuela. Precisamente ayer el gobierno interino empezó a difundir algunos vídeos, varios de ellos protagonizados por civiles realizando labores de rescate. Por eso, aunque los equipos de bomberos fueron protagonistas en los rescates de zonas de Caracas, son los que menor reconocimiento público han tenido, en comparación con los enviados extranjeros.

Y es también por eso que las personas que todavía intentan salvar a sus familiares en estructuras demolidas siguen lanzando llamadas de alarma y huérfanas. Carlos Gutiérrez sabe dónde están sus familiares en Catia La Mar, los ha escuchado bajo los escombros, pero no tienen forma de rescatarlos. «Estamos esperando ayuda, esperando a ver si podemos».

El teniente coronel Oswaldo Guédez, de los Bomberos de La Guaira, fue rescatado de su casa «después de 30 horas por mis compañeros». «Estoy muy agradecido», dijo. Inmediatamente se sumó a las labores de rescate, también como una forma de atender su dolor. «Lamentablemente mi esposa no corrió la misma suerte, y en este momento mis compañeros están recuperando su cuerpo», agregó.

Mariela Uribe, voluntaria de rescate caraqueña, dijo a LA RAZÓN que las autoridades, en los hechos, han sido un obstáculo para el trabajo de quienes quieren ayudar. «Llegan muy limpios para querer dar órdenes. “Ponte los guantes y ve a mover escombros”, afirmó.

A las dos de la tarde, el presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez, informó como balance oficial el récord de 1.450 personas muertas, 3.150 heridos y 12.721 afectados. Además, un total de 774 edificios resultaron afectados o derrumbados. Contabilizó el trabajo de 2.624 rescatistas extranjeros y 137 perros de búsqueda; pero no dijo cuántos venezolanos participan en estas tareas.



Puedes consultar la fuente de este artículo aquí

Compartir esta noticia en: