1926
1926 fue una año mágico para Asturias. Nacieron iniciativas centenarias, como Radio Asturias, el Real Oviedo, la Vuelta Asturias, el Banco Herrero, el Centro Asturiano de Oviedo, La Benéfica, el Teatro Toreno, el Club Rotario de Gijón,… En él la primera autopista metropolitana de España estaba en proyecto y ALSA llevaba tres años de vida.
[–>[–>[–>Asturias había completado la transición demográfica. Era una región moderna y potente. Tenía 826 000 hab. y la mitad residía en el potente distrito industrial central que apuntaba a área metropolitana.
[–> [–>[–>Asturias era una tierra de oportunidades, que se estaban ejecutando por la concentración de mucho talento. Tanto que la hacía funcionar “a pleno rendimiento», escribía José Pla.
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La burguesía se había asturianizado, liderando el proceso modernizador por tierra, mar y aire. Nombres como José Tartiere, Policarpo Herrero , Hermógenes González, Vicente Figaredo; apellidos como Junquera, Duro, Chávarri, Zarracina, Alvargonzalez, Caicoya, Sela…. están asociados a compañías como Duro Felguera, Moreda, Fábrica de Mieres, Sociedad Industrial Asturiana Santa Bárbara, Unión Española de Explosivos, Hidroeléctrica del Cantábrico, “el Vasco”, CASA, hoy Airbus España; que obtenían financiación de una banca regional llamada de Industria, Comercio y Navegación, de Asturias, de Oviedo, Gijonés de Crédito, Minero Industrial, Trelles…
[–>[–>[–>Se habla de una generación del 27 de notables ingenieros, y la mayoría trabajaban en Asturias , como José Eugenio Ribera Dutasta el pionero del hormigón armado en España y su discípulo Sánchez del Río. Diz de Brecedoniz, es especialista en carreteras de montaña. Francisco Bustelo, fundó la Sociedad Ibérica del Nitrógenos, con fábrica en Mieres. Hormigón y dinamita servían para calar profundos pozos mineros y las innovaciones se aplicaban a obras públicas y edificaciones, proyectadas por arquitectos como Rodríguez Bustelo, de La Guardia, Corujedo, del Busto, Salto o Acha Zulaica.
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El recién electrificado tramo de Pajares era llevado al límite de su explotación ferroviaria, con el carbón que sacaban los mineros con jornada laboral de ocho horas, y que residían en concejos industriales densamente poblados y temprana y originalmente urbanizados, con tímidos precedentes de la “Bauhaus”.
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[–>Las minas de montaña habían dejado un buen pasar en las aldeas, donde las casas del pueblo tenían biblioteca y dispensario de Cruz Roja, solapándose con las hermandades de socorro mutuo y con la obra de los indianos filántropos. Oviedo era “la ciudad que todos tenían en mucho” con teatro de la ópera, suntuoso Hotel Covadonga, solo equiparable al Palace, para albergar a divos e invitados de la pujante burguesía. Pero no era menos urbana la vida en las villas, que cuentan con teatro italiano, hoteles y cafés finos, casino, centros culturales, ateneos obreros y sociedades excursionistas; las costeras añaden aduana, consignatarios, y flota. Y todas constituyen la cabeza de pequeños sistemas locales de empresas que irradian hacia dentro y hacia fuera.
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La Universidad de Oviedo, la más pequeña de la decena de universidades españolas del momento, reunía una plantilla excelente que se proyectaba por el mundo y atraía a colonias artísticas como La Pumariega en Muros, que acoge a Benlliure, Sorolla, Rubén Darío, Azorín y Pérez de Ayala. Otros también veranean en San Esteban y en Salinas, configurado como higienista “barrio universitario” que atrae el veraneo de intelectuales y políticos liberales peninsulares, mientras que Ribadesella concentra el aristocrático.
[–>[–>[–>En definitiva, «viniendo de Castilla, Asturias es un oasis lleno de vida, de actividad, de salud y de agitación». Agitación que se convirtió en convulsión en el año 34 año cuando los mozos revolucionarios de Mieres “se rebelaron desnortadamente” y proyectaron su fuerza, acumulada tras andar detrás del ganado por las montañas y encuadrados ante el peligro de la mina.
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El comunalismo propio del sistema agrario tradicional estabilizó un país que se resistía a ello por su abrupta orografía. En su centro , el sistema de herencia campesina no obligaba a mantener la casa matriz sino que las multiplicaba, dando voz y propiedad a las mujeres, que también heredaban y, de paso, fomentaba la endogamia, pues convenía casar en la aldea para sostener una nueva familia autónoma. La primera minería no cambió el sistema, lo reforzó . Esa democracia vital tradicional, utilizada para sobrevivir con hidalguía en casas con blasones conseguidos en tierras lejanas, y desarrollada en un ambiente de esfuerzo exigente y sin descuidos, había sido apuntalada con los nuevos instrumentos de la modernidad ideologizada. Hormigón, dinamita y propaganda, cubrían con un velo de modernidad la antigua solidaridad campesina, ahora orientada por el viento ideológico que salía de las minas, y que en vez de reforzar la sociedad civil la desdibujó con trazos internacionalistas y la lanzó contra la capital. La experiencia terrible hizo dudar a Asturias y una historia despiadada puso en fuga a capitales y talentos. Cuando volvieron ya eran otros muy distintos.
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