62 plazas y luz en grandes ventanales
Tras 21 meses de trabajo y una inversión de algo más de dos millones –de los que 500.000 euros llegaron de Europa a través de una convocatoria incluida en Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR)– las viejas oficinas de Vicasa ya lucen impecables en el corazón de La Calzada y preparadas para dar el salto de vestigio del pasado industrial de la zona oeste a futuro alojamiento dentro de la oferta turística de Gijón.
[–>[–>[–>La concejalía de Infraestructuras, que lidera el forista Gilberto Villoria, acaba de dar por recepcionadas las obras que ejecutó la firma Arposa 60 y que sufrieron un modificado sobre el plan inicial. Finiquitado el trabajo desde esa área municipal ahora le toca mover ficha a Turismo que, de manera simultánea, licitará los contratos para la adquisición del mobiliario y los enseres del albergue y la selección del concesionario que gestione el nuevo equipamiento. La previsión es que el albergue pueda estar abierto en otoño.
[–> [–>[–>Una de las habitaciones de grupo donde irán las literas. / M. L.
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Un matiz, el albergue turístico ocupará solo uno de los dos edificios que conforman el complejo de Vicasa pero la obra ha incluido también actuar sobre la cubierta y las fachadas de su «gemelo», que mantendrá su antiguo uso como centro de formación laboral, aunque ahora dependiendo de la Agencia Local de Empleo y no de los sindicatos UGT y CCOO. Se está en el proceso de homologación de esos espacios.
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Eliminados los andamios desde la calle ya se puede ver el primer gran cambio: el color del edificio. Los tonos rojizos han desaparecido en favor de una pintura clara que busca la estética original de la construcción. No es el único guiño al pasado del edificio que formó parte del gran complejo de Gijón Fabril, la fábrica de producción de vidrio plano y botellas constituida en 1915 y que en 1960 sería absorbida por Vidrieras Españolas para pasar a llamarse Vidrieras de Castilla S.A. (Vicasa) en 1981. Nombre con el que abandonaría La Calzada hacia Porceyo. El recuerdo de Gijón Fabril se encuentra en las salas comunes de la primera planta del albergue. Allí los paneles acústicos dan soporte a fotos históricas del complejo fabril recuperadas del archivo de la fábrica que se custodia en el Museo del Pueblu d´Asturies.
[–>[–>[–>También se va a recuperar la placa que ya hace tiempo se había colocado en el edificio como recuerdo de su pasado. Ahora mismo, la placa está en manos de personal de la Fundación Municipal de Cultura para incluirle un código QR que la vincule a las rutas de memoria industrial de la zona oeste.
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Las escaleras dentro del patio interior. / M. L.
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De habitaciones accesibles a lavandería y guardabicis
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La reforma del edificio, bajo la responsabilidad de la arquitecta municipal María Méndez, muestra desde un primer momento el compromiso con la máxima accesibilidad –desde información en braille en los paneles a las marcas en el suelo fijando rutas para personas con alguna discapacidad visual y las dos habitaciones adaptadas para personas con movilidad reducida–y con las necesidades que tengan sus futuros alojados, muchos de ellos peregrinos, a los que se ofrece un espacio interior donde guardar las bicicletas, una cocina equipada con todos los electrodomésticos, una lavandería y cuartos que se pueden usar como almacén para sus enseres.
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[–>En total el albergue turístico tiene 62 plazas. De ellas, 52 están en habitaciones grupales: dos habitaciones de 20 plazas y otras tres de cuatro plazas cada una. En la planta baja están las habitaciones adaptadas y en el bajo cubierta hay cuatro habitaciones dobles con baño. En algunos casos con el baño repartido entre dos espacios para aprovechar las diferentes alturas y recovecos de esa parte del edificio. Los nuevos alicatados conviven con las viejas estructuras de madera que se han dejado vistas y que lucen tanto como las piezas de forja de los exteriores de las ventanas y de los cierres de las puertas de acceso. Una desde la calle de Las Industrias y la otra, que da a la trasera del complejo comercial y de ocio del barrio.
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La zona de descanso exterior y la puerta de acceso al albergue. / M. L.
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Una zona verde y de descanso en lucha contra las palomas
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En las habitaciones donde irán las literas, la gran altura de la planta permite que el espacio entre una y otra sea holgado y que bajo la litera inferior quede un hueco con dos cajones para que los usuarios puedan dejar cosas. A la altura de cada litera un foco de luz y una mesilla incrustada sobre un revestimiento de pared realizado con tableros OSB. Un derivado de la madera hecho con virutas orientadas que, en el caso de Vicasa, tiene su singularidad a través de un color propio.
[–>[–>[–>Y si algo tienen en común todas las estancias es la luz natural. Las decenas de grandes ventanales del edificio marcan su estética exterior pero también la luminosidad de su interior. Sin olvidar la luz que entra a través del patio interior cubierto que tiene el edificio, y donde se han preservado las ventanas originales, que están pintadas en negro frente al blanco de las que se han cambiado en las fachadas del inmueble.
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Entre los edificios gemelos y bajo una imponente estructura metálica se ha habilitado una zona de descanso, exterior pero protegida de las inclemencias, donde hay jardineras en las que se han plantado espino blanco, laurel y arándanos y que se convierten en bancos de madera donde sentarse y junto a las que se han ubicado dos hoteles de insectos. Aunque no son ahora mismo los insectos los animales que están preocupando al Ayuntamiento en ese espacio. Son el grupo de palomas que ha decidido adelantarse a la apertura del alojamiento turístico y cuyos excrementos «llueven» sobre jardineras y bancos. Se busca plan para alejarlas antes de que lleguen los viajeros a estrenar el albergue de Vicasa.
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