te atrapa desde el primer momento y debería ser una maravilla del mundo




España es un paraíso para los amantes del senderismo. Con rutas emblemáticas como el Camino de Santiago, que recorre todo tipo de paisajes a lo largo de mil kilómetros, o cientos de senderos impresionantes como la ruta de la Garganta de los Infiernos en el Valle del Jerte o el camino del Cares en los Picos de Europa asturianos. Pero hay una ruta de la que probablemente no hayas oído hablar y que sólo puede describirse como incomparable.
La ruta de las estrellas de Teruel


Te hablo de la ruta de El Barranco de la Hoz, que te envuelve desde el primer paso. Comienza en un pequeño pueblo aragonés, Calamar, con apenas 60 habitantes, situada en el Sierra de Albarracín, en Teruel. Conserva el encanto de la montaña aragonesa con sus casas de piedra rojiza junto a calles empedradas que serpentean entre huertas.
Desde allí, la ruta de Barranco de Hoz (SL-T-40) Se presenta como una invitación irresistible. Se adentra en el cañón excavado por el río Blanco durante casi 9 kilómetros. Es accesible para la mayoría de senderistas, con una dificultad moderada que lo hace ideal para familias aventureras o senderistas principiantes, aunque requiere un nivel mínimo de condición física debido a sus suaves pendientes y pasajes expuestos.
El Moricacho, un gigante del rock


Al cabo de unos metros te encuentras con la primera sorpresa: el moricacho, una enorme columna de roca junto a un arco natural. Luego el camino baja hasta Madre de los Ahogados, cuyo nombre recuerda un trágico accidente ocurrido a finales del siglo XIX, cuando el lugar no era tan seguro como lo es hoy. Desde allí se adentra en el barranco, donde río blanco, de aguas puras y frías procedentes de altos manantiales, serpentea entre paredes verticales de roca caliza rojiza.
Una aventura por pasarelas de madera y metal


De repente, el camino choca contra las rocas, pero se puede atravesar mediante pasarelas de madera y metal suspendidas sobre el agua. Tu mirada no descansará, pues se desplazará de un lugar a otro, según cuál sea el más impresionante.
Avanzas y la pasarela gira, desciende, se mete en rincones y recovecos. A veces te cubre la fresca sombra de la roca, o un claro deja que un rayo de luz dorada ilumine el agua. La sensación es de inmersión total. No ves el barranco, estás dentro de él, como cuando pasas bajo el Puente de Toba donde cruzas el Cañón de los Arcos, donde las paredes de roca de ambos lados casi se tocan. Así durante más de dos kilómetros de recorrido.
Luego la ruta se abre a la altura del lugar llamado El Molino de los Pasos. Se trata de huellas de dinosaurios impresas en la roca, testigos de una época jurásica en la que estos gigantes pisaban el terreno arcilloso, pero la tradición por supuesto las atribuye al diablo, que habría venido a bailar aquí durante las noches de tormenta.
Plantas medicinales y vida silvestre.
Para enriquecer la experiencia, el curso es un paraíso botánico con plantas medicinales como la manzanilla amarga, ideal para infusiones digestivas, o el tomillo para combatir los resfriados, así como árnica contra el reumatismo y cola de caballo como remineralizante natural.
Luego el sendero asciende entre bosques de pino laricio y sabinares, donde se puede contemplar ciervos, águilas reales, halcones peregrinos y buitres leonados, y termina en Frías de Albarracín, otro pequeño y encantador pueblo, en cuyo municipio se encuentra nacimiento del Tajo, el más largo de España. Es espectacular, igual que Cascada batida, un salto de 20 metros situado a pocos kilómetros de distancia.
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