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Cataluña pone 52 millones a la transición nuclear sin despejar el futuro energético

Cataluña pone 52 millones a la transición nuclear sin despejar el futuro energético
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  • Publishedenero 8, 2026



Cataluña avanza en la transición energética de los territorios más dependientes de la energía nuclear manteniendo intacto el calendario de cierre de sus centrales. El Gobierno ha aprobado una nueva batería de ayudas para preparar económicamente las comarcas de Ascó y Vandellós para la desconexión prevista entre 2030 y 2035, una decisión que, sin embargo, sigue generando un fuerte rechazo entre los expertos del sector energético, que alertan de los riesgos de prescindir de la nuclear sin un plan alternativo sólido.

El Departamento de Empresa y Trabajo, a través de Acció, destinará 52,5 millones de euros a impulsar proyectos industriales y de innovación en las zonas afectadas por el futuro cierre de las centrales nucleares de Ascó y Vandellós. Se trata de fondos correspondientes al Fondo de Transición Nuclear 2025, con el que la Generalitat prevé beneficiar a 183 empresas, movilizar más de 143 millones de euros de inversión privada y crear alrededor de 130 puestos de trabajo.

El objetivo oficial, según explica el Gobierno, es adelantarse a la transición energética y reforzar el desarrollo socioeconómico del territorio ante el apagón nuclear. El ministro de Empresa y Trabajo, Miquel Sàmper, ha defendido que estas ayudas deben actuar como un «acelerador» para modernizar el tejido productivo de las regiones afectadas y reducir su dependencia histórica de las centrales.

El grueso de los recursos se concentra en el Baix Camp (27%), seguido del Baix Ebre (25%) y Ribera d’Ebre (19%), mientras que Priorat, Terra Alta, Segrià y les Garrigues completan el reparto. El Gobierno destaca que se trata de un paso clave para garantizar una transición «justa y ordenada».

Sin embargo, mientras la Generalitat refuerza los mecanismos para amortiguar el impacto territorial del cierre, el debate energético de fondo sigue abierto. Y ahí es donde las advertencias del sector chocan frontalmente con la hoja de ruta política.

Una dependencia difícil de sustituir

Los expertos consultados por La Razón recuerdan que Cataluña obtiene hoy más de la mitad de su electricidad de centrales nucleares. Ascó I y II y Vandellós II aportan alrededor del 56% del suministro eléctrico, con factores de explotación cercanos al 90%, lo que los convierte en la principal fuente de energía firme de la comunidad.

“El problema no es sólo la transición, sino el calendario”, resume una fuente del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN). En su opinión, cerrar centrales nucleares sin haber desplegado previamente un sistema alternativo suficiente “es un error histórico” que aumentará la dependencia exterior y encarecerá la factura eléctrica.

El diagnóstico lo comparte Alfredo García, supervisor de la central de Ascó y divulgador conocido como Operador Nuclear. “Cataluña llega tarde y le falta potencia firme”, advierte. Según sus cálculos, sustituir el 56% de la electricidad nuclear en apenas una década requeriría multiplicar por cinco la capacidad renovable instalada, reforzar la red eléctrica y desplegar almacenamiento masivo a gran escala.

«En 2024 sólo se añadieron 79 megavatios de renovables, frente a los 15 gigavatios que serían necesarios. Sin nuclear, ese hueco se cubrirá básicamente con gas natural o importaciones», sostiene.

Más gasolina, más precios y más emisiones

Los expertos advierten que el cierre nuclear tendría un impacto directo en los precios de la electricidad y la competitividad industrial. García recuerda que, según estimaciones de PwC, la industria catalana podría pagar hasta 265 millones de euros más al año si aumenta la dependencia energética exterior.

“Importar más de la mitad de tu electricidad no es una estrategia, es una vulnerabilidad”, apunta. Sobre todo, añade, cuando buena parte de esas importaciones procederían de Francia, cuya producción es mayoritariamente nuclear.

El CSN insiste en que el calendario de cierre no responde a criterios técnicos. “Las centrales son hoy más seguras que hace 40 años”, explica otra fuente, que recuerda que cumplen con los estándares del propio CSN, la Agencia Internacional de Energía Atómica y la Asociación Mundial de Operadores Nucleares, con auditorías y renovaciones constantes. «La vida útil del diseño de 40 años es un mínimo, no una fecha de vencimiento».

Como ejemplo, ponen los reactores gemelos de Ascó que ya han sido autorizados a funcionar hasta 80 años en Estados Unidos.

Un cierre político en un contexto internacional opuesto

El contraste con el contexto internacional es otro de los argumentos recurrentes. Mientras países como Estados Unidos, Francia, Japón o Corea del Sur amplían o refuerzan su flota nuclear, España mantiene el calendario de cierre acordado en 2019. “Es una decisión política, no técnica”, resume García.

Las fuentes consultadas destacan también que la energía nuclear evita millones de toneladas de CO₂ cada año, aporta estabilidad al sistema y reduce la exposición a crisis geopolíticas vinculadas al gas. “Después de las renovables, es la energía más limpia y segura”, defienden.

El reciente decreto del Gobierno para acelerar las renovables y regular el almacenamiento en baterías va, según los expertos, “en la dirección correcta”, pero no resuelve el problema central: cómo reponer más de la mitad de la electricidad de Cataluña en tan poco tiempo sin disparar los precios, las emisiones y la dependencia exterior.



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