mucho «voy a» y poco «lo hice»
Año nuevo, vida nueva…o al menos eso decimos todos los días. 1 de enero. Porque no falla: en cuanto se acaban las uvas, Empezamos con los clásicos de siempre.. Este año sí: dejo el azúcar, voy al gimnasio, aprendo inglés, me organizo mejor, ahorro, leo más, dejo el móvil… y así sucesivamente. que suena bien en voz alta, pero que Generalmente lo deja ahí: en palabras.
Según los expertos, Más del 80% de las resoluciones no pasan de enero.. Es decir: duran menos que un roscón en una casa con niños. Porque la motivación al principio suele ser tan intensa como pasajera. Los gimnasios se llenan en enero… y se vacían en febrero. Los Tupperware saludables duran una semana. Y el inglés vuelve a tener un “nivel medio” en el plan de estudios habitual.
El problema, dicen los psicólogos, es que Hacemos la lista con mucha ilusión… pero poca estrategia. Hicimos diez cambios a la vez, cuando incluso un solo superviviente sería un logro. Además, enero no ayuda: es frío, difícil, con resaca emocional y económica. Y además ¿quieres que deje de comer chocolate?
¿La solución? ir poco a poco. Comience con metas modestas, realistas y sostenibles: cambie una rutina, no toda su vida. En lugar de una lista de 10 resoluciones, céntrese en uno o dos realmente importa. Y sobre todo, comprenda que no es necesario empezar el 1 de enero para cambiar algo. Cualquier día es bueno si hay motivación..
Así que, si ya has fracasado en alguno de tus objetivos, cálmate: no son los unicos. Pueden empezar de nuevo hoy, mañana o en marzo. Porque el año es largo, pero la voluntad de enero… corta.
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