La República Islámica afronta la enésima oleada de protestas contra los ayatolás
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Las de 2026 son las mayores movilizaciones desde la muerte bajo custodia del kurdo-iraní Mahsa Amini
Estudiantes, reformistas y trabajadores lideran la protesta desde la fundación de la República Islámica.
MADRID, 12 de enero (EUROPA PRESS)-
La crisis económica provocada por el desplome del valor del rial, la moneda nacional iraní, ha sido el detonante de la última ola de protestas que ha sacudido las principales ciudades iraníes en los primeros días de 2026 y se ha cobrado más de 500 vidas, pero el país centroasiático tiene un largo historial de protestas, hasta ahora reprimidas con éxito por las fuerzas de seguridad.
El régimen teocrático iraní se instaló en 1979 tras una revolución que acabó con la monarquía pro occidental del Sha de Persia, responsable de graves persecuciones a la oposición democrática, y, nada más llegar al poder, los ayatolás continuaron con esta labor metódica de represión violenta de la disidencia.
Los primeros años del gobierno del clero chiita estuvieron marcados por una sangrienta guerra con el Irak de Saddam Hussein, entonces aliado de Estados Unidos. Tras ocho años de conflicto con medio millón de muertos, las autoridades iraníes ponen sus ojos en el frente interno, incluyendo a algunos de sus aliados en la guerra contra Irak, como las milicias kurdas en el noroeste del país.
La culminación de esta mirada hacia adentro fue la ejecución masiva de entre 3.000 y 30.000 prisioneros, políticos principalmente de organizaciones de izquierda, muchos de ellos claves en la revolución que terminó con el ayatolá Ruhollah Jomeini en el poder.
El siguiente hito de la contestación interna fueron las movilizaciones estudiantiles de 1999. La respuesta de las autoridades fue el asalto a las residencias de la Universidad de Teherán la noche del 9 de julio de 1999, en el que tres estudiantes murieron y muchos más fueron golpeados y detenidos.
Sin embargo, lejos de frenar las protestas, esta represión provocó que miles de estudiantes salieran a las calles y se manifestaran masivamente en las principales ciudades del país durante varios días consecutivos. Finalmente las protestas cesaron, pero dejaron un terreno en el que creció una oposición interna prácticamente inexistente en la década anterior, diversa, pero con objetivos comunes como la separación del Estado y el establishment clerical chiita o el respeto a las libertades fundamentales, con igualdad entre géneros.
El resultado fue la llegada de un grupo de reformistas al Parlamento iraní en 2000 con la esperanza de reformar el sistema de la República Islámica desde dentro bajo el presidente reformista Mohamed Khatami. Desde el Gobierno, una vez más la reacción incluyó el endurecimiento de la legislación, el cierre de periódicos reformistas y la detención y tortura de líderes de la oposición. En esta ocasión, la fuerza Basij, una organización ideológica de voluntarios armados creada para defender el sistema político iraní, fue clave.
MOVIMIENTO VERDE EN 2009
La victoria del ultraconservador Mahmoud Ahmadinejad en las elecciones presidenciales de 2009 fue la mecha que encendió una nueva ola de manifestaciones en Irán, un movimiento por las libertades civiles que comenzó un año antes de la llamada Primavera Árabe y que acabó conociéndose como Movimiento Verde o Revolución Verde.
Las calles se llenaron de manifestantes que denunciaban el fraude electoral en la victoria de Ahmadinejad en una gran manifestación el 25 de junio de 2009 bajo el lema «¿Dónde está mi voto?». Durante los siguientes siete meses, las manifestaciones y actos de desobediencia civil continuaron hasta que el 14 de febrero de 2010, una manifestación en Teherán en apoyo a la Primavera Árabe fue violentamente reprimida por las fuerzas de seguridad.
Los líderes de las protestas fueron perseguidos y detenidos sistemáticamente, pero su principal cara visible, Mirhosein Mousavi, se mantuvo al frente de las reivindicaciones hasta que se dictó arresto provisional y fue silenciado. Siguiendo el guión, también fueron encarcelados periodistas, activistas de derechos humanos y líderes de minorías.
A nivel discursivo, el régimen iraní señaló, como hace ahora con las protestas, a Estados Unidos e Israel como causantes de los disturbios y, de hecho, algunos de los activistas que se exiliaron se sumaron al discurso de «cambio de régimen» impulsado por Washington y por la familia real persa que aspira a recuperar el trono. Sin embargo, la gran mayoría de los miles de exiliados en Europa o Estados Unidos defienden los cambios democráticos, criticando las sanciones estadounidenses, posición que se ve reforzada por la trayectoria de Irak, Libia o Siria.
En diciembre de 2017 comenzaron las manifestaciones en la segunda ciudad del país, Mashhad, motivadas por la inflación y el empeoramiento de las condiciones de vida. En diez días, las protestas se habían extendido por todo el país, llegando por primera vez a pequeñas ciudades que no habían sido afectadas por las protestas desde 1979.
Otra diferencia fundamental con las protestas anteriores es que en esta ocasión, y de manera clara, las multitudes pidieron el fin del sistema político instalado tras la Revolución Islámica con la clase trabajadora al frente de la protesta, ahora descentralizada. Entre diciembre y enero, cientos de personas fueron detenidas y decenas murieron a causa de la represión, cifras nunca confirmadas oficialmente.
Organizaciones de Derechos Humanos señalaron 41 muertes y las autoridades atribuyen algunas de ellas a ataques contra sedes de organismos públicos. En otros casos, como muertes bajo custodia o muertes sospechosas que ocurren poco después de la liberación, se mencionan sobredosis de drogas o suicidios.
MUJER, VIDA, LIBERTAD
La muerte tras ser detenida de la joven kurdo-iraní Mahsa Amini, de 22 años, fue la causa desencadenante de la ola de protestas de 2022 y 2023. Amini fue detenida en Teherán por agentes de la Guidance Patrol, la policía de la moral, cuando caminaba con su hermano por llevar el velo «inapropiadamente».
Tres días después, el 16 de septiembre, falleció en un hospital mientras aún estaba bajo custodia y su funeral en su ciudad natal, Saqqez, en el Kurdistán iraní, se convirtió en un acto de reivindicación en el que las mujeres corearon el lema «Mujer, vida, libertad» en kurdo y se quitaron el hijab o velo musulmán como gesto de emancipación. La frase pronto se extendió a otras lenguas del país como el persa, el azerí o el baluche.
Así nació el movimiento Mujer, Vida, Libertad, esta vez con un marcado carácter feminista para reclamar la igualdad de derechos. Al menos 551 personas murieron y más de 22.000 fueron arrestadas en los meses siguientes de protestas.
Todas estas movilizaciones son fundamentales para entender la última ola de protestas que ya ha dejado unos 500 muertos, según organizaciones civiles, aunque se estima que son más de mil víctimas mortales. Por el momento, el sistema político iraní resiste esta nueva ola de protestas que, una vez más, exigen democracia, exigencia que estuvo junto con la justicia social en la raíz de la revolución de 1979.
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