El movimiento colono israelí vive su mejor momento
Empieza paulatinamente. Una pareja con un bebé o dos instalan una caravana en un pedazo de tierra aislada. A menudo, les acompañan algunos adolescentes. Son voluntarios. Con cualquier infraestructura improvisada, o en unas simples tiendas de campaña, construyen lo que va a ser su nueva casa. Tiene vistas al territorio que prevén conquistar, a la patria que creen que Dios les ha dado. Pero la realidad actual, que no bíblica, es que esa tierra es palestina. Su presencia allí es ilegal no sólo de acuerdo al derecho internacional, sino también a la ley de su país, Israel. Sin embargo, ahí siguen, y, con su llegada, con su permanencia continuada en tierra de otros, centenares de vidas, incluso miles, se ven alteradas. Así nacen los puestos de avanzada israelíes que están cambiando, y de manera drástica, la realidad sobre el terreno de la Cisjordania ocupada.
[–>[–>[–>La organización israelí Peace Now ha contado, a través de su proyecto de monitoreo Settlement Watch, que, hasta mayo de este año, había más de 270 puestos de avanzada desperdigados por todo el territorio palestino ocupado. Son emplazamientos precarios, casi salvajes, pero son la semilla para convertirse en un asentamiento, es decir, en una futura ciudad israelí en el corazón de la tierra palestina. Un informe de la emisora pública Kan, que fue difundido este lunes, reveló que las tropas israelíes son plenamente conscientes y cooperan con los colonos israelíes que construyen estos nuevos puestos, lo que marca un cambio evidente en la política militar israelí. A su vez, hay al menos 141 colonias establecidas de forma oficial por el Gobierno. En ellas, viven medio millón de colonos, sin contar a los 230.000 instalados en la Jerusalén Este ocupada. Su presencia no es nada nueva, es una herramienta más de la ocupación israelí que lleva más de medio siglo asfixiando a los palestinos de Cisjordania.
[–> [–>[–>«Política de Estado»
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«Se trata de un proyecto estatal desde 1967, ya que tanto los gobiernos laboristas como los del Likud [el principal partido israelí capitaneado por el primer ministro actual, Binyamín Netanyahu] han construido asentamientos», explica Mairav Zonszeinanalista senior Grupo de crisis internacional. «Siempre ha habido una patrón de proceso vertical, es decir, no se puede construir un asentamiento sin agua, electricidad, vivienda y conexiones proporcionadas por el Estado, pero también hay ciertos asentamientos cuya creación comenzó con un grupo de israelíes que decidieron ir a ocupar un lugar, y finalmente el El estado les permitió quedarse», dice a EL PERIÓDICO. «Es realmente una política de Estado», añade, remontando sus orígenes al inicio de la ocupación militar de Cisjordania.
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Es innegable, no obstante, la aceleración de esta expansión al llegar el actual Ejecutivo al poder. Hace tres años, Netanyahu constituyó el Gobierno más ultraderechista de la historia de Israel, con una presencia destacada de colonos. «No es la primera vez que forman parte de una coalición gobernante, pero sí es la ocasión en que hay más colonos y en los puestos más altos», señala Zonszein. En términos demográficos, los residentes de los asentamientos suponen un 5% de la población israelí. Pese a ser una minoría, los colonos han ascendido a las más elevadas posiciones en el gobierno, en los tribunales, y en la policía. «Están en todos lados, y esa es una de las victorias del movimiento de los colonos en la última década», afirma.
[–>[–>[–>«La presencia de colonos en el gobierno hace que se invierta más en sus prioridades, y también representa el hecho de que el Ejecutivo apoya a los colonos», subraya Hagit Ofran, directora del proyecto Settlement Watch de la organización israelí de derechos humanos Peace Now. Itamar Ben Gvir, ministro de Seguridad Nacional, y Bezalel Smotrich, a cargo de la cartera de Finanzas, se han convertido en los abanderados del movimiento colono en las instituciones. Conocidos por su discurso radical y su pasado violento, que les han valido a ambos detenciones en su juventud, los ultraderechistas han sido sancionados por diversos gobiernos europeos, como el español, que les ha prohibido la entrada al país.
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Dos niños judíos observan una retroexcavadora utilizada en la construcción de unas 50 viviendas en el asentamiento judío de Ariel. / EFE / OLIVIER WEIKEN
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Connivencia con las instituciones
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Desde su llegada al poder, han conseguido innumerables beneficios para su electorado, como mejoras fiscales, o la presencia de un colono como comandante del Ejército israelí en Cisjordania, Avi Bluth. «Los colonos y los soldados son uno», apunta Guy Hirschfeld, de la organización Mirando a la Ocupación a los Ojos. «Los colonos se están convirtiendo en oficiales y comandantes en los territorios palestinos ocupados», dice a este diario este activista de derechos humanos israelí que acompaña a la población palestina cuando pastorea su tierra con el objetivo de protegerlos de los colonos violentos. Tal vez la acción más alarmante de estos representantes políticos ha sido el cambio de régimen en Cisjordania llevado a cabo por Smotrich. Ahora, casi todas las competencias, salvo las relativas a la seguridad, han sido transferidas del Ejército a un mecanismo civil que él dirige.
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[–>Esta connivencia con las instituciones ha permitido a los colonos no sólo expandirse a lo largo y ancho del territorio palestino, sino también desplegar unos niveles de violencia sin precedentes sobre la población local. Además, en un ejercicio de completa impunidad, comparten sus ataques en grupos de WhatsApp. «No tienen miedo, porque saben que el gobierno y las fuerzas de seguridad les apoyan», señala Hirschfeld. «Desde el principio, este fue el objetivo: la limpieza étnica de los palestinos, y conseguir el máximo de tierra en el Área C [la zona de la Cisjordania ocupada bajo control total israelí] con el menor número posible de palestinos», señala. La presencia de los colonos en el poder ha acelerado su expansión, con anuncios de aprobación de nuevas viviendas en las colonias o legalización de puestos de avanzadailegal según la ley israelí.
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Anexión de Cisjordania
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Hace apenas dos meses, la Knesset, el Parlamento israelí, votó a favor de un primer paso para la anexión de Cisjordania, una acción a la que se opone la administración del presidente estadounidense Donald Trump. Aunque Netanyahu la rechace para no enfadar a su aliado, las maniobras que despliega su Ejecutivo son otras. «En cuanto Netanyahu formó gobierno con los colonos, los normalizó, los popularizó, y los colocó en puestos de poder, como altos cargos ministeriales, que realmente están cambiando la realidad sobre el terreno, así que han transformado la imagen de la ocupación, y han alterado las prioridades del gobierno», señala Zonszein. Pero la intención de aumentar la población en los asentamientos viene de más lejos.
[–>[–>[–>Al principio, los primeros colonos se trasladaron a los territorios ocupados con la intención de recuperar lo que consideraban el Israel bíblico. Entre las décadas de 1970 y 1980, la consideración religiosa fue un importante motor de crecimiento. En los últimos años, esta tendencia, sin embargo, ha cambiado. «La mayoría de los colonos viven ahí por motivos económicos», apunta Ofran. «En Jerusalén, si quieres alquilar o comprar una casa con dos habitaciones, puedes conseguir por el mismo precio una en Ma’ale Adumim [un asentamiento a apenas 10 kilómetros de la Ciudad Santa]con cinco habitaciones y jardín, por lo que es muy atractivo mudarse allí», añade. alto costo de vida en Israel ha causado una crisis de vivienda que el Gobierno ha evitado abordar y, en cambio, ha sabido aprovechar para sus propios intereses expansionistas.
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Incentivos económicos
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Ya hace años que el Estado israelí incentiva el crecimiento de la población en los asentamientos a través de una amplia red de incentivos financieros y apoyo gubernamental. El Gobierno ha invertido en infraestructuras como carreteras que les conectan a las principales ciudades israelíes. Los docentes, por ejemplo, cobran entre un 15 y un 20% más si viven allí, y tienen cubiertos el 75% de los gastos de viaje, y el 80% de los gastos de alquiler de vivienda, según la oenegé israelí B’tselem. Además, tres cuartas partes de los asentamientos son consideradas áreas de prioridad nacional, igual que las comunidades cercanas a las fronteras con el Líbano y Gaza. Estas zonas reciben descuentos en terrenos y subvenciones para hipotecas, inversión estatal en infraestructura de viviendas, y mayor financiación en sectores como la educación.
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«Al mirar los patrones de votación en las elecciones, vemos que, aunque la mayoría de los colonos se hayan mudado a los asentamientos por motivos económicos y no ideológicos, votan a partidos de derecha, ya que ven que son quienes les pueden garantizar su presencia en las colonias», señala Ofran. En los últimos dos años, las políticas gubernamentales han ampliado significativamente los beneficios para los colonos. «La mayoría de israelíes viven junto a la Línea Verde, y no en el interior de la Cisjordania ocupada, porque es más fácil desde allí llegar al centro de Israel y la vida es más barata», añade Zonszein. Alrededor del 40% de los habitantes de los asentamientos son ultraortodoxos. Son la comunidad con la tasa de natalidad más alta de Israel, con una baja participación laboral y mayor dependencia de la asistencia social y la Seguridad Social.
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Fracaso demográfico
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Los expertos pronostican que, en un futuro próximo, la mitad de los colonos serán jaredíes. «Les gusta vivir en comunidades segregadas donde necesitan muchas viviendas baratas porque son muy pobres», señala Ofran. Su elevada tasa de natalidad —cada mujer tiene una media de 6,1 hijos– es el único motivo real de crecimiento demográfico en los asentamientos. Entre enero de 2023 y mayo del año siguiente, más de un tercio de las colonias reportaron una migración neta negativa, es decir, más personas se fueron que las que llegaron, ya sea de Israel o del extranjero, según los expertos israelíes en asentamientos Shaul Arieli, Sivan Hirsch-Hoefler, y Gilad Hirschberger, que hablan del «continuo fracaso de la iniciativa de asentamientos de Israel».
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«La población en los asentamientos no está creciendo; pese al aumento sin precedentes de ayudas gubernamentales, las cifras muestran que la gente no quiere vivir allí», señala Hirschfeld. «Nadie se está mudando en grandes cantidades: el crecimiento de la población israelí que vive allí se debe al crecimiento natural de los hijos, pero, en realidad, hay un crecimiento negativo, porque algunos colonos están abandonando la zona en lugar de entrar», insiste Zonszein. Sin embargo, siguen recibiendo muchas ayudas, poniendo en duda su sostenibilidad. Pese a representar solo el 5% de la población de Israel, reciben el 7,22% de las subvenciones gubernamentales para los presupuestos ordinarios y el 8,1% para los extraordinarios. En promedio, los colonos disfrutan de servicios mucho mejores que la población de Israel en materia de bienestar social, educación y cultura.
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«A las puertas de una guerra civil»
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Quienes pasan sus días sobre el terreno señalan que esta tensión puede explotar pronto. «El apoyo a los asentamientos va acompañado del silenciamiento de cualquier oposición, algo que, especialmente Netanyahu, ha desarrollado de forma muy drástica», apunta Ofran. «Estamos a las puertas de una guerra civil», Hirschfeld va más allá, «pero nuestro bando todavía quiere jugar limpio con herramientas democráticas». Durante la última recogida de la aceituna, la más violenta desde que se registran números, los colonos no sólo han atacado a palestinos, sino que también se han cebado con activistas israelíes, periodistas internacionales y con sus propios soldados y policías. Arieli avisa de que «se está llevando a cabo un proceso de armamento bajo la política de distribución de armas a la población civil de Ben Gvir y las fuerzas de defensa regionales en los asentamientos».
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La mayoría de la población israelí mira, sin embargo, hacia otro lado y, como su primer ministro declaró sobre los violentos colonos que hacen arder aldeas y olivos milenarios, los consideran solo «un puñado de extremistas». «La gran mayoría de los israelíes nunca han visitado los asentamientos y nunca podrían dibujar un mapa de las colonias», señala Ofran. «Muchos de ellos simplemente no tienen idea de lo que está pasando en Cisjordania, porque no quieren saberlo», añade Zonszein. «La solución al problema de los asentamientos tiene que venir a través de la presión externa, pero ni siquiera eso puede ser suficiente, porque necesitaríamos un nuevo liderazgo y nuevos partidos en Israel que no les de miedo hablar de un Estado palestino», concluye la analista, planteando un panorama que ella misma reconoce como «prácticamente imposible».
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