un ingrediente básico cuyo precio se ha disparado y empieza a ser «insostenible»
Daniel Menéndez abre la persiana del bar La Markina, en pleno centro de Oviedo, a las 5.45 horas. A esa hora la ciudad aún bosteza, pero en su cocina ya comienza una rutina que se repite cada día. Menéndez, dueño de la marca El Loco de las Tortillas, se pone manos a la obra en un local especializado en tortillas de patata, con 28 variedades distintas. En una jornada normal salen de sus fogones alrededor de un centenar.
[–>[–>[–>Para lograrlo necesita un ingrediente imprescindible: huevos. Muchos huevos. Unos 1.600 al día. Por eso, hacia las 6.30 horas, el sonido de los nudillos en la puerta del repartidor de la Granja Porceyo marca otro momento clave de la mañana. Cinco cajas de huevos frescos cruzan el umbral del local y aseguran la producción del día.
[–> [–>[–>Un producto al alza
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Pero ese gesto cotidiano se ha convertido en una preocupación constante. El precio de los huevos en Asturias aumentó en 2025 un 34,9% con respecto al año anterior, una subida que no solo se nota en los hogares, sino que golpea con especial dureza a los negocios cuya actividad gira en torno a este producto.
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«Esta subida viene sosteniéndose en el tiempo desde hace unos años», explica Menéndez, que reconoce que mantener los precios finales resulta cada vez más complicado. «Nosotros no tenemos pensado encarecer las tortillas, pero para conseguirlo recortamos el beneficio, porque los costes sí que aumentan», reflexiona.
[–>[–>[–>Y no es solo el huevo. A su espalda se acumulan otros gastos que también avanzan, aunque sea a cuentagotas: el cartón de las cajas para llevar, la electricidad o el café, que se incrementó en Asturias un 14,4% el año pasado. Un cóctel de subidas que estrecha cada vez más el margen de estos hosteleros.
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En una situación similar se encuentra Antonio Ampudia, al frente de Tortillas de Europa, con dos establecimientos especializados en este plato en Gijón. «Entre los dos locales gastamos entre 800 y 1.000 huevos diarios», calcula. En su caso, el aumento de los costes le obligó a tomar una decisión: subir un euro el precio de las tortillas el pasado mes de enero, que ahora oscilan entre los 14 y los 23 euros. «El coste lleva yendo hacia arriba desde hace cuatro años, pero este último curso ya fue insostenible», señala Ampudia. Hace cuatro años pagaban 0,60 euros por la docena, ahora les vale 2,60.
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[–>Tortillas de Europa. Antonio Ampudia en sus locales de Gijón / Marcos León
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Los hosteleros apuntan a un origen claro de esta escalada. La subida comenzó tras el estallido de la guerra de Ucrania, uno de los principales países exportadores de cereal, base de la alimentación de las gallinas. A este factor se sumó, el pasado noviembre, la gripe aviar, que obligó a confinar aves. Unos encierros que en alguno casos continúan a día de hoy y que han tenido un impacto directo en la producción y, por extensión, en el precio final del huevo.
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Repostería tradicional
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El encarecimiento del huevo no solo afecta a bares y restaurantes. La repostería tradicional asturiana también acusa el golpe. Es el caso de las marañuelas, cuyo ingrediente base es la yema. «Para hacer una caja de marañuelas usamos, más o menos, tres docenas de huevos; el precio de coste se dispara», explica Beatriz Ruiz, del Horno de Luanco. «Llevamos un par de años en los que siempre sube alguno de los cuatro ingredientes principales: huevos, mantequilla, azúcar o harina», lamenta, antes de subrayar que «además, son subidas importantes».
[–>[–>[–>Por ese motivo, el obrador se vio obligado hace unos meses a incrementar el precio en 20 céntimos. «Era una decisión obligada», sostiene Ruiz, que resume un sentir compartido por buena parte del sector: absorber indefinidamente las subidas por la inflación ya no es una opción.
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Beatriz Ruíz en el taller del Horno de Luanco. / Mario Canteli / LNE
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Mientras el consumidor sigue asociando la tortilla o la repostería tradicional a algo cotidiano y asequible, quienes las elaboran hacen equilibrios diarios para que sigan siéndolo. Cada huevo que entra en una cocina asturiana pesa hoy más en la cuenta de resultados que en la sartén, y el reto ya no es solo cocinar bien, sino resistir en un contexto donde incluso lo más básico se ha convertido en un lujo difícil de sostener.
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