Salud

las prueblas clave para prevenir enfermedades

las prueblas clave para prevenir enfermedades
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  • Publishedenero 20, 2026


Los expertos coinciden en que el mejor momento para una puesta a punto de nuestra salud es entre los 35 y los 40 años, edad en la que nuestro cuerpo inicia su proceso de envejecimiento, y, para ello, se desarrollaron hace 25 años ya los chequeos, importados de los hospitales más punteros de Estados Unidos por la Clínica Universidad de Navarra, liderando este modelo de medicina preventiva en nuestro país.

Desde el primer chequeo hasta hoy, la Clínica ha realizado más de 80.000 programas entre el chequeo general (1999), hasta el chequeo genómico (2019) y el cardiovascular, más reciente. En el 90% de los casos, se ha encontrado un hallazgo clínicamente relevante y de todos ellos se ha extraído mucha información para proyectos de investigación.

La irrupción de la inteligencia artificial y de la genómica son, para Javier Suela, director de Mi Salud Genómica en Sanitas-BUPA, los mayores avances que tenemos en la actualidad en el ámbito de los programas de medicina preventiva, igual que el desarrollo que ha vivido la imagen médica en los últimos años. «Esto nos permite ver las arterias por dentro, algo que hace solo unos años era un sueño, y podemos detectar muy precozmente los primeros signos de enfermedad, que en el caso del cerebro pueden llevar a un ictus, y en el caso del corazón a un infarto», explica la doctora Leticia Fernández Friera, cardióloga especialista en imagen médica, jefe del departamento de Cardiología de HM Hospitales (CIEC) y socia-fundadora de Atria Clinic. En estos tres puntos coincide Clara Fernández, Máster en Health Innovation por Harvard y directora general de Progevita, una clínica de medicina de longevidad que cuenta con uno de los primeros programas de longevidad en formato chequeo.

Los chequeos empezaron como un programa de medicina preventiva orientado a altos ejecutivos cuyo ritmo de vida implicaba riesgos para su salud en general pero, sobre todo, cardiovasculares. La visión temprana de esta realidad convirtió a la Clínica Universidad de Navarra en un centro de referencia de un modelo de prevención que inmediatamente adaptaron otros centros, siendo hoy un departamento médico más en la práctica totalidad de los hospitales y clínicas privadas. Un chequeo convencional contempla una consulta con el médico, para conocer el estado de salud y las incidencias previas y antecedentes familiares, una analítica, prueba de esfuerzo y un electrocardiograma. En función del riesgo (ex fumadores), un TAC de baja radiación, y en el caso de las mujeres el cribado de mama y de cáncer de cérvix, y en los hombres, el de próstata.

«La secuenciación completa del genoma, con entre 300 y 400 genes sobre los que podemos actuar en población asintomática o presintomátican marca la diferencia en la evolución del paciente»

El cambio que introdujo el chequeo fue «el concepto de anticipación», era una medicina para un paciente sano y se ha convertido en una «herramienta de medicina preventiva personalizada, basada en los hábitos de vida del paciente, sus antecedentes personales y familiares y su contexto social y laboral. No se trata solo de conocer el estado actual de salud, sino de anticipar riesgos y preparar el futuro propio y de la familia. Es la medicina de las ‘5P’: preventiva, predictiva, personalizada, participativa y poblacional», explica el doctor Carlos Cabanyes, coordinador de la Unidad de Chequeos de la Clínica.

La «personalización es la clave», explica Javier Suela. «La secuenciación completa del genoma, con entre 300 y 400 genes sobre los que podemos actuar en población asintomática o presintomática marca la diferencia en la evolución del paciente». Es el chequeo del futuro, pero ya aquí: en los chequeos tradicionales, la revisión es periódica, cada 1, 2 o 3 años en función del perfil de paciente. Con el modelo genómico «el paciente viene y se pincha una vez. Se secuencia su genoma y se estudian sus potenciales riesgos, y con toda esa información se elabora un informe. Además, se tienen en cuenta riesgos multifactoriales y poligénicos, que pueden incrementar el riesgo de enfermedades como la hipercolesterolemia familiar que, detectadas a tiempo, puede evitarse o revertirse». Y, a partir de ahí, «se diseña un plan de seguimiento clínico personalizado», concluye. Pero el paciente sólo se analiza una vez. «Después, cada dos años, se hace una nueva búsqueda en su genoma -la ciencia puede haber detectado nuevas alteraciones genéticas- y, si se detectan novedades, se contacta al paciente, se informa y se le diseña un nuevo plan clínico».

La farmacogenómica permite incluso establecer qué fármacos van a funcionar mejor en cada individuo, descartando otros que pueden generar efectos adversos o no influir en su enfermedad, «con lo cual, tenemos la medicina personalizada en todo su espectro». Aunque este chequeo está pensado para una población «a partir de 30-40 años, con una madurez, lo cierto es que la mayoría de los pacientes que están solicitándolo están entre 25 y 30 años».

Para el coordinador de Chequeos del Hospital Rúber Internacional, Javier Taboada, es más importante un médico que sea la referencia del paciente y que le haga un seguimiento a lo largo de los años, que una batería de pruebas que, a veces, pueden no tener sentido. Con una visión más aséptica, apuesta por una «medicina más personalizada» y se muestra partidario de la personalización de las pruebas en función de las necesidades de cada paciente, porque «al final, aún no hay una evidencia científica que respalde el chequeo como un método de diagnóstico fiable. Hay cosas que se están haciendo que son muy eficaces y otras que son más controvertidas».

Chequeos monográficos

Los chequeos personalizados han llegado también a las patologías, como es el caso de las enfermedades cardiovasculares, que representan la primera causa de mortalidad en todo el mundo. La doctora Leticia Fernández-Friera implantó en España el chequeo cardiovascular, fruto de su experiencia en Harvard donde estuvo investigando y ha colaborado el desarrollo de las tecnologías de imagen que hoy nos permiten ver las arterias por dentro. Según datos de la OMS, el 80% de la mortalidad por causas cardiovasculares se evitarían con un diagnóstico temprano. «El problema es -explica la doctora Fernández Friera- que se trata de patologías asintomáticas y, cuando se manifiestan, ya es tarde o inciden negativamente en la calidad de vida del paciente». La posibilidad de contar con un programa completo de diagnóstico precoz cardiovascular es clave para evitar muchos casos de dependencia que se dan en población cada vez más joven.

A la doctora no le gusta hablar de chequeo, prefiere «programa» porque considera que es un programa de salud, que debe tener una continuidad en el tiempo, para ver el sistema cardiovascular en profundidad y de forma completa y valorar el estado del corazón y las arterias. «Cuando llega un infarto al hospital, no puedes curarlo. Puedes poner parches, pero no revertirlo. Ese paciente quedará con secuelas. En cambio, tenemos a nuestro alcance tecnología que nos permite ver de forma precoz enfermedades del corazón que podemos evitar, desde los primeros signos, en las arterias (infartos), el músculo (miocardiopatías), las válvulas (valvulopatías) y arritmias».

«Cuando los pacientes ven las placas de ateroma en sus arterias y conocen las consecuencias, cambian radicalmente su estilo de vida. Es literalmente ‘ver para creer’»

Leticia Fernández-Friera

Para la doctora Fernández-Friera, en ausencia de síntomas, la imagen diagnóstica es clave. «Hay alteraciones que un electrocardiograma no detecta, pero una ecografía, sí. Son pruebas fáciles de hacer, porque no son invasivas y permiten un seguimiento. La imagen, sobre todo, conciencia. Cuando los pacientes ven las placas de ateroma en sus arterias y conocen las consecuencias, cambian radicalmente su estilo de vida. Es literalmente ‘ver para creer’».

Este chequeo incluye la consulta de antecedentes médicos con el especialista, analítica completa, electrocardiograma, ecografía cardiaca de alta resolución, prueba de esfuerzo y, en función del perfil del paciente o de los resultados, otras pruebas (TAC coronario, Resonancia cardiaca), o derivaciones a otros profesionales. Y está indicado para pacientes mayores de 40 años, en mujeres en perimenopausia y en deportistas.

Un chequeo para la longevidad

Progevita es, según su directora general, uno de los centros de longevidad más grandes de Europa, situado en el corazón de Valencia, en un entorno volcánico. Uno de los programas que ofrece el centro es un chequeo que tiene como objetivo que sus pacientes lleguen a los 90 años en el 95 de su percentil (estado óptimo). Clara Fernández lo define como un chequeo de nueva generación orientado a la longevidad (lograr el máximo de años libre de enfermedad) y con una visión integrativa de la medicina, valorando al paciente en su estado de salud y su relación con el entorno.

Hasta el lanzamiento de este programa de salud, la media de edad de sus pacientes era de 60 años y su estancia en el centro, de 10 días. Con el Programa de Longevidad, la edad ha bajado a los 35-40 años y la estancia entre 3 y 5 días. En este tiempo, además de las pruebas médicas (consulta con un médico, analítica, medición de sus biomarcadores, la calidad de sueño, frecuencia cardiaca, estrés, dieta…), el paciente recibe tratamientos combinatorios orientados a mejorar sus objetivos de longevidad (la plasmaféresis, ozonoterapia) y mucha formación sobre hábitos que van a ayudarle en este camino para vivir el máximo de años libre de enfermedad y con una buena calidad de vida. También tienen la opción de secuenciarse el genoma.

«Si el paciente ya viene con una enfermedad, sobre todo dolor crónico y enfermedades inflamatorias, le ayudamos con el tratamiento para que llegue a su máximo potencial».

En cualquier caso, tras su salida del centro, hay un seguimiento online trimestral para su plan personalizado, hasta su siguiente visita, que suele ser anual.

Sin embargo, no todos los profesionales son partidarios de este formato de medicina preventiva. Para la doctora Raquel Barba, especialista en Medicina Interna y coordinadora del grupo de trabajo de Gestión Clínica de la Sociedad Española de Medicina Interna, los chequeos se solapan con los programas de cribado del sistema público y carecen del aval de las grandes agencias internacionales, como Cochrane, o la campaña «Elige sabiamente» que ha puesto en marcha la Society of General Internal Medicine que no recomiendan realizar chequeos médicos anuales rutinarios con exámenes físicos y pruebas de laboratorio en adultos asintomáticos sin factores de riesgo. Para la doctora Barba, además, los resultados de algunas pruebas pueden generar discrepancias entre profesionales y acaban desconcertando al paciente que no acaba de aclarar la segunda opinión que ha pedido.



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