un taller para perder el miedo a la poda del manzano
Frente a un manzano no basta con una tijera y buena voluntad. Hace falta entender qué quiere hacer el árbol, cómo circula la savia y qué consecuencias tendrá cada corte. Esa fue la base del taller de poda celebrado este sábado en la localidad de Piedra, en Posada de Llanes, una cita formativa organizada por la asociación Sidra Caseru Llanes que reunió a una treintena de personas interesadas en aprender a podar con criterio.
[–>[–>[–>El curso, de unas tres horas de duración, fue impartido por el biólogo y profesional de la poda, Luis F. Martínez Zahonero, con más de veinte años de experiencia en el manejo del manzano. Su planteamiento fue claro desde el inicio: “Es un taller destinado a todo el mundo, no hace falta tener ningún conocimiento previo». El objetivo no era memorizar normas, sino adquirir herramientas para comprender el comportamiento del árbol y actuar con seguridad.
[–> [–>[–>Dos claves para entender la poda
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Durante toda la sesión, Martínez insistió en dos principios básicos que, en sus palabras, permiten anticipar qué va a ocurrir después de cada intervención. «El vigor es contrario a la fructificación» y «la savia tiende a la vertical», resumió. A mayor vigor, menos floración: «El árbol aprovecha para crecer y producir madera, no yemas de flor». Por eso, uno de los aprendizajes fundamentales fue buscar ramas horizontales, que ralentizan el paso de la savia y favorecen la formación de frutos.
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«Más savia, más vigor; más vigor, menos floración», resumió, relacionando teoría y práctica directamente sobre los árboles. El enfoque, aunque centrado en el manzano, es aplicable a otros frutales e incluso a árboles ornamentales. «Con estos principios la gente adquiere una herramienta para saber lo que está haciendo y qué resultado puede esperar», señaló el formador.
[–>[–>[–>Cortar bien también es no cortar mal
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El taller abordó también la técnica correcta del corte, un aspecto clave para la salud del árbol. Explicó que una rama debe cortarse sobre otra, aprovechando una bifurcación, ya que los restos de madera muerta «no los cierra el árbol y son una fuente de problemas sanitarios».
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Otro de los contenidos prácticos fue aprender a distinguir entre rama y ramo —la madera vieja y el crecimiento del año— y entender por qué muchas veces se corta a dos o tres yemas. «En un ramo, por largo que sea, las yemas que van a brotar son siempre las tres últimas», explicó, añadiendo que «cuanto más pegada esté la fruta a la rama, más calidad tiene».
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[–>Perder el miedo al árbol
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Uno de los principales retos del curso, según el propio docente, fue que las personas participantes ganaran confianza. «Lo principal es que tengan seguridad a la hora de cortar, que pierdan el miedo y, por lo menos, que sepan lo que no deben hacer», afirmó. Aprender a podar, insistió, «se aprende podando», con práctica y observación.
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El taller también incluyó nociones sobre herramientas adecuadas y medidas fitosanitarias para evitar la transmisión de enfermedades entre fincas, así como diferencias entre poda de formación en árboles jóvenes y poda de producción en ejemplares adultos.
[–>[–>[–>Un futuro incierto para el manzano
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Más allá de la técnica, Martínez compartió una visión crítica sobre la situación del cultivo del manzano en Asturias. Recordó que hace dos décadas hubo un fuerte impulso gracias a las ayudas a la plantación, pero que hoy el sector atraviesa un claro retroceso. «No es un cultivo rentable. Tienes que estar cinco o seis años sin ganar dinero para que luego la fruta no te produzca», lamentó.
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A ello se suma el encarecimiento de los costes. «Después de la pandemia se disparó todo: la gasolina, los materiales…», explicó, augurando un «futuro negro» si no cambian las condiciones. En este contexto, defendió el papel de la Denominación de Origen Protegida: «La D.O.P es lo único que tira del precio. La gente debería mantenerla para sostener el cultivo del manzano en Asturias».
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Una asociación joven con mucha actividad
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La iniciativa partió de la asociación Sidra Caseru Llanes, creada en marzo del pasado año por un grupo de elaboradores de sidra casera del concejo. «Nos juntamos unos cuantos que hacemos sidra e hicimos la asociación para aprender y hacer cosas juntos», explicó Ramón Traviesa Gutiérrez, uno de sus miembros y organizador del curso.
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Actualmente cuentan con 17 socios y una cuota simbólica de diez euros. Pese a su corta trayectoria, ya han organizado concursos, cursos de escanciado y preparan nuevas actividades formativas. “Vamos a hacer un curso de análisis sensorial más adelante, un curso para hacer sida de hielo, cómo se elabora sida para el que quiera empezar…», apunta Traviesa.
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Los talleres de la asociación están abiertos a todo el que quiera apuntarse. Traviesa destaca la buena acogida que ha tenido este curso: «Se apuntaron 30 personas, pensé que íbamos a ser menos». Entre los participantes hay gente de todas las edades, jóvenes con ganas de aprender cosas nuevas, miembros de la asociación y personas jubiladas con ganas de adquirir nuevas habilidades.
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La asociación, apuesta por la coordinación y la divulgación. «Todas las asociaciones pertenecemos a FASCAS, (federación sidra casera). Ahí proponemos las actividades, lo que tenemos pensado hacer y nos coordinamos para que, si se hace una actividad en Llanes, no se repita en Ribadesella; para no pisarnos unos a otros», afirmó Traviesa convencido de que la coordinación entre asociaciones es clave.
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Esta asociación a pesar de su juventud, cuenta entre sus socios con Héctor García, ganador del certamen “Mundo Collada” celebrado en Villaviciosa el pasado mes de octubre y en el que se alzó con el primer premio a la mejor sidra casera.
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Transmitir para que no se pierda
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Para Martínez, la formación es ya una parte esencial de su trabajo. Tras años formando a personas que trabajaban con él, ahora siente que le toca «transmitir conocimientos para que pode más gente». Podar, recordó, es un trabajo duro y físico, y el relevo generacional es imprescindible, pero la demanda de cursos de este tipo va en ascenso: “Me llamaron el año pasado para dar uno y ese año ya di tres. Este año ya tengo dos, cuando me llaman voy encantado”, asegura el docente.
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Ese espíritu de transmisión conecta con la filosofía de Sidra Caseru Llanes: aprender, compartir y mantener vivo un saber ligado al territorio.
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