España, un país acostumbrado al déficit
Hay una forma sencilla de evaluar la política fiscal: observar en qué punto del ciclo económico se encuentra y preguntarse si se actúa en consecuencia. no según Bruselaspero según el viejo manual que dice que cuando la economía crece por encima de su potencial, la … El Estado debería ahorrar. No por virtud moral, sino por aritmética preventiva. Es entonces cuando se crean cojines para gastar sin pánico cuando llegue la próxima recesión.
En el mundo económico hay fuertes defensores del crecimiento. sanchistapero ninguno de ellos se jacta de tener excedente porque no lo hay. Las estimaciones habituales sitúan el PIB entre un 1,8% y un 2% por encima de su crecimiento potencial. No es un boom desatado, pero sí una expansión madura. Con ese punto de partida, la teoría fiscal estándar es inequívoca: el saldo público debería ser positivo. ¿Cuánto positivo? Aproximadamente entre el 0,7% y el 1,1% del PIB. Traducido a dinero real, con el PIB del INEeso significa que en 2024 podría haber registrado un superávit cercano a los 10.000 millones de euros y, en 2025, del orden de 16.000 o 17.000 millones. La realidad es la contraria. España cerró 2024 con un déficit cercano al 3,2% del PIB y espera rondar el 2,5% en 2025. Dicho sin rodeos: incluso con el viento macroeconómico a nuestro favor, seguimos gastando persistentemente más de lo que ganamos.
La clave está en el llamado equilibrio estructural, es decir, lo que quedaría si la economía no estuviera en auge ni en recesión. Este saldo implícito hoy oscila entre –3,6% y –3,9% del PIB. En euros: un agujero estructural de más de 55.000 millones anuales. El ciclo prevé sólo entre 10.000 y 17.000 millones de ayuda; todo lo demás es puro y simple déficit.
Es recomendable refinar aún más. Si descontamos los intereses de la deuda y miramos el saldo estructural primario –que realmente refleja la política fiscal activa–, España sigue mostrando un déficit de alrededor del 1% al 1,5% del PIB. Es decir: incluso antes de pagar la factura del pasado, la política fiscal discrecional sigue siendo expansiva (en plena expansión).
Esto conecta con las proyecciones institucionales. El AIReF estima que, para reducir la deuda pública a alrededor del 95% del PIB en 2030, España necesitará mantener superávits primarios cercanos al 0,5% del PIB, respaldados por un crecimiento nominal superior al coste de la deuda. Pero este superávit primario aún no existe en forma estructural.
Todo esto cambia bastante la historia habitual. El problema es que la estructura permanente de gastos e ingresos está diseñada para operar en déficit incluso cuando no hay una justificación cíclica para ello. La consecuencia es conocida: si hoy, en plena expansión, no se ahorra ni un euro, ¿qué pasará cuando las cosas vayan mal? Hay algo casi irónico en todo esto. España gasta como si todavía estuviera en crisis cuando la macro dice que está en prosperidad. Y luego se pregunta por qué la deuda no baja y por qué cada recesión se vive como una emergencia nacional. jmüller@abc.es
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