ANILLOS ÁRBOLES CLIMA | Reconstruyen con anillos de árboles los últimos 500 años de clima en España y descubren algo inquietante
Los pinos centenarios que crecen en los bosques de España van registrando, de forma silenciosa y anónima, los resultados de siglos de clima mediterráneo. Son como laboratorios naturales que nos informan sobre lo que sucedió en el pasado. Ahora, al analizar los anillos de crecimiento de sus troncos, los científicos han descubierto un hecho impactante: las tormentas y sequías están siendo cada vez más intensas y frecuentes y, además, en mayor medida de lo que se ha experimentado desde principios del siglo XVI.
[–>[–>[–>Una investigación dirigida por Marcos Marín-Martín, del Museo Nacional de Ciencias Naturales-CSIC y publicada en Climate of the Past, reconstruye 520 años de variabilidad pluviométrica en el Mediterráneo occidental utilizando datos de anillos de los árboles de pinos españoles longevos (Pinus sylvestris y Pinus nigra). Los hallazgos muestran que las últimas décadas destacan notablemente en el registro histórico, marcadas por un aumento tanto de las precipitaciones extremas como de los períodos secos prolongados debido al calentamiento global.
[–> [–>[–>Los árboles como archivos climáticos vivos
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Cada año, los árboles añaden un nuevo anillo de crecimiento a su tronco, formando así un archivo natural de las condiciones ambientales de su entorno. En años húmedos, los árboles suelen producir anillos más anchos, ya que hay más agua disponible para el crecimiento, mientras que, en años secos, los anillos son más estrechos, debido a que el crecimiento se ralentiza.
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Zona donde se realizó el estudio con los árboles / MNCN-CSIC
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Al medir estos anillos y comparar patrones en numerosos árboles, los científicos pueden reconstruir las condiciones climáticas que había en tiempos remotos, antes de que existieran los instrumentos meteorológicos; se trata de una práctica conocida como dendroclimatología.
[–>[–>[–>Para este estudio, los investigadores se centraron en pinos de zonas elevadas del este de España, donde el crecimiento es especialmente sensible a los cambios en las precipitaciones. Algunos de los árboles muestreados tienen varios siglos de antigüedad, lo que permitió al equipo construir un registro continuo que se remonta a 1503.
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El estudio de los anillos permitió reconstruir el clima a partir de 1503 y se comprobó que los extremos climáticos nunca habían sido tan marcados como ahora
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De este modo se obtuvo una de las reconstrucciones más largas y detalladas de las precipitaciones en el Mediterráneo occidental, lo que ofrece una perspectiva excepcional sobre cómo ha variado la precipitación a lo largo de las generaciones.
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[–>Dado que los modernos registros instrumentales de precipitación suelen abarcar poco más de un siglo, los anillos de los árboles son un método crucial para situar los extremos recientes en un contexto histórico mucho más amplio, lo que permite rastrear la historia climática cientos de años atrás.
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Para reforzar estas mediciones en los troncos, los investigadores también compararon los resultados de los anillos de los árboles con documentos históricos que describen la celebración de rogativas religiosas, es decir, peticiones públicas de lluvia durante sequías (o para aliviar el exceso de lluvias e inundaciones), unos actos que eran comunes en las sociedades mediterráneas preindustriales.
[–>[–>[–>Ecos de extremos pasados
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El registro revela que las precipitaciones en el Mediterráneo nunca han sido estables. Durante los últimos cinco siglos, la región ha experimentado fluctuaciones constantes entre períodos más húmedos y más secos, que a veces duran décadas. Estas fluctuaciones moldearon los paisajes, la disponibilidad de agua y la agricultura mucho antes de que el cambio climático moderno se convirtiera en un factor determinante.
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Las inundaciones y sequías extremas nunca habían sido tan intensas en medio milenio / Efe
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Los registros históricos muestran que los extremos climáticos severos a menudo han coincidido con períodos de estrés agrícola y perturbaciones sociales, lo que subraya la estrecha relación que ha existido entre la disponibilidad de agua y la estabilidad humana en la Península.
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Intensificación en la época actual
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Lo que diferencia al período reciente no es simplemente la existencia de extremos, sino la frecuencia y la intensidad con la que estos ocurren. En comparación con la mayoría de los siglos anteriores, el final del siglo XX y el principio del XXI muestran una acumulación de eventos inusualmente intensos.
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La diferencia del periodo actual con otros del pasado es la mayor frecuencia e intensidad con la que ocurren los fenómenos extremos
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Las sequías severas y los episodios de lluvias torrenciales aparecen con mayor frecuencia y alcanzan niveles que eran raros o inexistentes en gran parte del registro histórico. En lugar de avanzar de forma constante hacia condiciones más húmedas o más secas, el clima mediterráneo parece estar volviéndose más volátil, con oscilaciones más pronunciadas entre extremos opuestos.
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Una de las señales más claras en los datos de anillos de los árboles es la intensificación de las precipitaciones extremas. Los aguaceros intensos, a menudo asociados con tormentas lentas que absorben la humedad del mar Mediterráneo, se han intensificado en las últimas décadas. Cuando estos sistemas se estancan sobre tierra, pueden generar grandes cantidades de lluvia en poco tiempo, lo que aumenta el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra.
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Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido / Agencias
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Al mismo tiempo, los períodos secos se están agravando. El aumento de las temperaturas incrementa la evaporación del suelo y la vegetación, lo que empeora las condiciones de sequía incluso en años en los que las precipitaciones totales no disminuyen drásticamente. Esta combinación —ráfagas de lluvia más intensas separadas por períodos secos más largos y calurosos— ejerce una presión creciente sobre los ecosistemas y los recursos hídricos.
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Es importante destacar que el estudio muestra que este patrón es muy inusual en el contexto de los últimos 520 años. La escala y la persistencia de los extremos recientes coinciden estrechamente con las observaciones modernas y las previsiones que hacen los modelos climáticos, lo que indica una fuerte influencia del calentamiento global antropogénico.
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Por qué importan los extremos
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Los fenómenos meteorológicos extremos suelen tener consecuencias mucho mayores que los cambios graduales. Las lluvias repentinas pueden saturar los sistemas de drenaje y dañar la infraestructura, mientras que las sequías prolongadas reducen el rendimiento de los cultivos, agotan los embalses y estresan los bosques, que ya soportan el calor.
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Anillos de crecimiento anual en el tronco de un árbol / Agencias
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El Mediterráneo está especialmente expuesto a estos riesgos por encontrarse en el límite entre las zonas climáticas templadas y áridas. Pequeños cambios en la circulación atmosférica o la temperatura del mar pueden provocar grandes modificaciones en los patrones de precipitaciones. A medida que el clima se calienta, esta sensibilidad parece aumentar, amplificando los impactos de los extremos tanto húmedos como secos.
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Los autores argumentan que la creciente inestabilidad que muestra el registro de anillos de los árboles tiene graves implicaciones para la gestión del agua, la agricultura y la preparación ante desastres en todo el Mediterráneo. Los sistemas diseñados en torno a patrones históricos podrían tener dificultades para afrontar la intensificación de los extremos.
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Los antiguos pinos españoles no pueden predecir el futuro, pero sí ofrecen una poderosa advertencia. Sus anillos muestran que el clima mediterráneo está desbordando los límites que moldearon a las sociedades durante siglos y que adaptarse a esta nueva realidad requerirá prepararse para un mundo de tormentas más fuertes, sequías más profundas y mayor incertidumbre.
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