EJÉRCITO CHINA | Xi somete al Ejército chino a base de purgas
En la tozuda limpieza del Ejército de China, Zhang Youxia parecía el último dique: por cargo, biografía y favor presidencial. Su caída esta semana supone el mayor seísmo en el sector castrense en medio siglo y sienta que nadie está a salvo de esa campaña contra la corrupción que perseguía a moscas y tigres. Entre las conjeturas desatadas, algunas delirantes, emerge la certeza de que nada ni nadie, tampoco el Ejército, escapa a las riendas del partido.
[–>[–>[–>Zhang, de 75 años, bordeaba ya una jubilación merecida. El comunicado sobre su investigación, con la eufemística fórmula de «graves violaciones de la disciplina y la ley», es un escarnio público. También quiebra la casuística. Un alto cargo suele faltar a varias reuniones públicas durante semanas o meses hasta que el partido revela que ha caído en desgracia. La noticia, en este caso, llegó apenas cuatro días después de su primera ausencia.
[–> [–>[–>Su destitución como vicepresidente deja en cuadros a la Comisión Central Militar (CCM). Está tradicionalmente formada por siete miembros, con Xi Jinping en la cúspide. Las próximas reuniones, con solo Xi y Zhang Shenmin, se prevén tranquilas. Varios ministros chinos del Ejército de Liberación Popular (ELP) han sido destituidos, tantos que Lloyd Austin, su homólogo estadounidense, apenas podía aprenderse sus nombres. Pero el ministro de Defensa en China es un cargo protocolario que asume la representación del cuerpo y las relaciones con la prensa y sus homólogos internacionales. La dirección del mayor Ejército del mundo corresponde a la CCM y los líderes del país se han preocupado en ostentar también su presidencia para evitar problemas. Su vaciado llega con un mundo en combustión.
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Zhang es el general de más alto rango investigado y miembro del Politburó del Partido Comunista de China. También es de los escasos mandos que se ha embarrado las botas en combate. Fue durante la invasión a Vietnam que ordenó Pekín en 1979 para castigarla por haber derrocado a los jemeres rojos de Pol Pot en Camboya. «Es hora de que les demos una lección», dijo Deng Xiaoping. La campaña fue calamitosa pero regresó Zhang con la fama de audaz líder que solidificaría su jerarquía.
[–>[–>[–>Nobleza roja
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Sus lazos con Xi parecían irrompibles. Ambos proceden de la provincia rural de Shaanxi y pertenecen a la nobleza roja. Sus padres pelearon junto a Mao en la guerra civil contra los nacionalistas y ellos prorrogaron la amistad familiar. En Zhang tuvo Xi a su fiel aliado para la revolución urgente en el Ejército. El presidente ha insistido en el deber de ejemplaridad de sus Fuerzas Armadas y pedido que estén listas para el combate. Lo primero está relacionado con lo segundo: al partido siempre le ha preocupado que la subasta de cargos arruine la eficacia de un Ejército al que destina fondos millonarios. Xi privó al estamento de los numerosos negocios vinculados, un terreno fértil para sobornos, y ha diezmado a sus élites: una veintena de altos cargos han sido destituidos en los dos últimos años. También ha emprendido la modernización de su fuerzas armadas, basculando del modelo soviético al estadounidense y priorizando la calidad sobre la cantidad. A todo ello contribuyó Zhang.
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A la sorpresa por su caída le han sucedido los rumores. El medio ‘Wall Street Journal’ sugiere que filtró información sobre el arsenal nuclear a Estados Unidos. De ser cierto, y no es un condicional menor, Zhang sería un estúpido suicida. No han faltado las alusiones a intentos de derrocar a Xi y a tiroteos en Pekín que siguen a cualquier destitución sonada. Es más razonable preguntarse si influyó la corrupción o la pérdida de la confianza de Xi. Un editorial del diario del ELP insinuaba lo segundo: acusaba al general de «pisotear la autoridad presidencial» de la CCM y de «socavar seriamente el liderazgo absoluto del partido sobre los militares».
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[–>El medio apunta a una deslealtad de contornos difusos. «¿No fue suficientemente competente con las órdenes de Xi o le traicionó abiertamente? Es seguro que hay insatisfacción. Xi destituyó a varios mandos militares meses atrás y creo que le dio un tiempo para que se enmendara, pero no lo hizo», señala el sinólogo Xulio Ríos.
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Aquel editorial coloca el foco sobre el contexto: el partido somete al Ejército como antes sometió al Gobierno. Para Ríos, el cese culmina dos procesos, la modernización del Ejército emprendida en 2015 y el rol nuclear del partido. «Con la quiebra de la cúpula militar, Xi cierra el debate sobre el Ejército y asegura su lealtad al partido, que dirigirá la modernización de las Fuerzas Armadas y gestionará los retos inmediatos. El partido manda sobre el fusil y el Ejército sólo podrá implementar lo que se le dicte. Cualquier atisbo de disonancia ha quedado pulverizado».
[–>[–>[–>Sabe Xi que no siempre se plegó el Ejército al partido en China aunque se desconoce si Zhang llegó a cuestionar sus directrices o le escaseaba el entusiasmo por el cuarto mandato presidencial que deberá aprobarse en el congreso de 2027. Es probable que su vieja amistad le permitiera hablarle con cierta libertad. De los relevos en el CCM se puede adelantar que no la tendrán. Probablemente tampoco ocupen con júbilo esas sillas sabiendo el destino de sus antecesores.
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