la unión hace la fuerza
Pedro Sánchez se ganaba el respeto de nuestro entorno político/económico cuando levantó su bandera contra la terrible actuación de Netanyahu sobre Gaza. Le apoyaron algunos políticos y otros se callaron pero le daban la razón en silencio. Y es que en este mundo donde impera el caprichoso Donald Trump los países se dividen en grandes potencias, en medias potencias y en dependientes de unos y otros. Más de los primeros, claro, que de los segundos. Pero esto, que parecería un orden se ha convertido por las decisiones de esos grandes en una selva donde manda el más agresivo, que normalmente es el más fuerte.
[–>[–>[–>Después de la decisión del presidente del Gobierno español, al que se unieron algunos gobiernos pequeños, acaba de levantar su voz, o al menos eso intenta, el mandatario canadiense Mark Carney, el vecino del norte del agresivo Trump. Carney ha escogido el foro económico/político de Davos para presentar su propuesta: que la unión hace la fuerza.
[–> [–>[–>Ya en plena «guerra fría» un presidente se erigió en rebelde contra la hegemonía de las grandes potencias. Al menos eso intentó. Perteneciendo a uno de esos grandes bloques, se reservó ciertas prebendas. Se integraba en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, NATO, según nomenclatura española o británica) sin integrar su ejército. Fue el general Charles De Gaulle, presidente de la República Francesa. Su teoría política se resumía en que ya que Francia no era una gran potencia, aunque poseía el arma atómica, veía necesario potenciar una gran política.
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Mark Carney, un político canadiense que dominaba no solamente el mundo político sino también el económico, expuso en el foro suizo su idea de que sumando medias potencias se puede llegar a tener el poder de una grande. Al menos un poder político. Y Carney no es uno que ha llegado a primer ministro de Canadá así por las buenas. Estudió en Harvard y es doctor en Filosofía por la Universidad de Oxford. Tuvo un puesto destacado en Goldman Sachs donde trabajó varios años. Es decir, que no es ningún rojo peligroso que inquiete ideológicamente al inquilino de la Casa Blanca. También fue durante unos siete años Gobernador del Banco de Inglaterra, el primero en su historia tricentenaria que no era británico.
[–>[–>[–>La propuesta del primer ministro canadiense no solamente busca el encuentro con los estados que forman la Unión Europea para defenderse de Estados Unidos. Va más allá y trata de fortalecerse ante otras amenazas. Porque hay otros mandatarios con tendencias autoritarias ya que Vladimir Putin ejerce su poder en la gran Rusia y Canadá ha descartado recientemente un acuerdo con la República Popular China tras la amenazas de Trump, que le castigaría si firmaba acuerdos con Pekín, con aranceles del 100%.
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El mandatario canadiense ve una debilidad en la Unión Europea, al menos política y militarmente, y su unión comercial con los países del Viejo Continente fortalecería su peso a la hora de negociar con el variable vecino del sur, que intenta rodearlo con sus pretensiones sobre Groenlandia, a la vez que quiere averiguar la posición del Reino Unido, país que conoce muy bien y del que se distanció cuando mostró su postura contraria al Brexit. Teniendo en cuenta que la reina de Inglaterra sigue siendo oficialmente la soberana de Canadá.
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[–>Ahora le toca a Europa definirse –que acaba de firmar importantes acuerdos comerciales con Mercosur y el país más poblado del mundo, India– en cuanto sus alianzas, sus decisiones sobre las presumibles disidencias de algunos dirigentes del Este, bastante cercanos a Rusia y más partidarios de las ideas trumpistas dentro de la política oficial de Bruselas. Puede que Carney busque también una mayor unión con los antiguos países pertenecientes a la Commonwealth. Y es que contra los abusones, la unión hace la fuerza.
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