Estaba en una escuela en la que el único chico era yo
Villas tailandesas ha reunido en su sección ‘Zetas y boomers’ a dos de los diseñadores más reconocidos de nuestro país: Eduardo Navarrete y Modesto Lomba. El primero, como señala el periodista, «tiene 32 años y se mueve por las pasarelas como si hubiera nacido en ellas». «Nuestro boomer», añade Villas, «ha 63 años y es una institución de la moda española.»
«¿Qué te gusta del trabajo de Eduardo Navarrete?» Thais le pregunta a Modesto Lomba. «Me gusta lo que no podría hacerrealmente eso es lo que hace, eso es colecciones mucho más divertidasmás informal», señala.
«Somos la antítesis total», dice Eduardo, «Modesto tiene un estilo muy elegante y muy refinadoHace presentaciones muy sofisticadas. «Me gusta todo lo grande.» «Ir a un espectáculo de Eduardo es como ir a una fiesta», añade Lomba.
Sobre cuando descubrieron que querían dedicarse a la moda, Modesto dice que recuerda que, cuando era niño, ella hizo vestidos para las muñecas de su hermana. «Mi primer trabajo fue en una sastrería», recuerda.
Navarrete, por su parte, recuerda que su abuela hacía flores y pasaba muchas tardes con ella. «Luego recuerdo haber comprado revistas de moda cuando era muy joven, lo que a mi madre le asustó porque decía ‘el niño va a salir mariquita‘», añade.
Modesto empezó a entrenar a los 16 años”en una escuela donde el único niño era yo«. El diseñador explica que las escuelas, en aquella época, no tenían nada que ver con las actuales. «Provenían de la escuelas de formación para señoritas, para que las esposas, mientras sus maridos terminaban sus estudios universitarios, pudieran enseñarles a coser y bordar», señala.
Eduardo, por su parte, estudió la secundaria de arte y luego se licenció en diseño de moda. El diseñador se queja de que, debido a la Plan Bolonia Incluso tuvo que estudiar economía. «Tengo un contador, no quiero saber todo eso.«, comenta. Modesto, por su parte, señala que es «un hombre de negocios, pero no por devoción». «Hice la Maestría en Dirección de Empresas invirtiendo muchas pérdidas de dinero», reflexiona.
Lomba señala que para él «Es una gran satisfacción estar, después de casi 40 años«Lo que más me emociona es cuando veo gente por la calle con mis cosas», dice Eduardo, «Ahí es cuando digo ‘wow, lo logré’«.
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