Argentina, retaguardia de leales a Putin en América del Sur
«Si como nosotros amas las terrazas de Buenos Aires y el clima primaveral, este es el mejor momento del año». La estación de entretiempo austral, con sus temperaturas de veintipocos grados y sus noches de brisa suave, atrae en noviembre a multitud de bonaerenses a locales y establecimientos. Yunta Bar, dotado de una coqueta azotea y sito en la calle Lavalle, en el norte de la metrópolis argentina, postea en su página web sugerentes anuncios para seducir a una clientela ávida de dejar atrás el húmedo invierno de la capital argentina. «Nos hacía falta. Venite a disfrutar del feriado a Yunta!».
[–>[–>[–>Situado estratégicamente en la frontera de los barrios Palermo y Almagro, residencia de las decenas de miles de ciudadanos rusos que se han instalado en la gran metrópolis argentina tras la invasión de Ucrania, no es de extrañar que con asiduidad se identifiquen en su interior caras y rostros de expresión y rasgos eslavos. Pero lo que no sale publicitado en estos mensajes comerciales son las reuniones que el local acogía hasta hace unos dos años, encuentros que generaron inquietud entre los rusos que habían salido de su país huyendo del belicismo y la militarización imperante. Y es que con periodicidad semanal, grupos de compatriotas se congregaban aquí para escuchar las intervenciones de veteranos de guerra, incluyendo a antiguos miembros del grupo Wagner, milicia mercenaria rusa fundada por el difunto Yevgueni Prigozhin y acusada de graves crímenes contra la humanidad en todas las guerras en las que ha participado, ya sea en Ucrania, Siria o el Sahel africano.
[–> [–>[–>«Sí, sí; los sábados por la tarde venían grupos de rusos, algunos hablaban por el micrófono», rememora Juan, uno de los cantineros, vestido de azul, quien no menciona su verdadero nombre. Incapaz de entender lo que se debatía, tan solo puede mostrar el rincón en el que tenían lugar los encuentros, un reservado al que se accede subiendo unas escaleras, y certificar que estos encuentros no se celebran desde hace ya más de dos años. Una fecha que, a ojo de buen cubero, coincide con el fallecimiento, en extrañas circunstancias, del cabecilla mercenario Prigozhin, caído en desgracia tras levantarse contra Moscú.
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En canales de Telegram
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Ello no quiere decir que los mercenarios del conflicto de Ucrania, junto con sus formas de hacer, hayan abandonado Argentina, país en el que encontraron acomodo tras la Segunda Guerra Mundial algunos de los criminales de guerra nazis más renombrados, como Joseph Mengele o Adolf Eichman. Dmitri, ciudadano ruso que acaba de recibir pasaporte argentino y prefiere no revelar su verdadero nombre, es miembro de la comunidad LGTBI, fuertemente represaliada por las autoridades. Y junto a otros rusos exiliados por razones políticas ha observado cómo en canales de Telegram de compatriotas, mercenarios de Wagner se han sentido lo suficiente seguros y confiados como para proclamar su membresía, aunque eso sí, intentando ocultar su identidad.
[–>[–>[–>En agosto de 2023, el usuario @smallmongol posteó en el canal ‘udalenkaargentina’ (en castellano, trabajadores remotos en Argentina) la imagen de un supuesto miliciano de Wagner que cubría la cabeza con una capucha y tapaba el rostro con una enseña del sanguinario grupo, acompañando la entrada en esa red social con un comentario en ruso: «Mirad quién llegó a Argentina». Con posterioridad, la publicación de investigación ‘El Archivo’ identificó el lugar donde se tomó la fotografía una plaza en el partido La Matanza, en la provincia de Buenos Aires. La imagen en Telegram, además, iba acompañada de otras que mostraban la cartilla militar del susodicho en letras doradas, junto a una condecoración «por el coraje».
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Captura de pantalla de una fotografía en la que un ruso muestra la insignia de Wagner en las afueras de Buenos Aires, con un comentario del internauta que lo identificó: «Mira quién llegó a la Argentina». / Redacción
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No fue el único ‘wagnerita’ que se asomó a las redes sociales. En otro canal bajo el nombre ‘argentinatrabajo’, que pone en contacto a ofertantes y demandantes de trabajo, el usuario @haos, –con un perfil presidido por el belicista lema «que se laven con sangre aquellos que dudaron de nuestra tranquilidad»– ofrecía sus servicios como agente de seguridad. «Busco trabajo como instructor de lucha y defensa personal. Tengo gran experiencia en Empresas Privadas de Guerra. Largas misiones por muchos países del mundo. Guardaespaldas de varias personalidades de la política y objetivos estatales estratégicos. Instructor de guerra en distintas especialidades», se lee en la entrada.
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[–>Las palabras de @haos ponen sobre el tapete una cuestión adicional de la que apenas se habla en Argentina, país cuya opinión pública está centrada en estos momentos en los problemas internos: la contratación de exmercenarios de Wagner en empresas de seguridad locales, un fenómeno que ha generado preocupación entre fuentes del sector en Córdoba, la segunda ciudad más poblada: «Lo venimos observando hace tiempo», confirman dichas fuentes.
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Imagen cedida por ‘El Archivo’ en la que el usuario @haos ofrece sus servicios como vigilante de seguridad. / El Archivo
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En canales rusos de las redes sociales, se puede observar cómo en algunos anuncios en idioma ruso, estas compañías, plantean incluso prescindir de la policía argentina en el momento que surjan lo que denominan de forma eufemística como «situaciones no estándar«, y resolver problemas de seguridad con «nuestros tipos duros», «especialistas con preparación militar y deportiva». ‘El Archivo’ es de las pocas publicaciones que ha advertido a las autoridades de los peligros de esta presencia mercenaria para el orden público en el país. «Es mano de obra que fue utilizada para cometer actos de extrema violencia y que ahora está desocupada en Argentina».
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Anuncio de servicios de protección dirigido a la comunidad rusa en Argentina donde se ofrecen «tipos duros» con «experiencia militar y deportiva» para enfrentar «situaciones atípicas». / Redacción
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Así las cosas, no es de extrañar que ya se hayan registrado algunos incidentes provocados por hombres con pasaporte ruso, perfil violento y probable entrenamiento militar, obligando a la policía practicar detenciones. En junio, Dmitri Maltsev y Aslan Bzykov, dos ciudadanos rusos de origen checheno residentes cerca de Buenos Aires, fueron arrestados en el barrio de Belgrano bajo la sospecha de estar preparando el secuestro de una comerciante ucraniana. En el momento de la captura, ambos se encontraban en una furgoneta Kangoo con la matrícula falsificada donde se hallaron pasamontañas, cinta para embalar, navaja, martillo, destornillador y guantes, según el reporte de la policía.
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Además de milicianos y paramilitares, hay otros grupos de leales al régimen de Putin que parecen moverse con gran libertad en Argentina. En particular, los agentes rusos de influencia y propaganda, que gozan de una falta de escrutinio respecto a sus acciones impensable en Europa gracias a la percepción de lejanía de la guerra de Ucrania entre la ciudadanía y la clase política argentina. En junio pasado, Manuel Adorni, portavoz de la presidencia argentina, anunció la detección, por parte de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) de un grupo de residentes rusos que realizaban «labores en favor de los intereses geopolíticos de Rusia» y que estarían coordinados por el matrimonio integrado por Lev Konstantinovich Andriashvili y su esposa, Irina Yakovenko. Estos se encargarían de reclutar a ciudadanos argentinos para llevar a cabo «campañas de desinformación e influencia«.
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Lev Andriashvili e Irina Yakovenko, acusados de ser agentes de influencia en Argentina. / Imagen cedida por la presidencia de Argentina.
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Semejante posibilidad es contemplada por gentes que han mantenido contacto con ambos y que no quieren que se revele su verdadero nombre. En sus tratos con ellos, Andriashvili y Yakovenko «nunca dan detalles de dónde trabajan ni sus razones para haberse instalado en Argentina», afirman dichas fuentes. La pareja se marchó a Rusia tras estallar el escándalo, aunque las últimas noticias apuntan que han regresado a Buenos Aires.
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Personalidades muy próximas a oligarcas sancionados en Occidente conforman un último subgrupo de leales a Vladímir Putin en busca de acomodo en Argentina. Dmitri Magonia, abogado, es el hombre confianza de Konstantin Malofeev, un conocido oligarca ruso sancionado en la UE, al frente del conglomerado mediático Tsargrad, de tendencia ultraortodoxa y nacionalista. Magonia, que ha defendido a Tsargrad en procesos judiciales contra gigantes tecnológicos como Google o YouTube por censurar sus contenidos, viaja con relativa frecuencia al país austral. Lo hace acompañado de un tal Boris Boltyansky, y sus estancias han llamado la atención de las autoridades locales por lo poco convencionales de las mismas. Siempre viajes cortos y entradas terrestres desde Chile por remotas fronteras, como Paso don Guillermo, localidad al pie de los Andes en la provincia sureña de Santa Cruz.
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Dmitri Magonia, la mano derecha de Konstantin Malofeev. / Redacción
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La diplomacia y la inteligencia rusa disponen de un potente dispositivo en Buenos Aires
Argentina no figura, ni de lejos, en la lista de principales socios comerciales de Rusia. De hecho, en el ejercicio de 2023, las exportaciones rusas al país austral, principalmente fertilizantes, se elevaron a 140 millones de dólares, ocupando el puesto 77 de países destinatarios de los productos de la Federación Rusa. Pese al nivel irrisorio de su comercio bilateral, la Oficina de Representación Comercial de la Federación Rusa en Argentina cuenta con unas impresionantes instalaciones en la calle Dragones, al norte de Buenos Aires.
Se trata de un enorme complejo de ladrillo rojo, que ocupa una cuadra entera y situado no lejos del domicilio donde residió durante casi una década el matrimonio Dultsev/Gisch, la pareja de espías ilegales del Servicio de Inteligencia Exterior que se dotó de identidades falsas en territorio argentino antes de instalarse en Europa. Además de un bloque administrativo, en su interior se vislumbran edificios de apartamentos y hasta una piscina. Decenas de ciudadanos rusos, -entre ellos seis funcionarios bajo el título de ‘vicerepresentante comercial’- cuentan con pasaporte diplomático y, por ende, con la inmunidad ante la justicia local que semejante documento les confiere. Algunos han protagonizado escándalos como el sucedido en la Navidad de 2024, cuando dos de ellos a bordo de un vehículo con placa diplomática se negaron a pasar un control de alcoholemia y realizaron maniobras intimidatorias contra la prensa y agentes congregados. «Es una vergüenza para mi país», se lamentaba un residente ruso en Buenos Aires a la Televisión Pública.
A diferencia de lo que sucede con otros países, y con la única excepción de su embajador, Dmitri Feoktistov, apenas se ha actualizado el listado de diplomáticos rusos en la página web del Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto, critican fuentes diplomáticas occidentales. Algunos de los nombres mencionados en la lista se remontan al ejercicio de 2012.
Según fuentes gubernamentales argentinas, los contactos entre los responsables de la SIDE (Secretaría de Inteligencia y Defensa del Estado) y los representantes acreditados en Buenos Aires de las agencias de inteligencia rusas son frecuentes. A decir de la prensa argentina, la persona más influyente en el principal organismo de inteligencia argentino es precisamente Santiago Caputo, cercano asesor del presidente Javier Milei, un hombre que luce un tatuaje en el brazo derecho –y puede que en otras partes del cuerpo– con un eslogan anticomunista extraído de la Enciclopedia del Tatuaje Criminal Ruso. Esta circunstancia que ha generado preocupación en Ucrania.
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