Rusia maniobra para que Milei modere sus simpatías hacia Ucrania y no ponga barreras a los agentes del Kremlin en Argentina
«Tenemos que ver la forma en que la Argentina se convierta en una puerta de entrada para Rusia en América Latina, para que Rusia ingrese a América Latina de un modo más decidido».
[–>[–>[–>El 3 de febrero de 2022, apenas 20 días antes del inicio de la invasión rusa de Ucrania, el entonces presidente de Argentina, Alberto Fernández, se presentó por sorpresa en Moscú, planteando abiertamente al líder del Kremlin un golpe de timón sin precedentes en las relaciones exteriores de su país: quería cortar definitivamente amarras con EEUU y Occidente, y profundizar su vínculo con el bloque encabezado por Rusia y China. Los preparativos rusos para la invasión de Ucrania ya estaban en marcha, y Moscú necesitaba aliados para hacer frente al previsible aislamiento al que sus hasta entonces socios occidentales le condenarían. Argentina, potencia regional que no se identifica con el movimiento del Sur Global, era el perfecto candidato a llenar ese hueco, máxime cuando su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, mantenía excelentes relaciones personales con el presidente Vladímir Putin, cuyo retrato ocupa un lugar destacado en el despacho bonaerense de la exmandataria argentina, según fuentes con acceso a ella.
[–> [–>[–>El expresidente argentino Alberto Fernández se reúne con Vladimir Putin en Moscú poco antes del inicio de la guerra. / Sergei Karpukhin / Efe / Kremlin pool
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Los planes de Moscú quedaron truncados en noviembre de 2023, cuando el ‘outsider’ anarcoliberal Javier Milei fue elegido contra pronóstico presidente de Argentina, con un porcentaje con más de 10 puntos de diferencia respecto a Sergio Massa, candidato del peronismo. Los lazos que durante años cultivó el kirchnerismo con Moscú se cortaron de súbito debido al ingreso en la Casa Rosada de un individuo que proclamaba abiertamente sus simpatías por Ucrania frente a la invasión rusa y que ya en su toma de posesión mostró una gran complicidad hacia su invitado, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski.
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Moscú no parece haberse resignado a la nueva situación, y multitud de indicios permiten entrever la existencia de presiones sobre las autoridades del país, abiertas o supuestas, demostrando que el país austral sigue siendo una de las principales prioridades de Moscú en política exterior.
[–>[–>[–>Escuchas telefónicas
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En agosto, el canal de streaming Carnaval difundió unos audios en los que se escuchaba cómo Diego Spagnuolo, al frente de la Agencia Nacional de Discapacidad (Andis) acusaba a Karina Milei, secretaria general de la Presidencia de la nación argentina y hermana del presidente, de encabezar una red de recaudación de sobornos que generaba 800.000 dólares al mes. Paralelamente, salieron a la luz noticias de que existían grabaciones realizadas dentro de la Casa Rosada, sede de la presidencia, a personalidades importantes, incluyendo a la propia Karina. Todo ello generó una enorme percepción de vulnerabilidad entre el entorno del presidente, y sumió al Gobierno en su peor crisis desde el arranque del mandato del actual jefe del Estado.
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De inmediato, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, quien en el pasado ya vivió momentos de tensión con Rusia, como el episodio de 2017, cuando aparecieron valijas diplomáticas de la embajada de Rusia que transportaban cocaína, acusó a fuerzas extranjeras de estar detrás de la filtración de las escuchas. Según denunció al canal A24, fue un acto de espionaje «ilegal» a pocos días de una elección —Buenos Aires celebraba el mes siguiente comicios provinciales– «con el ánimo de crear desestabilización». Y señaló a personalidades «vinculadas a los servicios secretos rusos» como responsables de la operación, motivando un duro comunicado de respuesta de la Embajada rusa en Buenos Aires. Fuentes diplomáticas occidentales en la capital argentina conocedoras de los métodos de injerencia rusa consideran como posibles las acusaciones de Bullrich, y no descartan la tesis de que, a raíz del escándalo, el Gobierno de Milei se halle «bajo presión» de Moscú.
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[–>Las aguas volvieron a su cauce finalmente entre Buenos Aires y Moscú, aunque algunos elementos permiten entrever que la crisis ha podido tener un impacto en las políticas argentinas hacia Rusia y Ucrania. El entusiasmo inicial de Milei hacia Zelenski se ha apaciguado, y su visita a Kiev aún no se ha materializado, pese a las reiteradas invitaciones ucranianas.
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Halago de Putin
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Los ultimos foros de debate sobre desinformación rusa organizados por la diplomacia ucraniana en Argentina se han celebrado sin representación gubernamental; la pareja compuesta por Lev Andriashvili e Irina Yakovenko, acusada de montar un aparato de propaganda en el país austral, pudieron regresar a Buenos Aires tras unas semanas en Rusia, y hasta los periodistas de la delegación de la cadena gubernamental rusa RT han recibido consignas de atemperar sus críticas hacia el Gobierno de Milei, según aseguraron a EL PERIÓDICO fuentes con contactos en la redacción de la cadena rusa en Buenos Aires. El propio Putin ha verbalizado la ‘distensión’ con las autoridades argentinas con unas sorprendentes palabras de elogio hacia su homólogo austral: en septiembre se reunió con el argentino Rafael Grossi, director general del Organismo internacional de la Energía Atómica (OIEA) y le dijo que lo que hacía el presidente de su país «en materia económica» era «muy razonable».
[–>[–>[–>Tom Kent, profesor asociado en la Columbia School of International and Public Affairs y especialista en desinformación rusa, está de acuerdo en que, para Moscú, influir en Argentina reviste gran importancia estratégica. «Rusia busca a países que avancen sus intereses, y no importa la cercanía» geográfica, afirma. Se acerca a estados con «leyes laxas que le permitan ‘blanquear’ a sus agentes que trabajan en Europa y que dejan trabajar libremente a sus entidades mediáticas, no solo para emitir en esos países» sino «para producir contenido destinado a otros mercados», naciones «donde la gente piense muy poco acerca de Rusia». Tras los problemas que experimentan sus aliados en Venezuela e Irán, Kent cree que Moscú quiere «usar desesperadamente a Argentina, una nación rica y prestigiosa, para reconstruir su prestigio internacional», concluye Kent.
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