Economia

Fondos de búsqueda: Cómo comprar una empresa para dirigirla

Fondos de búsqueda: Cómo comprar una empresa para dirigirla
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  • Publishedfebrero 1, 2026



La mayoría de los emprendedores siguen un camino casi ritual. Empiezan desde cero. Lanzan una startup con más intuición que certezas. Pasan años —y queman capital— persiguiendo el ansiado ajuste producto-mercado. Y, con suerte, el negocio sobrevive lo suficiente como para devolverles el dinero invertido. Pero ¿y si hubiera otra manera? ¿Y si, en lugar de asumir el riesgo extremo, se pudiera comprar un negocio rentable desde el primer día, sentarse directamente en la silla de CEO y dedicarse a hacerlo crecer?

Esa es la premisa del fondo de búsqueda o search fund: un modelo de emprendimiento a través de adquisición (ETA) que nació como un experimento académico casi silencioso en los años 80 y que hoy se ha convertido en una clase de activo global de miles de millones de dólares, transformando la forma en que profesionales ambiciosos se convierten en empresarios.

La historia comienza a mediados de los años 80 en la Stanford Graduate School of Business. Allí, los profesores H. Irving Grousbeck y Charles Holloway orientaban a sus alumnos de MBA hacia las salidas profesionales habituales: puestos corporativos en grandes multinacionales, consultoría o banca de inversión, o la creación de una startup, con su potencial de retorno… y su enorme riesgo. Sin embargo, detectaron una tensión clara: muchos de esos estudiantes no querían ser empleados, querían ser propietarios.

El problema era que la mayoría no tenía ni el capital, ni la idea disruptiva, ni el apetito de riesgo necesarios para lanzarse. Y los caminos tradicionales hacia la propiedad, empresa familiar, herencias o grandes adquisiciones, estaban fuera de su alcance. Así que Grousbeck y Holloway formularon una pregunta radical para la época: ¿Y si un MBA con talento e integridad pudiera comprar una pequeña empresa existente, dirigirla y hacerla crecer sin empezar desde cero?

De esa pregunta nació el modelo moderno de search fund: levantar un pequeño fondo para financiar la búsqueda (salario y gastos durante 18–24 meses), identificar una empresa pequeña, rentable y estable, levantar capital de adquisición de esos mismos inversores, combinándolo con deuda bancaria y financiación del vendedor, asumir el rol de CEO y crear valor desde el primer día. Nada de garajes. Nada de ideas especulativas. Solo propiedad, flujo de caja y control. El search fund había nacido.

Marc Bartomeus descubrió este modelo, cuando en España nadie hablaba todavía de ello. Ni existía un ecosistema, ni una comunidad de inversores, ni siquiera un lenguaje compartido para describirlo. Bartomeus se había graduado a principios de la década de 2010 tras cursar un MBA en Boston, en la MIT Sloan School of Management, una escuela con una cultura profundamente emprendedora. Tenía claro que quería ser empresario, pero no tenía «la gran idea» tecnológica ni una pasión concreta por un sector específico. Lo que quería era gestionar su propia empresa, asumir el mando y construir a largo plazo. El modelo de search fund encajaba perfectamente con esa ambición. Los primeros pasos fueron solitarios. Los inversores estaban en Estados Unidos y el concepto resultaba extraño en un país donde el emprendimiento se asociaba casi exclusivamente a startups o a empresa familiar. «Me llevó tres años comprar mi primera compañía», explica. Hoy la media ronda los dos años; entonces, el camino era mucho más largo e incierto. Durante ese tiempo analizó decenas —probablemente cientos— de empresas.

No se trataba de comprar cualquiera. «Estás poniendo a un emprendedor sin experiencia previa como CEO de una empresa». Por eso buscaba compañías especialmente sólidas, estables, con clientes recurrentes y margen para aprender sin poner en riesgo el negocio. En 2014 cerró finalmente su primera adquisición: una distribuidora de envases plásticos en Cataluña. El proceso siguió el esquema clásico del search fund. Los inversores que habían financiado la fase de búsqueda tenían derecho —pero no obligación— a invertir en la compra. Algunos dijeron que sí, otros no.

El modelo, explica Bartomeus, está diseñado precisamente para eso: si los propios inversores no creen en la operación, es una señal de alerta para el emprendedor. Con el tiempo, Bartomeus no solo gestionó la compañía, sino que pasó al otro lado del modelo: el de inversor. Hoy ha participado en más de cien search funds, lo que le da una perspectiva privilegiada sobre la evolución del ecosistema. El crecimiento ha sido exponencial, impulsado en gran parte por las escuelas de negocio. El IESE Business School ha jugado un papel central. Hoy todos los MBAs salen sabiendo que esta opción existe. A eso se suma una base creciente de inversores —privados e institucionales— y una realidad estructural difícil de ignorar: la falta de relevo generacional en miles de pymes. Hay muchísimas empresas por debajo del umbral del private equity que buscan comprador. No solo por jubilación, también porque los hijos tienen otros intereses o no quieren ese estilo de vida.

España, en ese sentido, se ha convertido en uno de los mercados más activos fuera de Estados Unidos, junto a países como México o Reino Unido.

Ignacio Ortiz, searcher o buscador optó por esta vía para convertirse en empresario. Co-CEO de Leaseir Technologies, decidió en 2021 dejar su empleo y lanzar junto a su socio un search fund, un paso que Ortiz describe como «tirarse a la piscina»: abandonar la comodidad del trabajo asalariado para emprender un proyecto propio con el objetivo de adquirir y gestionar una empresa con el respaldo de un grupo de inversores.

«El primer paso fue constituir una sociedad—el propio search fund— y levantar una cantidad de capital relativamente reducida, destinada únicamente a cubrir los gastos del periodo de búsqueda», relata. Ese capital suele oscilar entre los 300.000 y los 600.000 euros, dependiendo de si el proyecto lo lidera una o dos personas, su experiencia previa y lo pactado con los inversores. El dinero sirvió para pagar salarios durante unos dos años, oficina, viajes, apoyo de becarios y posibles due diligences. El capital lo aportaron inversores externos, los fundadores del search fund, por lo general, no invierten o lo hacen de forma simbólica.

El proceso de búsqueda se alargó entre dos y tres años, explica. Durante ese tiempo, se analizan miles de compañías —en el caso de Ortiz, llegaron a contactar con unas 2.000— a través del Registro Mercantil, estudiando estados financieros, sectores y localización, y contactando directamente con empresarios por carta, correo electrónico o teléfono. «Cada mes manteníamos entre diez y veinte reuniones con propietarios para entender si existía una voluntad real de vender en el corto o medio plazo. Cuando el empresario confirmaba esa intención, comenzaba una evaluación más profunda: no solo del negocio y del sector, sino también de cuestiones personales», prosigue. Además, la operación debe convencer al grupo de inversores, que analizan la viabilidad y el atractivo de la empresa.

Algunos search funds cuentan con pocos inversores, otros con más de veinte, e incluso hay modelos en los que un único family office financia todo el proceso. También existen emprendedores que se saltan la fase inicial de búsqueda financiada y solo presentan la oportunidad cuando ya han identificado una empresa concreta. En el caso de Ortiz, el fondo de búsqueda actuó como vehículo inversor y, una vez realizada la adquisición, pasó a ser el accionista de la compañía.

Juan Luis Manaute fundó Atiud en 2020 como sociedad de inversión especializada en search funds, startups y pymes. A la hora de invertir, Manaute reconoce que no existe un manual cerrado para identificar al candidato ideal. En cuanto al tipo de compañías que encajan con el modelo, Manaute remarca que existen parámetros bastante claros —incluso académicos— dentro del universo search fund. Atiud suele buscar empresas con EBITDA entre uno y tres millones de euros (aunque admite que puede subir algo), porque ahí existe una franja del mercado tradicionalmente desatendida: «hay un gap». Las empresas por debajo de los tres millones de EBITDA, explica, encuentran más dificultades para venderse, ya que muchos fondos de private equity no suelen entrar en ese segmento. Por eso, sostiene, el search fund abrió un mercado que antes apenas existía para muchas pymes.

George Berczely, CEO de Seyses, llegó al mundo del search fund con una trayectoria previa en grandes corporaciones como DHL y McKinsey. Ese conocimiento resultó clave cuando conoció Seyses. Aunque no procedía del sector de las renovables, sí reconoció de inmediato el tipo de reto al que se enfrentaba la compañía. Seyses opera hoy en seis países y cuenta con unos 350 empleados, la mayoría de ellos trabajando en obra y sin pasar nunca por una oficina. Cuando Berczely adquirió la empresa, hace dos años y medio, eran 180 personas. Aunque prefiere no revelar cifras concretas, explica que, en general, este tipo de empresas suelen valorarse con múltiplos de EBITDA de entre cuatro y seis, para compañías con EBITDA de uno a tres millones. A cinco años vista, Berczely aspira a que Seyses sea una de las empresas líderes en ingeniería de la propiedad en Europa y América. Y, si tuviera que resumir en una frase lo que le ha aportado el modelo search fund, lo tiene claro: «Me permitió encontrar mi ikigai profesional: la intersección entre lo que me gusta hacer, lo que sé hacer y lo que tiene valor en el mercado».

En un mundo aún dominado por hombres, algunas mujeres empiezan a encontrar su hueco. Es el caso de Ariadna Cañellas. Junto a su socio, Narcis Feliu de la Peña, cofundó Quo Inversión un search fund con una misión clara: adquirir una empresa española con un EBITDA superior al millón de euros para preservar su legado y facilitar una transición exitosa hacia una nueva etapa de crecimiento. Hace tan solo cuatro meses adquirieron Hermex, una empresa familiar de equipamiento y material escolar con más de 30 años de vida. Uno de los pilares del proyecto es la preservación del legado del fundador. «El search fund no viene a entrar y cambiarlo todo. Al contrario: si la empresa funciona bien es por las decisiones que se han tomado durante años», afirma. «Nuestra visión no es llegar y transformar de golpe, sino entender, aprender y tomar decisiones sostenibles, pensadas para el largo plazo».

Pero aventurarse en este modelo de emprendimiento también conlleva riesgos. Enrique Aguado, managing director y responsable de M&A y mercado de capitales de Interpath explica que aunque reducido, hay un coste que asume el inversor, negociable, y que sirve para financiar la fase de análisis y, si se avanza con un target, en la fase de due diligence. «Los equipos del search fund suelen ser generalistas no especializados en los sectores en los que invierten. El proceso de aprobación de las inversiones suele ser más lento que el de un fondo de Private Equity (PE), lo que limita su agilidad y por tanto el tipo de operaciones que pueden hacer. No hay diversificación en la inversión ya que se compra una única compañía», explica este experto.

Desde el punto de vista legal, Luis Carvajal, socio de RSM Spain, recomienda que el searcher analice su situación laboral y jurídica de forma integral, teniendo en cuenta tanto las implicaciones fiscales como las consecuencias a medio y largo plazo que puede conllevar el cambio de rol. Asimismo, dado que en este tipo de operaciones los antiguos propietarios suelen continuar vinculados a la empresa, subraya la importancia de establecer desde el inicio reglas claras en la nueva relación —en la que los vendedores pasan a ser empleados y dejan de ser dueños— para evitar malentendidos que puedan acabar afectando al negocio. «Las principales cuestiones que deben resolverse al poner en marcha este modelo son la forma en que se realizarán las aportaciones de los socios, sus derechos económicos y políticos, los aspectos fiscales de la operación y la propia relación con el searcher, el gestor que promueve la iniciativa», señala Carvajal.

Self-funded: una búsqueda sin fondo institucional detrás

Cuando Henry Berczely decidió emprender no lo hizo desde el impulso juvenil ni desde la épica de la startup. Lo hizo desde el cansancio. O, como él mismo lo define con ironía, desde una «crisis de los cuarenta extendida». Tras casi veinticinco años en banca de inversión, una carrera internacional que le llevó de Londres a Nueva York y de vuelta a España —pasando por un MBA en el IESE y casi dos décadas en Atlas Capital—, Berczely sentía que su vida profesional se había vuelto predecible. «Estaba demasiado aburrido. Necesitaba un cambio», reconoce.

Ese cambio llegó al conocer el modelo search fund, del que le habló un amigo muy vinculado a este ecosistema. La idea le encajó… a medias. El concepto de comprar una empresa rentable para gestionarla le atraía, pero no así el modelo tradicional de búsqueda financiada. A sus casi cincuenta años, con ahorros propios y un empleo que le permitía compaginar trabajo y búsqueda, no veía sentido a levantar capital solo para poder vivir durante el proceso. «Ese modelo nació para gente muy joven, recién salida del MBA, que no tiene ingresos ni ahorros», explica. «Yo podía buscar por mi cuenta y, cuando encontrara algo interesante, ya vería a quién le encajaba invertir». Así optó por un search fund self-funded: una búsqueda sin fondo institucional detrás, financiada con recursos propios y apoyada, llegado el momento, por inversores privados.

Esa decisión le dio algo que valora especialmente: libertad. Libertad para negociar sin presiones, para avanzar a su ritmo y para elegir una empresa más pequeña, más cercana a la realidad de la pyme española. La contrapartida era clara. Sin un fondo, el tamaño del objetivo se reducía. «El self-funded te limita el ticket. Normalmente los search funds buscan empresas de diez millones de facturación para arriba. Yo sabía que no iba a ser ese caso», admite.

La oportunidad llegó a finales de 2023 con la Escuela Madrileña de Decoración, una empresa con dieciocho años de trayectoria en formación de interioristas. La compra se cerró con un pequeño grupo de inversores particulares —sin fondos institucionales— y el 1 de enero de 2024 Berczely asumió la gestión como CEO. Poco después, la escuela inició una nueva etapa bajo una nueva marca: IDEQUO. El año de la adquisición facturó 2,7 millones de euros. En 2025, rozó los cinco millones.

Las fases de un search-fund

Un fondo de búsqueda típico se articula en tres fases. Capital de búsqueda (6–12 meses): Se levantan entre 250.000 y 500.000 dólares de un grupo reducido de inversores. Ese capital cubre el salario del searcher, viajes, análisis y due diligence. A cambio, los inversores obtienen el derecho preferente a invertir en la futura adquisición. El objetivo son pymes estables, con entre 1 y 5 millones de dólares de EBITDA. La estructura suele combinar capital, préstamo bancario (frecuentemente SBA) y un pagaré del vendedor. La salida puede ser una venta o simplemente mantener el negocio por su flujo de caja.

Búsqueda de fondos internacionalMiguel RosellóLa Razón



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