Un lugar de La Mancha donde dicen que nació Cervantes y se hace el mejor chocolate de España
En un lugar manchego cuyo nombre merece ser recordado –Alcázar de San Juan– se conserva como tesoro la partida de bautismo de un tal Miguel, hijo de Blas de Cervantes Sabedra y Catalina López, fechada el 9 de noviembre de 1558, con una nota marginal de 1748 que dice: “Fue el autor de la historia de Don Quijote”. Por eso hay una estatua del escritor junto a la iglesia de Santa María la Mayor, donde los alcazareños dicen que fue bautizado. Y hay un monolito de él en la Plaza de Cervantes, donde se cree que nació. Y hay molinos de viento como los que Don Quijote tomaba por gigantes y una Casa del Hidalgo donde el visitante puede ver y tocar la vida cotidiana de La Mancha en tiempos de Cervantes.
El Alcázar de San Juan también es un buen lugar para ir en invierno, como muchas aves que frecuentan su complejo lagunar: grullas, cercetas grises, malvasías cabeciblancas… Y, si hace frío, para calmarlo, están las delicias calóricas que elabora. pastelero Jesús Quirós, Mejor Chocolatero de España 2025, quien fue elegido para defender nuestro país en el Maestros Mundiales del Chocolate de París 2026. Gracias al chocolate y muchas otras cosas ricas que aquí se elaboran, Alcázar de San Juan es una de las ciudades gastronómicas de España, donde podrás comer y beber lo mejor que ofrece el país. Tendremos que intentarlo, ¿verdad?
LA FUNDACIÓN BAUTISTA Y LA TORRE DEL PRIOR
En el Plaza de Santa María de esta localidad manchega existe una Escultura de Cervantes con una espada al cinto y una pluma en la mano derecha. Se trata de una figura de tamaño natural realizada en bronce fundido en cera, 1999, obra de los escultores Teresa Guerrero Serrano y Javier Martínez Pérez. A la derecha del escritor -el que tiene la pluma, el bueno, el que no le dejó inútil de un tiro de mosquete en la batalla de Lepanto- está el Iglesia de Santa María la Mayor y, en el interior, bajo el coro, la pila bautismal del siglo XIV donde, según la copia de la partida de bautismo expuesta al lado, Miguel de Cervantes fue cristianizado en 1558. Allí leemos una nota marginal escrita en 1748 por Blas Nasarre –el crítico, erudito y cervantino que encontró la partida– en la que decía que este Miguel de Alcazareño era el autor de Don Quijote. Lo que Nasarre no pensó, quizá porque sabía leer y escribir y no hacía cálculos, era que este Cervantes nacido en 1748 habría sido demasiado joven para participar en la Batalla de Lepanto, que no se produjo hasta 13 años después. En lugar de ser El manco de Lepanto, hubiera sido El manco de la peonza.
En la otra mano de Cervantes -la izquierda, lo inútil- se sostiene la Torre del Gran Prior. Esta torre es casi lo único que queda en pie de la fortaleza que dio nombre al Alcázar de San Juan, esta fortaleza árabe en la que se asentaron los Hermanos Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, Rodas y Malta. Y también es el edificio más alto de la ciudad, con unos 25 metros: parece una vela roja de cumpleaños: ¡tiene mil años! – pegado a una tarta helada, que es la delicia típica del Alcázar de San Juan y así vemos la ciudad desde su tejado, ya que la mayoría de las casas son bajas y blancas, como exige la ley manchega. En sus tres plantas se encuentra un moderno museo donde se cuenta la larga película de los Caballeros de San Juan o de Malta, incluido el episodio de El halcón maltés – la supuesta figura de un ave rapaz con incrustaciones de piedras preciosas que regalaron a Carlos V en 1530 – inventada por Dashiell Hammett en 1929 y John Huston hizo una película sobre ella en 1941, con Humphrey Bogart en el papel principal.
MÁS RECUERDOS DE CERVANTES
En el Plaza Cervantes –a cinco minutos de Santa María, por las calles Reyes Católicos y San Juan–, hay un monolito con la imagen del escritor y una placa cerámica que dice: “En una casa situada en este mismo lugar nació Miguel de Cervantes Saavedra”. No queda rastro de casa tan singular, pero hay otra en la ciudad donde, añadiendo fantasía -aún más- uno puede imaginarse no sólo a Cervantes, sino al propio Alonso Quijano. En el Casa Hidalgo –a cinco minutos andando de la plaza anterior, en la calle Cautivo, 23– hay lanzas en el astillero, escudos y yelmos para que los visitantes puedan disfrazarse de caballeros andantes. Es un museo muy interactivo y divertido, pero a la vez muy serio, porque ocupa la antigua Casa del Rey, que fue residencia del gobernador de la Real Fábrica de Pólvora del Alcázar de San Juan desde el siglo XVI, y se conserva tal como está, con su patio de columnas, su bodega, su aljibe y sus mil vasijas al alcance de la mano, para que todo el mundo pueda ver y sentir cómo era la vida cotidiana en La Mancha en tiempos de Cervantes.
LOS GIGANTES DEL CERRO SAN ANTON
Y si es tan evidente que Cervantes no nació en el Alcázar de San Juan en 1558, sino en Alcalá de Henares (Madrid) en 1547, ¿por qué la población manchega se empeña en reivindicarlo como lugar de nacimiento del inmortal escritor? Pues porque también vivimos de ilusiones y, a veces, mejor que de realidades. Después de todo, el hijo más famoso del escritor, Don Quijote, es famoso por ver lo que nadie más en el mundo vio: castillos en lugar de posadas, princesas bajo la piel de aldeanos rústicos y gigantes en lugar de molinos de viento. Entre estos últimos, ya que hablamos, hay algunos en el Alcázar de San Juan. Rocinante, Dulcinée, Barcelona y Fierabrás. Estos son los nombres de los cuatro gigantes de largos brazos –“algunos miden casi dos leguas”, como dice asombrado Don Quijote– que dominan la ciudad desde el cerro de San Antón. El molino final mueve las palas en fechas determinadas para replicar un proceso de molienda tradicional y puede visitarse durante todo el año (viernes, sábados y domingos) para admirar su monstruosa maquinaria y el inmenso panorama del Campo de San Juan. Éste es enorme. Hay que tener cuidado con el coche, ya que la carretera es estrecha y por ella suben y bajan muchos ciclistas. Parece que no hay mejores senderos para entrenar en un radio de cien millas.
OBSERVACIÓN DE AVES EN EL COMPLEJO LAGUNA
No se trata de una alucinación quimérica, ni de un espejismo: se trata de tres estanques de 695 hectáreas que forman, al oeste de esta ciudad blanca de Ciudad Real, una reserva natural –el conjunto lagunar de Alcázar de San Juan–. repleto de pájaros en inviernoque éste, más que el Canal seco, se parece a un humedal cantábrico. Uno de ellos, el Laguna La Veguilla –el más cercano al centro urbano, a apenas un kilómetro– llama especialmente la atención, porque dispone de agua todo el año, incluso en el duro verano manchego. Para ello tiene un truco: en verano se llena con agua reciclada, procedente de la depuradora de Alcázar y Campo de Criptana. Y la vegetación de ribera también tiene algo: los tamariscos son Tamarix canariensis que se plantaron hace 40 años para restaurar este espacio -entonces muy degradado, porque durante mucho tiempo había servido como vertedero-, así como las alcaparras silvestres (Zygophyllum fabago), que absorben metales pesados. EL educadora ambiental Vicky García Navarro Todo esto lo cuenta a los visitantes mientras camina con ellos por la laguna y les ayuda a detectar las aves más curiosas –grullas, cercetas grises y la rara y amenazada malvasía cabeciblanca–, pero también a identificar libélulas, mariposas y especies endémicas como el Limonium carpetanicum, una planta salina que bordea estos estanques endorreicos. Esta es una caminata fácil de 3,5 kilómetros y dura una hora o un poco más.
TORTAS DE CHOCOLATE Y HELADO
Para calentarse –porque aquí los inviernos son fríos y secos, con heladas frecuentes– y recuperar las calorías quemadas durante la caminata, se puede acudir al Pastelería La Rosa (Emilio Castelar, 48 años), quien presume de tener 109 años y tener la Mejor chocolatero de España 2025, Jesús Quirós, quien fue elegido para defender el dulce orgullo nacional en el Maestros Mundiales del Chocolate de París 2026. El chocolate con el que ganó el campeonato nacional en marzo del año pasado concentra una gran cantidad de texturas y sabores en 13 gramos: crema caramelizada de chocolate rubí, compota de mango y maracuyá, canela, limón y naranja. Este dulce campeón se vende por un euro y tiene tanta demanda que hay que encargarlo con antelación. Si no lo has planificado con antelación y no te queda nada de masa, Quirós recomienda probar uno de sus hojaldres o una sencilla bamba de nata.
Otro dulce que tienes que probar, porque es el más típico de esta ciudad y se vende en todos lados -en bares, panaderías, supermercados y hasta en museos- es el pastel de alcázar, un bizcocho plano y redondo, esponjoso por dentro y crujiente por fuera -se recubre con una capa de azúcar glas- que preparan desde hace 176 años en el Taller familiar Las Canteras 1850 (Juan de Dios Raboso, 24 años). Las tartas del Alcázar no se acabarán, como los bombones de Jesús Quirós, ¡porque hacen 12.000 al día!
COMER EN COCHE Y DORMIR EN CASA DEL MÉDICO
El mejor restaurante de Alcázar de San Juan es Parada y Fonda (pyfonda.com). Su decoración recuerda a los antiguos vagones Talgo y a que en esta localidad manchega hay una importante estación, aunque no circulan trenes de alta velocidad. En la cocina visible, el chef carlos carpintero Hace callos especiados con miel y flan de leche para quitarse el sombrero o –para seguir con la evocación ferroviaria– su gorra de cartero. En La Rabiosa (@larabiosarestaurante) preparan platos imaginativos y los sirven en platos que dejan al comensal boquiabierto, nunca dicho mejor. El curry rojo del estofado de cordero, por ejemplo, se presenta en la cabeza hueca de un Don Quijote que, cuando huele el calor, fuma por las orejas. y en Las Cancelas (pizzerialascancelas.es) preparan pizzas muy ricas y pintorescas, como la Sonrisa de Don Quijote, con queso manchego y membrillo, o De mi tierra, con carne de cordero y pistachos.
Una buena opción para descansar es Hotel Intelier Airén (intelier.com), un moderno hotel de cuatro estrellas con vistas al Parque de Alces, el jardín más grande y mejor cuidado del Alcázar de San Juan. Y otra opción, la mejor, hotel comercio casa del doctor (casadelmedicohotelboutique.com), que ocupa la que fue casa de Magdaleno García Alcañiz y Negrillo (1856-1926), médico alcázaro famoso por sus diagnósticos precisos de un vistazo y porque lo primero que hacía al visitar a un enfermo era abrir las ventanas y ventilar. Así habría curado a Don Quijote: abriendo las ventanas para que sus quimeras volaran hacia el inmenso cielo azul del Campo de Montiel.
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