El único acusado del crimen del canónigo de Valencia, culpable de asesinato
El crimen del canónigo emérito de la Catedral de València, Alfonso López Benito, asesinado la noche del 21 de enero de 2024 en el piso de la calle Avellanas que el Arzobispado le había cedido, ya tiene responsable. Miguel Tomás V. N., el único acusado por este asesinato, estableció un plan junto a un acompañante, el autor material del crimen, que jamás fue identificado, con la intención de matar al sacerdote y hacerse con sus objetos de valor.
[–>[–>[–>Así lo ha declarado probado el jurado popular en su veredicto, que ha declarado al detenido culpable de los delitos de asesinato, robo con violencia y estafa por los que el fiscal solicita una pena global de 28 años de cárcel. Sin embargo, los miembros del tribunal popular consideran que Miguel Tomás no fue responsable de la muerte, sino que colaboró con otra persona, no identificada, con la que trazó el plan para asesinar al sacerdote.
[–> [–>[–>Según el veredicto, leido este martes en la sala de jurado de la Audiencia Provincial de Valencia, Miguel actuó de común acuerdo con esta persona, a la que el acusado identificó como Manuel, un temporero colombiano al que conocía de trabajar en el campo. Fue esta persona la que entró en el piso y asfixió a la víctima durante unos minutos hasta causarle la muerte, usando un mecanismo combinado de estrangulación y sofocación.
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El tribunal ve probado que el acompañante de Miguel fue quien robó las tarjetas y el móvil del cura, objetos que le entregó poco después de consumar el crimen. No obstante, ve probado que la participación del acusado fue clave, ya que fue este quien le indicó donde guardaba el sacerdote sus objetos de valor.
[–>[–>[–>El acusado reconoció que utilizó las tarjetas del cura para hacer compras y sacar dinero en efectivo de varios cajeros, y que consiguió el PIN haciendo varias llamadas a Cajamar suplantando la identidad de la víctima. Algunas de estas llamadas, que han resultado especialmente incriminatorias para el jurado, fueron reproducidas durante el juico. Miguel se repartió el dinero que retiró de los cajeros con su cómplice, según ve probado el jurado.
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Un caso complejo
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Era un caso complejo, pero el magistrado José Antonio Mora Alarcón, que ha presidido el tribunal popular que ha enjuiciado el crimen del canónigo emérito de la Catedral Valencia, Alfonso López Benito, a lo largo de seis días, lo ha hecho fácil: ha simplificado el trabajo de los nueve miembros del jurado que han decidido el destino del único acusado por este asesinato, Miguel Tomás V. N. El primer bloque de ocho preguntas era la tesis del fiscal, Antonio Gastaldi: el acusado no estranguló ni asfixió con sus manos al cura, pero sí estuvo delante y cooperó en la trama para robarle, propiciando que le abriera la puerta porque lo conocía y cogiendo las tarjetas del lugar donde sabía que las guardaba el sacerdote.
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[–>El segundo bloque, por contra, con el mismo número de cuestiones, asumía la versión del acusado y su defensa, ejercida por el penalista Jorge Carbó: Miguel Tomás nunca subió al piso, no presenció el crimen y no supo de la muerte de Alfonso hasta día y medio después; eso sí, se aprovechó de las tarjetas robadas por el autor material del crimen, con las que compró ropa y calzado, comió en bares baratos y se compró un móvil de 299 euros porque el suyo lo perdió la noche siguiente del crimen tras tomar unas copas.
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Sin presencia de familiares
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El cuerpo de López Benito fue hallado sin vida la mañana del 23 de enero de 2024, a las 10.45 horas, desnudo en su cama y cubierto por una sábana. Los informes forenses presentados en la cuarta sesión fueron determinantes y revelaron que el cura falleció por asfixia, y que su asesino usó un mecanismo combinado de estrangulación y sofocación que duró varios minutos.
[–>[–>[–>Una curiosidad muy poco habitual: pese a tratarse de un asesinato y de que el juicio ha durado una semana entera, no ha habido presencia de familiares de la víctima -ni de sus parientes directos ni de esa otra familia a la que perteneció por elección desde su juventud, la Iglesia- en ninguna de las seis sesiones. Ni siquiera del Arzobispado de València a cuyo órgano de Gobierno pertenecía desde 2015, cuando fue nombrado canónigo de asuntos jurídicos.
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