Un problema de todos
La Justicia desborda Llamaquique y toda Asturias mira incrédula a un problema de una naturaleza muy nuestra: un nudo gordo y trabado, que todo el mundo ve, para el que todos piden una solución, pero al que nadie pone remedio. Y así pasan los años, un parche aquí, otro allí y patadón p’alante. Que los juzgados vivan una situación insostenible no es algo que afecte solo a unos cuantos funcionarios, o a unos jueces muy serios y exigentes. Numerosos pensadores han elaborado sus teorías alrededor de que la justicia es el fundamento de la sociedad; sin la justicia, manda la fuerza y eso no es deseable.
[–>[–>[–>La Justicia llega a todas las capas. Más allá de la solemnidad de los togados, democratiza, nos iguala. Es mucho más que latinajos y artículos infinitos. Es la pensión alimenticia de un menor, el dinero recuperado tras una cláusula abusiva, una orden de protección o un trabajador indemnizado por un despido. Y quienes trabajan en todo eso –jueces, fiscales, abogados, procuradores, secretarios judiciales y muchos más– han de hacerlo en las mejores condiciones. La sociedad está en sus manos.
[–> [–>[–>La solución de llevar facultades al Cristo tiene buena música, pero mala letra; urge una idea imaginativa
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Pero esas condiciones no se dan en Oviedo. Se veía venir hace años, ahí está la hemeroteca, y ahora todo estalla. Juegan la partida tres instituciones con intereses cruzados y calendarios imposibles. Los juzgados no caben en el Palacio de Justicia, nació pequeño. La salida es hacia el Cristo, donde el antiguo hospital, y la operación es de billar a tres bandas. La Universidad dirá adiós a (casi todo) su campus de Llamaquique y ocupará, previa reforma, algunos de los viejos edificios sanitarios. Los juzgados podrán hacerse fuertes en el espacio liberado, donde ahora están ubicadas las instalaciones de la Facultad de Ciencias y Formación del Profesorado.
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Todo esto llevará un tiempo que la Justicia no tiene. Urgencias, por cierto, paradójicas, cuando el HUCA dejó el Cristo hace casi once años. De ahí la necesidad de soluciones transitorias. Los togados ya buscaron una: alquilar a Telefónica su edificio de Llamaquique. Pero ahí ya están apretados porque otra historia sería hablar de la dispersión de sedes, a la que ahora se le ponen paliativos.
[–>[–>[–>La Universidad, ensimismada en su subida hacia el Cristo, no quiere saber nada de mudanzas provisionales para hacer hueco a los juzgados. Hay muchos metros en la antigua Escuela de Minas, ahora en obras para dar cabida a la maquinaria administrativa de la institución: despachos, oficinas… Pero nadie se plantea albergar allí a los estudiantes temporalmente para dejar sitio en Llamaquique a la justicia.
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Cada institución trata de sobrevivir. La judicatura busca espacio y la Universidad se protege evitando incomodidades a los suyos. Alumnos, profesores y trabajadores merecen también buenas condiciones. La pelota salta al lado de la pista del Principado. Por primera vez y levemente ha empujado a la Universidad a moverse, pero no se da por aludida. La solución del Cristo tiene buena música, pero mala letra. Mucha tela que cortar ahí arriba y mucha prisa más abajo. Urge una idea imaginativa, rompedora. Ahora le dicen pensar fuera de la caja.
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